A medida que el tiempo avanza, Guatemala se ha ido convirtiendo en la banderola de muchos pretextos políticos y en recipiente de un cúmulo de males crecidos abruptamente, donde el caos y las situaciones bizarras, han hecho de ella, un buen ejemplo del temor que sobreviene para poder crecer con el bienestar justo y adecuado.
Y por supuesto, hablar del transporte público en nuestro país, es la calamidad que se tiene que sufrir cada día y en cada lugar, empezando por el abuso y mala educación de los conductores, que desbordan todo tipo de maledicencias que se sitúan como parte de un terrible problema, que van sin un asomo de respeto por las personas que transportan. Ya hemos visto casos hasta la saciedad de los grandes desastres que provocan y muchos de ellos, todavía se dan el lujo de irse fugados, como si solamente de ellos se tratara.
Actitudes de irrespeto, malas carreteras, calles y avenidas que a la fuerza se han insertado en las pequeñas ciudades que nacieron sin visión, para llevar el paso de un progreso sumamente urgente y necesario, son ahora los poblados rotos, que se han hecho parte del crecimiento de una ciudad desordenada y que tiene que soportar el bullicio de un pueblo que antes era una barriada. Sin embargo se ha tenido que soportar también el encasquetamiento de un sistema de transporte público como el Transmetro, que en su poco recorrido de veinte minutos, transporta a las multitudes, pero sin darse cuenta del sacrificio hecho de quitarle espacio a las avenidas y bulevares y tiempo a los conductores que viven el día a día, como un cuesta arriba de un sistema que ha trastornado el paisaje y las necesidades no resueltas de un pueblo realmente sufrido.
Todo esto señores, es el vivo ejemplo de que estamos entrampados en un marco referencial de hacer de nuestras ciudades una replica de otros modelos culturales que no se sintonizan con nuestro rol de guatemaltecos y que aparte de trasculturizarnos, no nos brinda otra opción que sentirnos parte del desastre caótico que nosotros mismos provocamos, por la falta de políticas de desarrollo social y sostenible basado en un plan de gobierno completamente inexistente. Paciencia.