Una transferencia de 82 millones de Quetzales, a una entidad financiera de servicio supuestamente profesional, pero muy anuente a realizar cualquier tipo de transacciones y llevar sus operaciones al exterior, fue el motivo real y el excelente pretexto para que Eduardo Meyer, Presidente del Congreso de la República, fuera invitado a solicitar primeramente un permiso, del cual se espera presente su renuncia y luego que pueda sufrir un proceso legal y con esto, se evidencie el nivel de corrupción que existe en cualquier parte del aparato estatal que a la postre ha venido empobreciendo cruelmente a toda una nación por muchas generaciones.
Una terrible realidad, que para lamento de todos no es la primera ni la única, ni tampoco será la última, ya que éste robo politicamente histórico, no tiene ninguna cabida en la aceptación de ninguna conciencia ciudadana que persigue vencer las necesidades que traen cada uno de los días.
Para colmo, todas las otras representaciones políticas, parecían como las más ofendidas, no sencillamente por el hecho en si, sino por que no las habían tomado en cuenta, como en otras oportunidades y en otros periodos legislativos, ya que con esto, se destapó la fórmula y la realidad de cómo se llevaba a cabo este tipo de transacciones dentro de la ilegalidad, para crear más fortunas mezquinas y corruptas y lo que es peor, todavía quieren salir en la forma digna y de ser unas victimas totalmente inocentes, donde sus principios fueron ultrajados por su ingenuidad y su buen corazón, declarando haber sido engañados en la forma más aberrada y estupida que nos les queda otra cosa que ausentarse y más aún, presentar su renuncia, pues no soportan más las sucias jugaretas que tienen que sufrir, tras un suicidio político, dentro de un borrón para la historia, donde ésta tendrá que callarse o esencialmente olvidar a este tipo de personas que durante muchos años, ya se sabían un discurso de cómo extraer sangre de un pueblo sobreviviente y aún con muchas necesidades.
Es necesario entonces, que nos encontremos con nuestros verdaderos valores, donde la sinceridad y honradez, casi las tenían en el olvido.