Mejorar hasta donde sea posible la calidad de vida del paciente y minimizar su sufrimiento físico, moral y espiritual, es el propósito principal de los “cuidados paliativos”, que las personas enfermas de cáncer reciben junto a sus familiares en el Instituto Nacional de Cancerología (Incan).
“Sabemos que tratamos con personas, no con enfermedades”, expresa Alejandra Conlledo, psicóloga clínica y forense de la Unidad de Cuidados Paliativos del Incan. En compañía de otra sicóloga y un anestesiólogo, todos con batas blancas, la profesional se aprestaba a recibir a parientes de varios de los enfermos para informarles del diagnóstico y el pronóstico de su familiar.
No les ofrecemos solución, pero sí ayuda en el proceso, porque hasta la fecha no existe cura para el cáncer, dijeron los médicos a los acongojados visitantes.
Insistieron en la importancia de administrarles puntualmente y en dosis apropiadas los medicamentos recetados. Para ello entregaron a los asistentes unas guías específicas de control, cuyo seguimiento queda a cargo del “cuidador principal” (persona encargada de cuidar directamente al enfermo).
Con este nuevo sistema de comunicación entre especialistas, sicólogos, familiares y el propio enfermo, se desarrolla destreza en cuanto al cuidado en la medicación, efectos secundarios de los fármacos, tratamientos y cambios de posición (en el caso que el paciente permanezca postrado, para evitar el surgimiento de llagas infecciosas y contagiosas).
El patólogo Walter Guerra, director del Incan, declaró durante el I Encuentro de Cuidados Paliativos que, esa unidad de la institución fue creada hace dos años y medio con el apoyo de la doctora Eva Duarte.
Recordó que la clínica atendía al principio solo pacientes terminales, pero ahora se ocupa también de personas referidas de otros hospitales, cuando la enfermedad no ha causado efectos severos y se manifiesta principalmente por dolores crónicos.
Pacientes en abandono
Sergio Morales, procurador de los Derechos Humanos, expresó en el mismo encuentro, que un gran porcentaje de pacientes terminales sufren abandono, no únicamente institucional o del Estado, sino también por sus parientes.
Subrayó que el alto costo de las medicinas impide a muchas familias brindar a sus enfermos una terapia que les permita subsistir dignamente y sin tanto dolor.
Otra entidad
La Unidad Nacional de Oncología Pediátrica (UNOP), localizada en el complejo del hospital Roosevelt, surgió de una iniciativa del Ministerio de Salud Pública y la Fundación “Ayúdame a Vivir”, con la misión de tratar el cáncer en niños.
Testimonios
“Agradezco a la Unidad de Cuidados Paliativos por haberme orientado para que mi papá no sufriera mucho dolor. Dios me dio el privilegio de atenderlo en todos sus gustos, los últimos meses de su vida. Lo llevé a pasear al lago de Amatitlán con toda la familia, y un día antes de su muerte le cociné iguana en salsa, su platillo favorito, y cumplí con su deseo de enterrarlo en su natal San Marcos”.
Vilma Fuentes,
hija de Emiliano Fuentes, fallecido a los 66 años por cáncer en el hígado.
Vengo a donar estos medicamentos, aquí, a la Unidad de Cuidados Paliativos.
Esta medicina la usaba mi mamá, ahora que acaba de morir decidí traerlos, para algún paciente que no tenga dinero para comprarlos. Además, estoy recibiendo terapia, porque aquí nos dan una preparación previa, pero también nos dan apoyo en nuestro proceso de duelo”.
Manuel Salazar,
hijo de Catalina Mendoza de Salazar, fallecida a los 61 años por cáncer en el hígado.