Ocho de cada 10 casos de abuso sexual son cometidos por familiares.

Si de la noche a la mañana su hijo no le permite que lo abrace o acaricie, o si manifiesta una actitud defensiva y muestra rechazo, preste atención, ya que estas son algunas de las características de una persona que ha sido víctima de abuso sexual.
Al igual que estas reacciones, dejar de comer, padecer de insomnio, depresión, ansiedad y el constante silencio son signos claros del estrés postraumático que padecen las personas que han sido agredidas, quienes en su mayoría prefieren callar y no piden ayuda por vergüenza o temor.
Si estas características son similares a las que ha observado, su caso no es el único, pues las estadísticas revelan que Guatemala se encuentra entre los países con los más altos índices de abusos sexuales en la región latinoamericana.
Por ello, lo que debe hacer en una situación como esta es no molestarse con la víctima, sino ganarse su confianza, infundirle seguridad, mostrarle respeto y no tratar de tener contacto físico para que le cuente lo que le pasa. Y al momento de confirmar que dicho suceso ha ocurrido debe buscar ayuda para empezar la recuperación.
La coordinadora del Programa Nacional de Salud Mental, Magdalena Cocoj, señala que, al conseguir asistencia psicológica y física antes de 72 horas, el trauma puede ser menos severo porque, mientras la persona no sea tratada, como mecanismo de defensa bloquea lo ocurrido y cae en una negación psicológica que hace que la recuperación sea más lenta.
¿Cómo encontrar ayuda?
De cada 10 personas, 8 han sido violentadas sexualmente por familiares y amigos muy cercanos a la familia, por lo que Ludwig Ovalle, ministro de Salud, afirma que es importante, además de recibir ayuda clínica, tener asistencia psicológica, emocional y legal. Con ese objetivo se ha creado un manual de protocolo para atención de las víctimas.
“El proceso no debe terminarse con curar las lesiones físicas, sino hacer justicia, para que estos crímenes no queden en la impunidad”, asegura Ovalle.
Muchas veces, los doctores no están capacitados para atender a dichos pacientes. Según el funcionario, los centros de salud y hospitales varias veces han registrado dichos abusos con otro diagnóstico.
Un ejemplo de ello es el hospital de Puerto Barrios, donde al realizar un monitoreo se observó que durante seis años solo fueron registrados ocho casos, mientras que en este año, después de capacitar al personal, se han contabilizado más de 72.
Según Gilda Morales, directora de la Coordinadora Nacional para la Prevención de la Violencia Intrafamiliar y contra la Mujer (Conaprevi), el protocolo fue realizado con el fin de proporcionar a la víctima ayuda integral sin que esta se sienta revictimizada y proporcionar asistencia médica para evitar enfermedades de transmisión sexual, así como embarazos impuestos, por medio de la píldora del día después.
Los departamentos con mayores registros de abuso sexual son Huehuetenango, Quiche, Escuintla y la capital, esto se debe a que en ellos hay grandes números de migrantes, redes de trata de personas, explotación y narcotráfico que trabajan paralelamente con las de abuso sexual.
¿Qué es la píldora del día después ?
El comprimido no es un método anticonceptivo, sino un medicamento diseñado como una alternativa al momento de presentarse una emergencia (abuso sexual). Está compuesto por diversas hormonas que alteran el ciclo reproductor femenino. El efecto de la píldora impide que, al producirse un embarazo, este no concluya. La píldora del día después inhibe la ovulación y evita la fertilización. Para que esta sea efectiva debe tomarse entre las 24 ó 72 horas posteriores al abuso.
Fuente: dca.gob.gt