Durante su estadía en el país, la doctora colombiana compartió impresiones con los dirigentes de Mi Familia Progresa y acompañó la entrega de transferencias condicionadas en San Andrés Sajcabajá, Quiché.
A su criterio, ¿cuál es el reto del programa Mi Familia Progresa?
Garantizar un pago eficiente y transparente de las transferencias, que solamente se logrará con la perfección del instrumento de focalización, en busca del seguimiento a las familias beneficiadas y su cumplimiento a los compromisos. Que las familias sepan que este dinero que reciben es para complementar los gastos en el ámbito familiar. Ese es el gran reto: garantizar que la familia invierta bien los recursos.
¿A qué recursos se refiere?
A las transferencias condicionadas, que son una entrega de dinero en efectivo a las madres para que los niños estudien. Hoy, en 80 países del mundo se tiene este programa. Lo tienen Indonesia y Filipinas, que son países muy poblados; y México, con 12 millones de familias. México es el padre de las transferencias. Esto es un trabajo que se debe articular con otras acciones a las que tienen derecho las familias pobres. Hay que hacer que las niñas de Guatemala vayan a la escuela, porque van más los niños. Hay que vacunarlos… En fin, hay mucho que hacer.
¿Cómo calificaría el funcionamiento de Mi Familia Progresa?
Creo que el programa ha avanzado mucho. Tiene más de 400,000 familias y creo que eso es lo que los ha motivado a continuar trabajando. La evaluación ha sido buena y hay que tomar testimonio de los beneficiados para fortalecer el impacto que puede tener. Esto es medible después de 6 ó 7 entregas. Por lo general, los estudios han demostrado que las transferencias tienen un impacto positivo sobre los beneficiados. Ese dinero tiene el objetivo de fortalecer el capital humano en salud y educación.
¿Cuál es el obstáculo más grande que debe salvar este tipo de programas?
El estigma es la entrega de dinero en efectivo. Siempre hay muchas conjeturas, muchos comentarios y protestas, pero ¿no vale la pena invertir en el capital humano, que representa el futuro? Otro de los grandes obstáculos es garantizar la entrega transparente de los recursos.
Que los sistemas de información sean claros y se cumpla con pagarle a la familia sin que ellos sientan que deben algo es una responsabilidad del Estado, pero ellos también tienen responsabilidades con el cumplimiento de los acuerdos.
¿Hay vulnerabilidad en Mi Familia Progresa?
Hay que blindar el programa. Que nadie le meta la mano, la uña o el pie. Eso quiere decir que, si lo protegemos, ningún actor puede venir a utilizar el programa para su propio beneficio. A la gente hay que ayudarla no solo con el subsidio, sino con otras posibilidades en programas y proyectos destinados a fortalecer la autonomía económica que los capacite para generar sus propios recursos.
¿Necesita la versión guatemalteca algún cambio
Creo que está bien diseñado y ha tenido acompañamiento. Me parece que se tiene que mirar al futuro, más en cuanto a la educación de las niñas, ya que son ellas las que menos tienen acceso a la escuela. Se debe fortalecer la conformación de una base de datos que permita identificar a las familias beneficiadas. Creo que están en la disposición de hacerlo.
¿Cuál es la clave del éxito de estos programas?
Si hay un equipo comprometido, no se va a fallar. Creo en la continuidad y la estabilidad de quienes los manejan. Lo más importante es que estos programas se conviertan en políticas de Estado para que tengan continuidad, y esa legitimidad se construye entregando esos recursos con transparencia. Un corte abrupto en los programas trae consecuencias graves, y más ahora en esta crisis económica. El programa tiene que estar en continuo mejoramiento para la entrega de los recursos.
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Fuente: dca.gob.gt