Una agrupación multisectorial estima que los responsables devengan más de Q5 mil por día.
Un niño, con su cara sucia y ropa rota, se asoma a la ventanilla del vehículo y ofrece limpiar el vidrio, a cambio de una moneda, en la esquina de la 14 avenida y cuarta calle de la zona 3, una de las arterias más transitadas de la ciudad.
La compasión de los automovilistas deja a los niños un promedio de Q300.00 por día, en una jornada laboral que empieza a las 8:00 horas y concluye a las 16:00, según el conteo efectuado por la Red de Apoyo Infantil y por el propio testimonio de los infantes quienes son explotados.
De esos Q300.00 recaudados mientras esquiva vehículos y pone en riesgo su integridad personal, uno de esos menores apenas devengará Q10.00. Unos Q25.00 se entregan a la madre o al padre y el resto permanece en manos de los integrantes de una red de explotación laboral que opera desde el municipio de Nahualá, en Sololá.
El pan de cada día,
pese a las inclemencias del sol, el aire, el frío y el humo negro que expelen los vehículos, los menores únicamente reciben como almuerzo un refresco en bolsa de 75 centavos, una fritura del mismo valor y galletas. En el mejor de los casos, estará acompañado de un banano.
Las raciones son entregadas por los explotadores que vigilan los movimientos de los jóvenes a una distancia prudente, en la misma esquina de la cuarta calle de la zona 3.
Todos los días a las 07:00 horas, hombres que conducen vehículos tipo picop, de modelo reciente, reparten a lo largo de la cuarta calle de la zona 3, a un promedio de 30 niños, para que pidan dinero, vendan dulces o limpien vidrios.
La red de explotación laboral encontró un paraíso en la ciudad de Quetzaltenango, donde las autoridades no han logrado controlar el flagelo. La Red de Apoyo Infantil, una agrupación multisectorial, estima que dicha explotación deja a sus organizadores más de Q5 mil en ingresos netos por día.
Menores sin respaldo
Luis Fernando Monterroso Bolaños, recién nombrado delegado auxiliar de la Procuraduría de General de la Nación , PGN, en Quetzaltenango, dijo desconocer la forma en que opera la red de explotación laboral infantil.
El funcionario aseguró que constantemente su organización hace operativos en los que recogen a los niños en este tipo de actividades, los devuelven a sus padres y dan seguimiento a cada caso para evitar que continúen los abusos.
Sin embargo, agregó, cada vez que se hace un operativo, el fenómeno de menores trabajando en estas condiciones se incrementa en lugar de disminuir.
Mientras realizan sus labores, los niños y niñas son vigilados de cerca por hombres que portan machetes. Según el testimonio de uno de los niños, los organizadores de la red los piden "prestados" para llevárselos a trabajar, con la promesa de que los padres recibirán Q20.00 o Q25.00 por día.
Combate a la explotación
La Red de Apoyo Infantil, está integrada por diez entidades locales, incluyendo al Juzgado de la Niñez y Adolescencia, al Consejo Infantil Municipal, al Centro Ecuménico para la Integración Pastoral , (CEIPA), la Policía Nacional Civil y la Gobernación Departamental , entre otras. Se organizó para tratar temas relacionados con los menores.
El estudio, elaborado a pedido de la red, refleja lo que ocurre en las calles de la ciudad.
Revela que los niños están expuestos a padecer problemas respiratorios por los cambios bruscos de temperatura y la contaminación. También de enfermedades gastrointestinales, desnutrición y afecciones de la piel.
Hasta México
Investigadores de la Procuraduría General de la República , (PGR), de México, dieron la voz de alerta, al advertir la existencia de estos grupos de explotadores radicados en Nahualá. El hecho ocurrió cuando pretendían ingresar a un grupo de niños originarios de Quetzaltenango, en ruta a San Cristóbal de Las Casas, en Chiapas. La finalidad, repetir la explotación laboral en las calles.
Por ello, las autoridades mexicanas procesan judicialmente a Manuel Ixmatá Quemé, Elia Oxchac Tziquim y Manuela Oxchac, acusados del delito de explotación laboral infantil.
El auxiliar del Procurador de los Derechos Humanos en Quetzaltenango, Luis López Batzín, dijo que hay dos clases de trabajo infantil. El primero, es el que por tradición se les enseña a los niños la responsabilidad de una actividad laboral. "Es una costumbre arraigada en la población maya kiché", explica.
La segunda, es la explotación laboral, en la que, en la mayoría de ocasiones, se ven involucrados los padres de familia", agregó López Batzín. En este tipo de casos, su oficina carece de denuncias concretas, aseguró, aunque reconoció que el problema es evidente en las calles de Quetzaltenango.
Fuente: dca.gob.gt