Por: Corella, Filipinas
El tarsero filipino, uno de los primates más pequeños del mundo, sufre tal estrés cuando vive enjaulado que a menudo termina golpeándose la cabeza contra los barrotes o sumergiéndola en el agua para quitarse la vida.
Tal es el ansia de libertad de este peculiar animal, de solo 16 centímetros de altura y enormes ojos marrones similares a los de un búho y los más grandes en proporción a su cuerpo de cualquier mamífero.
El tarsero es una de las mayores atracciones turísticas de Filipinas por su aspecto amable, lo que no le ha beneficiado, pues durante años ha sido exportado ilegalmente para intentar convertirlo en mascota, una tarea casi imposible.
“No pueden sobrevivir demasiado tiempo enjaulados, les provoca estrés. Después de algunos meses se golpean la cabeza y si tienen cerca un recipiente con agua se ahogan a sí mismos. Lo he visto varias veces”, indica Carlito Pizarras, responsable del cuidado de los primates en la Fundación del Tarsero en la isla de Bohol.
Según algunos estudios científicos, el animal entre rejas cuelga su cabeza de la pared hasta provocarse la muerte o incluso llega a deprimirse tanto que fallece de un trauma psicológico.
En caso de sobrevivir lejos de su hábitat, estos insectívoros que salen de caza por la noche y duermen durante el día en las ramas de los árboles viven apenas 12 años, la mitad que en libertad.
Los cerca de 100 tarseros del santuario de Bohol disponen de un bosque cercado de ocho hectáreas en el que viven en semilibertad y donde los turistas pueden observarlos acompañados de un guía, pero tienen prohibido tocarlos.
Esta restricción anima a muchos a visitar otros establecimientos menos rigurosos, y en teoría ilegales, donde los primates viven en un espacio reducido y los turistas se pueden fotografiar con ellos en la mano.
Fuente: dca.gob.gt