Era un camino de piedras que se dejaban besar por las olas casi muertas.
Lo caminaba tomando tu mano, eso daba seguridad a lo inseguro.
Mientras te despojabas de tus vestimentas de mis miedos deseaba esconderme.
Ya no había piedras de obstáculos lo que la mente construía, esos si eran obstáculos.
Testigos tendríamos la inmensidad de un mar con los ires y venires de su sabana salada; adjunto un cielo acompañado de un sol que ante el calor de vuestros cuerpos debía reconocer que era sólo hielo; Nos besamos como si fuera la primera vez y tan inolvidable como la última vez que sería.
Esta vez tu voz era tu respiración, tu guitarra era el tocar de la olas en la orilla; si eso era cantar en ese instante realmente ese día también canté esa canción.
Tus labios succionaban a los míos como si desearas tomarme en un sorbo,
tus manos no necesitaban permiso a mis palabras que te decían que no
para tocar lugares de explosión.
Lo que nuestros cuerpos hacían, era la realización de lo que antes ya había hecho la mente.
Ya no había marcha atrás o sucedía o simplemente ocurría…
era un hecho, te adentraste en el lecho de mí intimidad
y yo te tomaba para que te hundieras en un mar
de lava ardiente que brotaba del volcán de mi ser.
Fue mi cuerpo abrazado al tuyo quien murió con un deseo
para nacer al mismo tiempo pero esta vez en una cuna bañada
de los más maravillosos sentimientos. Si sólo deseo fue tu sentimiento fue lógico, después tu remordimiento. Fue lógico que la primera fuera la última vez… y que esa vez perdurara para siempre.
Fuente: encontrartupareja.com