Conociendo el campo uno por primera vez
Hoy salimos a las 4 de la madrugada para atravesar la tenebrosa Cascada de Hielo, un laberinto de nieve y blocks de hielo que está en constante movimiento.
Al principio todo me parece muy emocionante. Dejando de pensar en el peligro del terreno, se queda todo como un campo de juegos.
Allí hay varias pruebas que deben de ser superadas. Hay subidas y bajadas, varias cuerdas fijas, pequeñas lagunas de agua de glaciar y escaleras. Parece un poco el juego Serpientes y Escaleras.
En la oscuridad, las respiraciones parecen más intensas y también la interiorización de todo lo que me rodea. El sol empieza a aparecer y adorna tan solo la cumbre de Pumori, una montaña en forma piramidal muy bella en frente de la Cascada de Hielo.
Llegamos a la sección que se llama Poporopo en donde nuestros pasos deben de ser constantes por la inestabilidad de los blocks gigantes de hielo. Estamos a una altitud de 5,700 metros y caminar más rápido sin parar hace que mi respiración sea más intensa.
Aún tengo tos, la famosa tos del Khumbu, causada por el aire seco y frío que hay siempre aquí. Cada vez que paro comienzo a toser fuertemente y del mismo modo Damian y Shawn lo que hace parecer que estamos presentando un concierto de toses de diferentes tonos.
Al amanecer, paramos para comer y beber algo pero no logramos quedarnos cinco minutos pues el frío se hace más intenso en ese horario. Seguimos en ritmo constante hasta llegar a "Los Campos de Futbol".
La característica de ese terreno es que el hielo está sostenido por muy poca área. Hay mucho aire por debajo por lo que no es difícil que las secciones se desplomen en cualquier momento. Las escaleras en esa sección son más largas y yo aún no me siento confiada al atravesar. Lo hago lentamente y con precaución. Sé que la forma correcta de hacerlo es colocar mis brazos hacia atrás en las cuerdas e inclinar mi cuerpo al frente. Al mismo tiempo cazar las divisiones de las escaleras entre las puntas de mis crampones.
Me parece mas fácil entender en concepto que aplicarlo pues siento que no tengo mucha estabilidad al pasar, sobre todo porque mis crampones tienen pequeñas protuberancias en las puntas frontales y al hacer cada paso me demora un par de segundos cazarlos bien en las escaleras. Cuando las escaleras son muy largas, le pido a Shawn que tensione las cuerdas y con eso mi pasaje se vuelva mucho más rápido y estable.
Esa sección termina con tres escaleras unidas paralela a una larga pared vertical de unos 30 metros. Al subir, los pies logran pasar solo unos pocos centímetros a través de la escalera porque está pegada a la pared de hielo. Eso unido al movimiento de mi mano para deslizar mi ascensor por la cuerda al lado me da mucha inseguridad.
La escalera me parece interminable y debo controlar mi respiración y mis nervios al mismo tiempo. Al terminar esa sección tengo la sensación de haber llegado a una cumbre. Tengo por seguro que fue una de esas cumbres internas que se deben superar en momentos emocionales intensos.
Desde allí, hay que caminar en zigzag por un terreno que parece dunas de arena blanca hasta llegar al Campo 1. Al llegar me siento muy feliz. Por un lado pasé por primera vez la Cascada de Hielo, que es en mi imaginación la sección las peligrosa y escalofriante de toda la montaña y por el otro lado esto es lo mas cercano que he estado de mi objetivo.
El Campo Uno se encuentra a 6,100 metros, el día está despejado y desde aquí puedo contemplar lo que me espera en mis futuros ciclos de aclimatación: El Campo Dos y Tres, la agotadora y larga pared de Lhotse y el Collado Sud, en donde se posicionará como un nido de cóndores el Campo 4, desde donde partiré hacia la cumbre.
Regreso al campo base y actividades sociales extra
Al medio día la Cascada de Hielo es aún más inestable. Para mi tensión, supimos que una sección de los Campos de Futbol se hundió unos 20 metros y ahora se abrió una nueva ruta para pasar.
Al andar por allí veo pedazos de hielo quebrado alrededor como si una bomba hubiera explotado en el lugar. Por momentos siento que estoy jugando con mi suerte o mi destino pero intento pensar positivo y sentirme protegida espiritualmente. Después de un lento descenso de cinco horas, una menos respecto a la subida, llego exhausta y muy contenta al Campo Base.
Ahora éste campo es como llegar a mi casa. Después de una deliciosa ducha de agua caliente y un abundante almuerzo, me preparo para ir a una muestra de fotografías por David Breshears. él es un montañista veterano, director de películas como Everest IMAX y fotógrafo.
La muestra trata de una comparación de los glaciares de los Himalayas en los años 20 hasta la actualidad. La cantidad de hielo que disminuyó entre los años 20 a los 50 en altitudes abajo de los 6,000 metros es impresionante. En un modo un poco más lento, los humanos hemos visto los glaciares retroceder año por año y con eso surge una nueva pregunta:
¿Cuánto tiempo más las comunidades que habitan los Himalayas tendrán acceso al agua de los glaciares para vivir?
Al terminar mi intenso día, me retiro a mi carpa para un profundo sueño reparador. Los próximos tres días serán de descanso y preparación para volver a subir al Campo Uno y Dos en donde nos quedaremos por tres noches.