15 Feb, 2011 - 15:51:14
Símbolo y metáfora de su querido Brasil –aunque nació en Portugal–, la efervescente Carmen Miranda (1909-1955), la chica exótica y sonriente de la samba bahiana, fue la reina del escapismo en los sombríos años de la II Guerra Mundial.
Pero así como fue idolatrada, la mujer de los plátanos sobre la cabeza, vivió también las tribulaciones del fracaso personal. Con la historia de quien fuera la artista mejor pagada de Hollywood en su minuto, iniciamos la serie de verano “Mujeres que hicieron historia”.
Para 1948, Carmen Miranda llevaba casi una década en Estados Unidos. En ese período, había llegado a convertirse en la mujer mejor pagada del país, gracias a sus incursiones en la radio, el cine y el disco, además de sus celebradas presentaciones en teatros y clubes. “La embajadora de la samba” tenía, con sus 39 años y recién casada, multitud de razones para estar dichosa. Pero esas razones eran casi las mismas que le producían una profunda inquietud.
Es cierto, era una celebridad. Había estampado sus manos en el cemento del Teatro Chino de Hollywood y para todo el mundo era “The Brazilian Bombshell” (La bomba brasileña).
Pero estaba también consciente del precio que tuvo que pagar: ser la latina colorinche, exótica, sonriente y abarrocada, que pese a haber dominado el inglés debía seguir hablándolo con un pesado acento carioca para despertar la sonrisa del estadounidense promedio. Que pese a su sensibilidad artística y a su interés por ampliar los horizontes profesionales, estaba atrapada en el cliché que la hizo triunfar.
Y así fue como, a mediados del año señalado, usó una actuación en Las Vegas para morder en público su rabia. Ataviada con un traje fucsia lleno de mostacillas resplandecientes, que destacaba sobre un fondo rojo y negro, pidió a sus músicos que dejaran de tocar, para sorpresa de una audiencia que hasta el minuto disfrutaba con temas como “Mamá yo quiero” y “Tico tico no fubá”.
Tras cavilar un par de segundos, e indicando el colorido sombrero que la coronaba, exclamó: “¡Ah, ustedes no saben que me gano la vida gracias a todos estos plátanos! Sííí, pues… Es lo único que he hecho toda mi vida… ¡Mi negocio son los plátanos!” (Bananas is my business es, de hecho, el nombre de un documental sobre su vida, estrenado en 1995).
La gente reía. Y ella empezó a arrojarles sus pulseras y otros accesorios. Pasó poco rato, Carmen volvió a interrumpir la música e hizo lo impensable: se despojó bruscamente del turbante que cubría su cabeza y descubrió una cabellera teñida rubia, para callarles, según dijo, a los que decían que trataba de ocultar una calvicie. Tras los gritos de sorpresa del respetable cantó el último tema y se fue a su camerino.
Descrito en Las Noches de Carmen Miranda -de la escritora chilena Lucía Guerra-, el episodio grafica las luces y sombras de un personaje cuya complejidad aparece barrida de un plumazo por el ícono que hizo de sí misma, disperso a través del mundo gracias al éxito de la samba y a la omnipresencia de Hollywood.
Fuente: mujer.com
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