Mucha gente en lo que atañe a lo económico se siente liberal, y considera tímidamente que no hay diferencia entre esa opción y la más actual de neo-liberal.
Sin embargo, son pocos los que atreven a autodenominarse neo-liberales. Es que, las personas, aunque no puedan distinguir claramente una cosa de la otra, lo mismo suelen asumir afectiva o identificatoriamente una posición que las represente en su sentir, es entonces por esta vía por la que procuraremos comprender, como existiendo en las democracias capitalistas un alto porcentaje de individuos liberales, sean casi in-existentes los que se sienten neo-liberales.
Tal como estamos viendo, la gente sospecha que no es para nada igual ser liberal que neo-liberal, y que los neo-liberales no son simplemente los nuevos liberales a los que el prefijo neo hace alusión. Seguramente gran parte de los votos por el No a la constitución europea, en las recientes elecciones de Francia y Holanda pertenecen a ciudadanos liberales que le dicen No al libertinaje neo-liberal globalizado afín con las multinacionales que lo digitan y con el poderoso sector de la clase política internacional que las representa.
Creer que los dos términos son equivalentes, es como creerle al lobo de la fábula de Caperucita roja cuando se le presentó con el disfraz de su abuelita. Felizmente el disfraz de liberales de los neo-liberales se les está fragmentado y se comienzan a ver sus verdaderas intenciones, solo resta ver si la gente podrá terminar de desenmascararlos o triunfará alguna nueva treta que seguramente estarán pergeñando, hasta que posiblemente una crisis planetaria diga basta.
Como psicólogo se del tremendo potencial del espíritu humano y espero que la instauración de los límites que el capitalismo neo-liberal necesita, provenga de los ciudadanos, y de ese modo podamos recuperar la Política con mayúscula y ejercer nuestro poder soberano, aunque a los poderosos de turno no les guste, para que podamos avanzar con las asignaturas pendientes del neo-liberalismo, entre ellas: la calamitosa inequidad en la distribución de la riqueza, la formidable contaminación y depredación de los recursos naturales sumadas a las graves alteraciones ecológicas conocidas, y paliar el malestar producido debido a los estragos hechos en la subjetividad de la época.
No tenemos por que revalidar el salvajismo de la jungla, que resulta de la implementación del discurso neo-liberal con su utópico mercado puro y perfecto, y su productividad absoluta.
Si las democracias capitalistas se tildan de tales, deben permitir aflorar los genuinos deseos individuales y no vedarlos, taponarlos o alienarlos sutilmente en el deseo del sistema económico.

Gracias a la colaboración de:
Jorge Ballario
Psicólogo.
jballario@coyspu.com.ar