26 Oct, 2011 - 16:26:04
Por: Ileana Alamilla
Es común escuchar comentarios sobre la actual coyuntura. La pregunta recurrente es ¿cómo llegamos hasta este punto en donde el escenario político nos presenta una disyuntiva entre dos opciones que no ofrecen una propuesta para el cambio profundo que la realidad requiere? Algunos han optado por abstenerse de ir a las urnas. No quieren ser parte de la debacle y “prefieren ser leales a sus principios y convicciones”.
Muchos de quienes se consideran de izquierda, se han sumado al contingente del señor Baldizón, por diversas razones.
Algunos porque se quedaron sin candidata, otros porque se oponen a un aspirante militar y hay quienes dicen que es el menos malo. O bien porque encuentran en el dueño del partido Líder una posibilidad para negociaciones, puestos o contrataciones.
Otras(os) prefieren al general Pérez, pensando en la seguridad o porque le da certeza sus propuestas.
Cada persona justifica sus decisiones y eso debe ser respetado. Después del 6 veremos con un poco de claridad el rumbo que anunciará el triunfador. Sus compromisos e intereses partidarios, personales, de grupos y de grillas le marcarán los límites a sus intenciones, independientemente de que éstas sean buenas, nefastas o viables, pero en última instancia será la población y el país los beneficiados o perjudicados.
Venimos de una historia trágica, salvo los 10 años democráticos cuya conmemoración acabamos de celebrar. Dictaduras civiles y militares, democracias tuteladas e incompletas, asesinatos y secuestros selectivos y masivos, detenciones/desapariciones, genocidio, golpes de Estado, autogolpes, casos insólitos —
un expresidente preso acusado de corrupto y un expresidente del Congreso señalado de genocida—, crímenes paradigmáticos como el de monseñor Gerardi, Myrna Mack, femicidios pavorosos, vejámenes aterradores en contra de las personas, sufrimientos espeluznantes en numerosos hogares, corrupción, criminalidad organizada y narcoactividad.
Este recuento somero es suficiente para esforzarnos sin límite para cambiar el curso. Todas y todos hemos sido parte del problema; no hicimos lo necesario para conquistar una vida digna para todos.
Seguimos fraccionados(as) como sociedad, en guetos, en luchas intestinas entre quienes supuestamente perseguimos los mismos fines, disputándonos protagonismos, apropiándonos de reivindicaciones, logros y demandas colectivas, etiquetando a los demás, adueñándonos de los espacios, con lo cual hemos contribuido a esta debacle.
La conflictividad social debería ser una oportunidad para resolver tanta demanda históricamente relegada; y la solidaridad, un valor practicado y no solo enarbolado como bandera. Mientras no reconozcamos cada quien su papel, sus limitaciones, sus aportes y le concedamos a los demás lo propio, seguiremos en este desgaste continuo y permanente, que favorece liderazgos espurios que son los que se encaraman en el poder.
El costo de no tomar esta decisión es demasiado alto, las desigualdades se ensanchan, la polarización se agudiza, la fragmentación se acentúa y la solución a los problemas se ubica en un horizonte muy lejano.
Necesitamos con urgencia recuperar el país, pero para todos. Nos urge dar contenido profundo a la democracia, romper con la desigualdad e inequidad, fomentar el debate ideológico, exigir a los partidos, como instancias de intermediación, que retomen su papel, salir de esta emergencia permanente en la que vivimos. Se hunde el país, se entierra la vida entre tanto derrumbe, se agota la paciencia.
Publicado por: Oscar Estrada
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