Mascar chicle puede causar jaqueca o dolor de mandíbula por el esfuerzo repetido, favorecer la aparición de gases en cualquier extremo del tracto digestivo. Para los demás es molestos porque se provocan ruidos desagradables. Sin embargo, si el hábito de masticar chicle se limita a las variedades sin azúcar, se trata de un hábito muy saludable pues la mayoría de estos productos contienen xilitol, un sucedáneo del azúcar benéfico en particular para los niños, ya que tiende a eliminar bacterias de la boca y prevenir la caries. Por otra parte, el esfuerzo de masticar chicle quema unas cuantas calorías. En momentos de estrés intenso, masticar chicle puede ayudar a liberar emociones contenidas y a abstenerse de alimentos nocivos. Por eso se dice que masticar chicle es un “mal” hábito que hace bien.
Fuente: Sonia Marroquín Rojas/DeGuate.com