29 Sep, 2009 - 21:09:50
La distimia es una alteración del estado de ánimo parecido a la depresión, pero menos severo y más crónico. También, suele conocerse como depresión crónica de grado menor. Las personas que sufren distimia también pueden experimentar episodios de depresión grave. La distimia es un trastorno muy frecuente en nuestra época. Para muchos especialistas es considerada la enfermedad mental del siglo. Al igual que otros trastornos o enfermedades, tienen un componente hereditario. Así pues, las personas con familiares que han padecido este trastorno tienen más posibilidades de desarrollar la enfermedad. Se caracteriza por una sensación y actitud de desánimo prolongada, quien lo sufre se siente triste, melancólico y decaído. Normalmente, lo padecen personas que están viviendo situaciones prolongadas de gran estrés, tensión o personas excesivamente perfeccionistas que se exigen demasiado. Se considera que una persona padece distimia cuando posee un estado de ánimo deprimido como mínimo durante un periodo de tiempo de dos años y un año para niños y adolescentes, junto con al menos otros dos de los síntomas que la caracterizan y que mencionamos a continuación. Aunque no es un trastorno grave, su larga duración hace que las personas lo asuman como parte de su forma de ser.
Hay quien lo sufre prácticamente a lo largo de toda su vida, aceptándolo como parte de ellos. A continuación mencionamos los síntomas más comunes de la distimia. Aunque no es necesario que se den todos ellos para que a una persona se le diagnostique un trastorno de distimia.
- Tristeza, desánimo o ansiedad de forma continuada en el tiempo aunque con altibajos.
- Gran irritabilidad. Las personas distímicas suelen enojarse con facilidad y con frecuencia entran en discusiones innecesarias, se enfadan por todo y hacen la vida muy difícil a quienes les rodean.
- Pensamientos suicidas, intento de suicidio. Falta de ganas por vivir.
- Aislamiento social. Los síntomas causan un deterioro en el ámbito social, laboral y familiar, afectando a sus relaciones sociales y afectivas.
- Poca capacidad de concentración y dificultad para tomar decisiones. Debido a ello, tienden a perder el control de su vida, son incapaces de tomar decisiones básicas. La falta de concentración junto con la desgana y el poco interés por todo, les dificulta para tomar decisiones simples y cotidianas.
- Desgana, apatía. Carecen de interés por las cosas y con frecuencia se sienten inútiles y poco interesantes para los demás.
- Baja autoestima. Sentimiento de ineptitud, tienden a generalizar cuando las cosas no salen como esperan, pensando que nunca hacen bien las cosa ni consiguen lo que se proponen y llegando a sentirse completamente fracasados.
- Trastorno del sueño. Las personas distímicas suelen despertarse varias veces durante la noche y, aunque duerman mucho, no logrando descansar lo suficiente, por lo que al día siguiente se encuentran cansadas y físicamente agotadas. Con frecuencia padecen de insomnio o hipersomnia.
- Fuertes cambios del estado de ánimo. Sus reacciones son completamente imprevisibles, unas veces se encuentran decaídos y otras no, sufren grandes altibajos en su estado de ánimo.
- Dificultad para disfrutar de las cosas. Presentan problemas para disfrutar de las pequeñas cosas de la vida y, rara vez, se sienten plenamente felices. No ven las cosas positivas y siempre mantienen una actitud negativa ante todo.
El tratamiento consiste en medicamentos antidepresivos o psicoterapia.
Los medicamentos antidepresivos son muy eficaces sobre todo si se combinan con psicoterapia. La psicoterapia está orientada a modificar la visión distorsionada que el distímico tiene de sí mismo y de su entorno, intentando potenciar pensamientos positivos que permitan corregir la tendencia al desánimo y a la apatía.
Otro objetivo de la psicoterapia consiste en procurar que el paciente tome conciencia de este trastorno y de la importancia de su actitud para afrontarlo, al mismo tiempo que deben de tratar de identificar los factores de estrés en el entorno o aquellos pensamientos negativos que le provocan este estado de ánimo para aprender a evitarlos.
La persona con distimia tiene que tener muy claro que el tratamiento no consiste en no volver a tener otro episodio negativo, sino en que ocurra con menos frecuencia y en aprender a disfrutar más tiempo y de forma más intensa de los momentos felices.
Dado que la distimia suele persistir por más de cinco años, puede ser necesario el tratamiento a largo plazo. Son pocas las personas que se recuperan totalmente de este trastorno. Sin embargo, a pesar de no recuperarse completamente, el tratamiento es necesario para que mejore considerablemente su estado, necesitando el tratamiento de modo crónico. Es fundamental no abandonarlo, pues la falta de tratamiento dará lugar a una depresión mayor.
Fuente: Sonia Marroquín Rojas/DeGuate.com
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