Por: María Jesús Ribas

Luis se enfada con rapidez y estalla ante cualquier provocación por mínima que esta sea. A medida que se enfurece, su voz comienza a elevarse. En casa, cuando discute con su familia, a menudo sus gritos van acompañados de puñetazos en la mesa.
Marisa también suele perder los estribos frecuentemente, sobre todo con sus compañeros de trabajo, con personas cercanas e incluso ante algunos desconocidos con los que se ve obligada a tratar. Está tan acostumbrada a sacar a luz su mal genio que ya no intenta controlarlo. Además le resulta útil en muchas ocasiones porque los demás terminan plegándose a sus deseos.
Muchos sufren a causa de los desplantes, palabras hirientes y comportamientos hostiles de Luis y Marisa, a quienes les resulta más fácil discutir que dialogar. Pero lo que muchos ignoran es que quienes hacen gala sistemáticamente de un mal carácter también sufren debido a esa conducta.
Ello se debe a que “recurrir al mal humor para controlar, manipular e intimidar a otras personas –el objetivo oculto o inconsciente de muchos aficionados al enfado e individuos con escasa capacidad de aguante– suele ser un arma de doble filo porque (el desagradable temperamento) de estas personas realimenta su insatisfacción vital”, señala Viviana Goren, asesora y experta en relaciones humanas.
“Las personas con mal genio crónico, por un lado, se sienten incomprendidas porque quienes las rodean terminan por apartarse de ellas y les demuestran su rechazo. Por otra parte, no saben salir del atolladero en que se encuentran, lo cual a su vez realimenta su conducta hostil y reactiva con los demás y los aísla socialmente cada vez más”, indica la especialista.
“Para controlar los ataques de furia lo primero es mantenernos alerta ante los síntomas que tienden a desencadenar nuestra reacción impulsiva, como hablar más rápido y alto, para erradicar de raíz lo que nos puede llevar a un conflicto y a un estallido del mal carácter”, dice Goren.
“Por otra parte, nuestros familiares, amigos y conocidos saben bien cuáles son los interruptores o botones que encienden nuestro mal carácter (ciertas actitudes, palabras, amenazas o comportamientos ajenos), pero el circuito psicológico y emocional es nuestro y también nuestra responsabilidad controlarlo y desconectarlo”, advierte la conocedora en este campo.
Téngalo presente
Para atajar el enojo, Viviana Goren propone “la clásica recomendación de pararse en seco y contar hasta 10 cuando se está a punto de estallar. Es eficaz porque consigue aplacar la acción de la adrenalina en el organismo. Para relajarse después de este ejercicio conviene inspirar y soltar el aire con lentitud, lo cual ayuda a sosegar el estrés y la ansiedad”.
Sano consejo
Siempre hay que procurar mantener la calma porque, una vez encendida la mecha de la reacción impulsiva y airada, es muy difícil apagarla.
Tómelo en cuenta
Para aplacar los nervios también puede ser útil contestar a los demás de forma controlada y evitar responder sintiéndose herido, ya que, según Goren, eso solo “consigue ponernos en una actitud defensiva y crear una situación aún más tóxica”.
Fuente: dca.gob.gt