La salud mental está íntimamente relacionada con la actitud ante la vida y en este sentido se pueden plantear dos posiciones: la posición activa frente a la realidad, emparentada a la salud mental y la posición pasiva que suele ser sinónimo de rigidez y enfermedad mental.
La actitud activa implica un pensar en uno mismo, detectar las situaciones problemáticas de nuestra vida y actuar en consonancia a este proceso. Es decir, quien toma una actitud activa ante la realidad, puede pensar e interrogarse sobre su propia existencia y luego, actuar en función de esa reflexión.
Aquel que tiene una posición pasiva ante la realidad es el que toma lo que le toca vivir como algo “dado” o como algo “natura.” La salud mental se relaciona con la capacidad que tenga una persona de pensarse y pensar su realidad externa de forma tal de poder transformarse y transformar la realidad mediante la acción.
Aquel que padece un grado menor de salud mental es el que tiene una actitud más pasiva, de “dejar pasar el agua” y esperar a ver qué acontece. La salud mental implica pues, salir a buscar activamente a la vida, observar la realidad y actuar en base a ella modificando la propia vida.
La capacidad de cambios es un signo de salud mental. Cuando hay situaciones en las que tendemos a permanecer sin cambios, constituye un síntoma de que existe un problema de pasividad, rigidez y deterioro de la salud mental. Es en una situación así cuando debemos buscar la ayuda de un profesional.
Fuente: Sonia Marroquín Rojas/DeGuate.com