Sabemos si una sandía está madura, si la mancha de la cáscara que ha estado en contacto con el suelo es de color amarillo cremoso.
Una mancha blanca o verdosa indica que se recogió antes de tiempo y resultará insípida, pues la sandía es un fruto no climatérico, motivo por el cual, para que sea de buena calidad ha de recolectarse cuando está totalmente maduro. El truco para elegir una sandía madura es que al darle golpes con los dedos o las palmas de las manos ésta suene a "hueco". Su superficie no debe presentar cicatrices, quemaduras de sol, abrasiones, áreas sucias, magulladuras u otros defectos. Si se adquiere una sandía en trozos, conviene asegurarse que la carnaza es firme y jugosa.
Además es una fruta que se conserva en perfecto estado durante dos semanas si se mantiene a 15 grados centígrados y hasta tres semanas si se conserva entre 7 y 10 grados centígrados. Su gruesa corteza le permite aguantar en buenas condiciones durante muchos días a temperatura ambiental.
Esta es la fruta que más cantidad de agua contiene (93%), por lo que su valor calórico es muy bajo, apenas 20 calorías por 100 gramos. Los niveles de vitaminas y sales minerales son poco relevantes, siendo el potasio y el magnesio los que más destacan, si bien en cantidades inferiores comparados con otras frutas. El color de su pulpa se debe a la presencia del pigmento “Licopeno”, sustancia con capacidad antioxidante.
El potasio es un mineral necesario para la transmisión y generación del impulso nervioso y la actividad muscular normal, puesto que interviene en el equilibrio del agua dentro y fuera de las células.
Fuente: dca.gob.gt