La sensación de arena en los ojos, la sequedad, el escozor y el parpadeo compulsivo son los principales síntomas de esta patología ocular. No se trata de un problema grave pero puede afectar a la calidad de vida de la persona que lo sufre, por lo que es aconsejable prevenirla o tratarla cuanto antes en el caso de estar padeciéndola.
El síndrome de ojo seco es uno de los trastornos oculares más frecuentes en las consultas oftalmológicas (alrededor del 30 por ciento). En general, se trata de problemas benignos que no revisten mayor gravedad, pero que pueden ser muy molestos.
Tiene lugar cuando se produce una sequedad excesiva de la superficie ocular por distintos motivos (algunas enfermedades, toma de medicamentos, excesiva contaminación ambiental, edad avanzada...).
La responsable de que la superficie ocular se mantenga húmeda es la película lacrimal. Ésta se compone de tres capas: una mucosa, muy lubricante; otra acuosa, formada básicamente por agua y electrolitos encargada de purificar y refrigerar y una cobertura lipídica que controla la evaporación de la capa acuosa.
Cuando existe una alteración en cualquiera de esas cuatro capas que modifica la película lagrimal tiene lugar el ojo seco provocando una producción deficiente de humedad o una evaporación excesiva de la lágrima.
La sensación de arena en los ojos, la sequedad, el escozor y el parpadeo compulsivo son los principales síntomas de esta patología ocular. Ante cualquiera de estos signos es aconsejable que la persona acuda a su médico u oftalmólogo con el fin de que determine el tratamiento más adecuado según su caso.
El tratamiento más frecuente del ojo seco es la sustitución de las lágrimas por lágrimas artificiales. Estas lágrimas artificiales están compuestas por agua (98 por ciento), una solución salina y sustancias que permiten que se mantenga en la superficie ocular y conservantes.
Hay personas que son reacias a los conservantes de estas lágrimas, pero deben saber que también existen lágrimas artificiales sin conservantes. Por lo que deben preguntar al especialista.
También se emplean pomadas oftalmológicas que se denominan corticoides tópicos para mantener la humedad y otros medicamentos para estimular la producción de lágrimas.
Hoy en día se diagnostican mayor número de casos debido no sólo a que existen más conocimientos sobre sus causas y síntomas, sino también porque se ha incrementado su incidencia como consecuencia de hábitos de vida actuales.
Las causas ambientales juegan un factor importantísimo en el desarrollo del ojo seco. El aire acondicionado, los ventiladores, el uso excesivo de las calefacciones, los lugares cargados de humos, las corrientes de aire y la contaminación ambiental actúan negativamente porque resecan la superficie ocular.
El uso prolongado de pantallas de visualización como los ordenadores es otro riesgo porque disminuye la frecuencia de parpadeo, lo que supone un aumento de la evaporación de la lágrima. De igual manera, ocurre con las lentes de contacto que cada vez se utilizan más.
Una alimentación inadecuada con déficit de ácidos grasos esenciales, como los omega 3 y los omega 6, y de vitaminas puede perjudicar nuestra salud y favorecer la aparición del ojo seco.
Fuente: Sonia Marroquín Rojas/DeGuate.com