El padecimiento tiene diversas causas. entre ellas está el de origen genético
Los índices de obesidad se han multiplicado de forma geométrica en el último cuarto de siglo hasta convertirse en una epidemia con un elevado costo social. Aunque este incremento ha ido acompañado de una elevación del consumo de grasas saturadas, no todas las formas de dicho padecimiento son iguales.
Este problema se debe a la abundante acumulación de grasa en el cuerpo, exceso que da lugar al peso anormal para la estatura y estructura del individuo. Es muy complicado definir dicho mal si no hay un patrón al cual pueda hacerse referencia, señaló el experto en nutrición, Mariá Alemany, quien además es catedrático de Bioquímica de la Universidad de Barcelona, España.
Es evidente que las personas obesas presentan gran cantidad de grasa en el cuerpo, pero es mucho más difícil discernir el grado o intensidad de obesidad en personas que, a lo sumo, presentan un cierto sobrepeso. En este ámbito suele existir mucha confusión, ya que una persona puede tener peso elevado junto a una importante musculación, o bien tener peso normal con elevados niveles de grasa, superiores a los considerados como normales. Para valorar el grado de obesidad, algunos especialistas utilizan unas tablas correspondientes a una población ideal, distribuidas por sexos y estaturas, que establecen un peso ideal de acuerdo con el indice de masa corporal (IMC).
Aparte del grado de obesidad, es primordial conocer la distribución de la grasa, pues esta circunstancia tiene mucho que ver con el pronóstico de la patología por existir considerables diferencias metabólicas y funcionales. La acumulación de grasa en los hombres se manifiesta en forma de manzana o androide; y en las mujeres, en forma de pera o ginoide.
De acuerdo con un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la distribución androide supone que la mayor parte de la grasa está situada entre las vísceras, mientras que la ginoide está localizada en masas debajo de la piel (zonas
subcutáneas).
La grasa visceral es mucho más difícil de eliminar, provoca más complicaciones que la subcutánea y está asociada a un mayor número de enfermedades que suelen aquejar a los obesos, como diabetes, arteriosclerosis y problemas cardiovasculares.
Lo novedoso
Recientes investigaciones de Alfredo Martínez, catedrático de Nutrición de la Universidad de Navarra, al norte de España, indican que si bien muchos casos de obesidad tienen su causa en defectos genéticos, para que se manifieste dicho padecimiento deben darse determinadas conductas, como vida sedentaria e ingesta excesiva de grasas, entre otros condicionantes.
El sedentarismo y comer grasas en exceso contribuyen a desarrollar la obesidad.
Los avances científicos han permitido establecer una serie de etiologías, o sea, causas de las enfermedades, que son aceptadas universalmente. De ahí que la obesidad puede ser de origen neurógeno, endocrino, iatrogénico, genético, dietético, de ajuste del ponderostato o por defecto termogénico.
Diversos tipos
La obesidad neurógena suele presentarse en individuos con cambios psíquicos de diversa índole. Estas personas son incapaces de controlar su peso al estar afectado su sistema nervioso autónomo por un déficit de la secreción de transmisores que modulan las deposiciones de grasa de reserva.
Entre las alteraciones típicas de glándulas del sistema endocrino que pueden determinar la aparición de obesidad están el hipotiroidismo, el hipogonadismo, el hiperinsulinismo y el hipercorticismo.
Asimismo, una ingesta excesiva de corticoides o antidepresivos puede ocasionar la obesidad iatrogénica, hasta ahora poco frecuente, pero en los últimos años ha ido en aumento debido al abuso de este tipo de medicamentos, sobre todo en personas propensas a incrementar sus niveles de grasa.
Fuente: dca.gob.gt