Esta región está integrada por los departamentos de ALTA Y BAJA VERAPAZ.
Entre los atractivos principales, en Alta Verapaz, que tiene un clima frío y un territorio que generalmente se encuentra cubierto por una densa neblina, se encuentran lagunas, hermosos paisajes y grandes cavernas o grutas. Una de las principales se llama Candelaria, tiene 30 kilómetros de longitud y es una de las dos más grandes de América y una de las seis más grandes del mundo. Alta Verapaz ofrece numerosos atractivos turísticos, actividades de ecoturismo y aventura.
El visitante que recorre las tierras de Alta Verapaz no puede dejar de degustar el famoso Kac Ic, un caldo típico que se prepara con pavo y es sazonado con samat, hierba propia de la región. El trabajo artesanal de sus pobladores se destaca por la elaboración de artículos como jícaras pintadas, tejidos vistosos y platería, así como los chachales, que son los collares que lucen las cobaneras para adornar sus trajes ceremoniales.
En Baja Verapaz el clima y el terreno son semidesérticos. Este departamento ofrece como atractivo arquitectónico principal, la iglesia de Salamá, que conserva catorce altares, valiosos retablos e imaginería del período prehispánico. También cuenta con el Templo de Minerva, de estilo neoclásico. Entre sus atractivos naturales, los Ríos Salamá, Chilascó, San Isidro y las Flautas son los más significativos y también la catarata Zacualpa, de aproximadamente 220 metros de altura, de la cual se aprovecha, además de su belleza, su caudal para electrificación.
El trabajo de sus pobladores radica en la agricultura, cerámica y la elaboración de tejidos y objetos de jarcia. Adicionalmente, se dedican a la crianza de ganado vacuno, caballar, porcino y de otros animales.
A Salamá se le considera La Segunda Antigua, por la solemnidad de sus procesiones de Semana Santa.