LAS VENTAJAS DE USAR LA INDIFERENCIA


En mi opinión, la indiferencia puede ser -y es- una excelente aliada para impedir que nos afecten algunas de esas cosas que tanta insatisfacción y displacer nos provocan.

Llamamos indiferencia a ese estado de ánimo en que no se siente inclinación ni repugnancia hacia una persona, objeto, o asunto determinado. Ni nos motiva ni nos altera. Ni nos aporta algo beneficioso ni tampoco algo perjudicial. Sólo nos provoca despreocupación.

Es muy beneficiosa. Nos permite apreciar las cosas con objetividad porque, precisamente, nos evita implicarnos emocionalmente con las cosas.

No es una falta de sentimientos, sino un control de los mismos.

Es no permitir que nos afecten las cosas desagradables en exceso o de un modo sufriente, sino prescindir de ellas y, sobre todo, prescindir de la incomodidad o la amargura que nos pueden proporcionar.

Conviene, y mucho, reflexionar sobre la posibilidad de desarrollar y utilizar esta opción con asiduidad. Nos librará de muchas incomodidades.

Se trata de restarle protagonismo y fuerza a las cosas que nos contrarían, a dejar que el enojo se diluya pronto y no nos enrede con sus inconvenientes, comprender que muchas cosas no son tan graves como aparentan, y que somos nosotros –sólo nosotros- quienes otorgamos a las cosas el poder de perjudicarnos.

En la indiferencia –hacia ciertas personas o ciertas cosas- no se dan los apegos, ni buenos ni malos; no hay preocupación ni expectativas que pueden ser incumplidas, no hay tensión ni ansiedad: hay pasividad, tranquilidad. Todo lo que hay es de agradecer.

Tal vez sea muy provechoso revisar el valor y el poder que les otorgamos a algunas cosas, la involucración excesiva con que nos metemos en otras, los disgustos que nos llevamos por nimiedades, lo desaforado de nuestros sentimientos en ocasiones…

En la indiferencia hacia el otro no hay ni habrá rencor, porque no hay apegos. No hay sentimientos desagradables.

Piensa en las cosas a las que no das importancia –como el resultado de la liga de baloncesto de Taiwán, por ejemplo- y te darás cuenta de que te es indiferente. Aplica esto mismo a algunas facetas o personas de tu vida y, si lo consigues, comprueba el cambio que se efectuará en ti.

La indiferencia hacia las cosas que tú decidas es tu mejor regalo.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales


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