LA VIDA ES UN CÚMULO DE EQUIVOCACIONES


En mi opinión, la auto-exigencia rígida y obsesiva por la perfección en nuestros pensamientos, nuestros actos, o en las decisiones, nos grava con una carga y una tensión que espanta bastante a la paz –e incluso a la felicidad- de nuestra vida.

Todos nos hemos equivocado varias o muchas veces. Nos seguimos equivocando. Nos seguiremos equivocando –confiemos en que cada vez menos-.

La vida de todos y cada uno de nosotros se va convirtiendo en un cúmulo de equivocaciones porque nos presenta demasiadas cosas nuevas y desconocidas a lo largo de su duración y… no estamos preparados para resolverlas.

Sería muy conveniente desdramatizar todo aquello que nos hace daño de algún modo, y esto se debe aplicar en general; en el caso de las equivocaciones… pues las asociamos a fracaso, a torpeza, a pérdida, y nos llevan al propio menosprecio o desprecio invitándonos a la frustración, por supuesto que equivocadamente ya que su función debería ser la opuesta precisamente: cada equivocación nos debe conducir al aprendizaje. Es el precio que tenemos que pagar por algunas enseñanzas. Y es, de momento y mientras nuestros educadores no hagan bien su tarea, el único método que tenemos para aprender.

Tal vez ya conozcas mi opinión: sólo hay una forma de hacer las cosas bien y hay millones de formas de hacerlas mal, por lo que la no equivocación acaba convirtiéndose en casi una excepción.

Las equivocaciones –exceptuando las que afectan muy gravemente- deberían ser como las caídas de los niños que están aprendiendo a andar: un contratiempo sin importancia. Si acaso, merecen un breve llanto sin trascendencia, pero jamás han de ser un motivo de reproche o de fracaso. El niño que ha caído se levanta y, una vez que ha aprendido lo que no tiene que volver a hacer para no caer de nuevo, en ese mismo instante se olvida.

Será un acto de generosidad y de amor propio ser más comprensivo con nuestras “equivocaciones”, y será mejor que no nos maltratemos debido a ellas y que seamos nosotros mismos los que nos ayudemos a levantarnos, a sacudirnos el polvo, nos mostremos una sonrisa de ánimo, y sigamos adelante sin arrastrar nada negativo.

Nos llevaremos la enseñanza y dejaremos atrás el contratiempo.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales


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