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El saneamiento del sistema bancario guatemalteco
Análisis Mensual de ASIES - MERZO 2001

En materia económica, en marzo el tema de mayor relevancia fue la intervención de tres instituciones del sistema bancario nacional, dejando al margen temas tales como los resultados del nuevo índice de precios al consumidor, la entrada en vigencia del tratado de libre comercio con México y la reducción arancelaria de determinados productos de consumo interno.

En relación a dichas intervenciones, se han dado a conocer diversas opiniones, tanto a favor como en contra de las mismas. Y si bien existen argumentos valederos en ambas vías, es conveniente su análisis en un esfuerzo por determinar su validez, bajo un enfoque de costo – beneficio, considerando la situación actual del país.

Las medidas adoptadas no son del todo inesperadas. Desde el año 1998 el sistema financiero nacional venía manifestando serios desequilibrios como consecuencia de una serie de factores externos – tal como la crisis financiera internacional-, e internos -entre éstos, dificultades de empresas exportadoras de café y restricciones de liquidez creadas a raíz de la acumulación de fondos para la adquisición de acciones de Telgua y la implementación de una política monetaria poco disciplinada-, que evidenciaron la fragilidad del sistema.

Con el afán de palear los problemas afrontados, en el año 1999 las autoridades monetarias otorgaron adelantos por más de mil millones de quetzales a diversas entidades financieras. No obstante, entre 1999 y 2000, aquellas que habían enfrentado problemas de liquidez logran un manejo adecuado de su situación, en algunos casos incluso solventando su deuda con el banco central. Son aquellos con problemas de solvencia los que en enero del 2000 son de nuevo auxiliados a través de adelantos de emergencia.

Lo anterior sacó a luz pública los problemas estructurales de estas instituciones financieras. Al entrar en vigencia la nueva política monetaria, cambiaria y crediticia del año 2000, y como una medida que podría interpretarse como necesaria para impulsar una mayor disciplina, se establece que no se otorgarán adelantos de emergencia a bancos, salvo para atender problemas de liquidez de muy corto plazo. Los préstamos otorgados a los bancos en cuestión fueron posteriormente transformados en préstamos de reestructuración.

Es así como, a pesar de que existían indicios de malas prácticas financieras en algunos bancos del sistema, es hasta el año 2000 que estas se hacen manifiestas a nivel público. Ante tal situación, cabe preguntarse, ¿por qué, conociéndose los problemas de algunas entidades, éstas no fueron intervenidas con anterioridad? Se podría especular sobre varias razones. Entre ellas, las políticas, no solo por la presión de grupos de interés, sino por las implicaciones de una intervención en un período eleccionario. Por otro lado, no es posible obviar una actuación poco consistente de las anteriores autoridades monetarias, aunado a un vacío en la legislación vigente, que no permitía que éstas actuaran de manera ágil y transparente.

Así, el año 2000 da inicio con una evidente fragilidad del sistema bancario. No obstante, la ausencia de legislación y mecanismos de supervisión adecuados, aunada a lo que se presume fueron presiones políticas, no se propusieron acciones concretas para lograr el saneamiento del sistema.

En mayo de ese año se presentó al Congreso de la República, la iniciativa de Ley General de Restitución de Depósitos Bancarios, proyecto que, en un análisis retrospectivo, buscaba dar confianza a los agentes económicos de una prevista intervención bancaria. La ley propuesta, cuya vigencia debía ser de un año, garantizaba la totalidad de los depósitos de los cuenta habientes. La ley fue considerada por varios integrantes del Congreso como un mecanismo proteccionista y no como una medida que permitiría un proceso de intervención ágil y transparente. Por tanto, la ley fue modificada por el Legislativo y posteriormente vetada por el Presidente de la República.

Posteriormente y como una medida que apuntaba a fomentar mayor disciplina monetaria y financiera, en el mes de agosto del año 2000, la Junta Monetaria establece que aquellos bancos que no cumplieran con su posición de encaje en más de dos ocasiones durante un período de doce meses, les serían rechazados sus cheques en la cámara de compensación. Esta acción sería considerada como una grave irregularidad administrativa, debiéndose informar al Superintendente de Bancos para que éste procediera de acuerdo a la ley.

A inicios del año 2001, señalamientos de usos no transparentes de recursos públicos y la colocación de fondos en los bancos ahora intervenidos, influye en el retiro de los recursos del Estado depositados en estas instituciones. Lo anterior hizo que tales entidades se sobregiraran en sus cuentas de encaje, contraviniendo las disposiciones de Junta Monetaria, lo que dio lugar a la intervención administrativa de estos bancos.

Estas intervenciones han significado el otorgamiento de líneas de crédito para salvaguardar los depósitos de los cuentahabientes de tales bancos, por más de Q1,500 millones. Este monto es equivalente a cerca del 6 % del presupuesto del Estado para el año 2000, y a un 1.3% del producto interno bruto de ese mismo año. Si bien la medida es cuestionable desde la perspectiva de que se desvían recursos, ya escasos, para el rescate de instituciones privadas, es de considerar la función particular de los bancos. La misma Constitución asigna a la Junta Monetaria el velar por la liquidez y solvencia del sistema bancario nacional. El que la Junta Monetaria permitiera la caída de uno de los bancos del sistema hubiera provocado un clima de desconfianza tal que daría lugar a una corrida bancaria, con los consecuentes costos para la economía. A esto se hace necesario adicionar el momento de particular inestabilidad política, de desconfianza y de incertidumbre económica, y donde los niveles de insatisfacción continúan creciendo a pasos agigantados.

Una vez se ha optado por el menor de los males, ¿qué queda por hacer? Existen una serie de medidas que deben implementarse, de forma de recuperar la estabilidad y confianza en el sistema financiero y sancionar a las entidades que por su conducción irresponsable, han causado fuertes costos al país. Entre éstas se encuentran:

  • La aprobación por el Congreso en forma urgente de los proyectos de nuevas leyes financieras, dos de las cuales ya han sido conocidas y aprobadas por la Junta Monetaria (Ley de bancos y grupos financieros y Ley de supervisión financiera).

  • El fortalecimiento de la entidad supervisora para que ésta sea capaz de regular y sancionar en forma oportuna.

  • La publicación de información veraz, que permita a los agentes económicos tomar decisiones mejor fundamentadas en torno al manejo de sus activos financieros.

  • El manejo de lineamientos básicos sobre rentabilidad y seguridad en la colocación de fondos públicos.

  • La contabilización del costo de intervención en el Presupuesto del Estado y la implementación, tal como lo previsto en el Pacto Fiscal, de una unidad especializada dedicada a la cuantificación y por tanto seguimiento, de los pasivos contingentes del Estado.

  • La aplicación de sanciones drásticas de carácter penal, por las irregularidades financieras cometidas.

 

 
 



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