Frágil Estabilidad
Macroeconómica
Análisis Mensual de ASIES - OCTUBRE. 2000
En la última semana del mes de octubre se
conocieron declaraciones en las que el Presidente de la Junta Monetaria afirmaba que sin
apoyo de la política fiscal, la estabilidad durará diez meses más. Esta afirmación es
de particular importancia, no solo porque retoma la necesidad de un manejo prudente de la
política fiscal, sino además, porque es hecha por uno de los miembros del gabinete
económico del actual gobierno.
En los últimos meses se ha criticado la estabilidad alcanzada de algunos indicadores
macroeconómicos (tipo de cambio y tasa de interés de corto plazo), logrado a costa de un
incremento significativo en los niveles de operaciones de mercado abierto. Retorna a la
mesa de discusión la bomba monetaria, concepto que se originó a raíz de los crecientes
volúmenes de operaciones en el primer lustro de la década de los años noventa.
Las operaciones de mercado abierto (OMAs) es uno de los instrumentos con que cuenta el
banco central para controlar los niveles de oferta monetaria en la economía, que a su vez
es uno de los factores determinantes de la tasa de inflación. Por tanto, cuando el banco
central observa que hay excesos de liquidez en la economía, vende estos títulos
-denominados certificados de depósitos a plazo CDPs- de forma de retirar estos
excedentes. No obstante, a cambio de ellos debe pagar una tasa de interés al momento de
su vencimiento, con lo que regresa al mercado no solo el monto originalmente retirado por
el banco central, sino que los intereses pagados por el uso de esos fondos.
A partir del mes de febrero de este año, el banco central ha hecho uso creciente de las
OMAs, aumentando su colocación de Q3,500 millones a finales del mes de enero a Q9,430 al
mes de septiembre, es decir un incremento mayor al 150%, respecto al primer mes del año
2000. Pero, ¿qué ha motivado a que el Banco de Guatemala haya colocado estos montos en
un período relativamente corto de tiempo?
Para responder a esta interrogante es necesario considerar diferentes variables que
inciden sobre el grado de monetización de la economía. Por un lado se debe observar el
comportamiento de los activos externos netos del banco central, es decir la reservas
monetarias internacionales. A lo largo del año 2000, la Junta Monetaria estableció como
meta un crecimiento en las reservas internacionales netas (RIN) de US$150 millones en
relación al monto a diciembre de 1999 (US$1,210 millones). No obstante, éstas han
registrado un crecimiento por encima de lo esperado, tanto así que la Junta Monetaria
modificó la meta de forma que la variación en relación al último mes de diciembre
fuera como mínimo de US$315 millones. A la última semana del mes de octubre el nivel de
reservas alcanzaba los US$1,880 millones, superando en más de US$355 millones la meta
previamente establecida.
Dado que la cantidad de dinero (oferta monetaria) de la economía está en función de la
monetización externa (el incremento de reservas) y de la monetización interna (son los
activos internos netos que incluyen la posición neta del BANGUAT con el sector público,
la posición de encaje de los bancos y las OMAs, entre otras), un incremento por encima de
lo esperado en la monetización externa (sobre la cual no existe influencia directa por el
banco central), deberá verse compensado por el lado de los activos internos netos, de
forma de alcanzar las metas iniciales de crecimiento de la oferta monetaria.
Por el lado de los activos internos netos, el comportamiento del gobierno ha sido uno
monetizante, por encima de lo proyectado a inicios de año. Es decir que el gobierno ha
incrementado la oferta monetaria haciendo uso de sus depósitos en el banco central (esto
es excluyendo los ingresos por el segundo pago de TELGUA).
Ante un comportamiento creciente de ambos activos externos y activos internos, el banco
central debe utilizar las operaciones de mercado abierto como variable de ajuste para
alcanzar la meta de oferta monetaria, razón por la cual el saldo de las mismas ha
incrementado significativamente. De lo contrario, se estaría permitiendo una
monetización excesiva de la economía, con consecuencias sobre los niveles de inflación,
el tipo de cambio y la tasa de interés. Además, se estaría perdiendo una vez más la
disciplina monetaria alcanzada a inicios de año, con las consecuencias negativas que esto
tendría para el sector financiero.
Por tanto, se requiere que el gobierno central aumente el nivel de sus depósitos en el
banco central y por esta vía retire liquidez, evitando así posibles efectos sobre los
principales precios macroeconómicos.
A lo anterior se debe adicionar que entre los meses de mayo y agosto del año 2001 vencen
cerca de Q4,500 millones de las colocaciones, con lo que de no contar con el apoyo de la
política fiscal, se estaría comprometiendo la estabilidad macroeconómica del próximo
año. Si bien se podría optar por la renegociación de los valores, ésto representaría
mayores costos para el banco central, aumentando el déficit cuasifiscal del Estado y tan
solo postergando el problema por otro corto período de tiempo.
A este respecto, y con ocasión de que el presupuesto del Estado debe estar aprobado al
finalizar el mes de noviembre, es necesario enfatizar en que la situación fiscal del
gobierno central no puede mantenerse como en estos últimos años, con déficit mayores a
los dos puntos porcentuales. Esto no solo generaría mayores presiones a la política
monetaria, sino también sobre la cuenta corriente de la balanza de pagos. De aquí la
necesidad de incrementar los ingresos tributarios en el año 2001 y hacer un uso racional
y eficiente del gasto de gobierno.
Fuente: Asociación de Investigación y Estudios Sociales (ASIES)
|