
Hay que replantear la estrategia:
Centroamérica no saldrá del subdesarrollo a fuerza de suscribir TLCs con cada socio
comercial
Análisis Mensual de ASIES - OCT. 1999
Los países centroamericanos acaban de
suscribir un acuerdo marco con Chile, que concluiría con la suscripción de un Tratado de
Libre Comercio (TLC). La firma del documento tuvo lugar con ocasión de la reunión de
presidentes del área y la visita del presidente chileno Eduardo Frei.
La firma del acuerdo marco, que no sería
sino esa fase preparatoria para llegar al TLC pleno con Chile en unos meses, amerita los
siguientes comentarios:
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Sin duda es positivo que Centroamérica en
conjunto se involucre en negociaciones comerciales, máxime cuando se trata de llegar a
acuerdos con economías más poderosas y más grandes, como la de Chile. Esas
negociaciones en bloque dan una fuerza negociadora mayor a que si cada país en lo
individual se lanzara a acuerdos por su cuenta, y sin que a la vez evite que cada país
centroamericano en lo individual pueda plantear sus requerimientos específicos. En otras
palabras, se obtiene la fuerza de la negociación en bloque, sin perderse necesariamente
el margen de maniobra particular de cada país.
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La negociación per se, sin embargo, no
necesariamente es positiva para los países del área. Centroamérica se ha embarcado en
ese tipo de negociaciones comerciales con otros países -caso de la República Dominicana,
México o Chile- sin que exista propiamente una visión de mediano plazo sobre los
beneficios que esos acuerdos generarían para el área. En algunos casos, las
exportaciones hacia esos lugares puede que sean mínimas y/o que se concentren en uno o
dos productos tradicionales (caso de las exportaciones azucareras a Chile). En ese sentido
es que surge la duda de si vale la pena dedicar tanto esfuerzo y dedicación del recurso
humano ya de por sí escaso de que disponen los respectivos ministerios de economía a esa
suscripción de largos acuerdos, cuando el impacto efectivo es mínimo. Centroamérica, en
esa forma, no estaría sino cayendo en la moda comercial del momento que llama a la
suscripción a granel de acuerdos comerciales, creyendo falsamente que eso redundará en
un dinamismo exportador, lo cual de ninguna manera está garantizado.
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El acuerdo particular con Chile no deja de
ser complejo ya que entre ese país y Centroamérica se dan traslapes productivos bastante
fuertes, principalmente en lo relativo al sector agroindustrial. Los países del área
saben perfectamente que Chile se encuentra en un estadio superior de producción
agroindustrial, con lo que la supresión completa de barreras comerciales podría conducir
al aniquilamiento de lo que podría ser incipiente producción centroamericana en ese
sector. Por eso no es de extrañar que países como Costa Rica ya hayan planteado un Sí
al acuerdo, pero un No a las importaciones chilenas libres de aranceles en productos como
los lácteos. En otras palabras, la complementariedad fuerte en el tema agroindustrial
levantó dudas sobre si la suscripción de un TLC era lo más aconsejable con Chile.
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Lo anterior conduce a concluir que en el
futuro Centroamérica debería definir con claridad los temas que le son de interés en
negociaciones con otros países, pues puede que esos temas no necesariamente sean TLCs. En
el caso con República Dominicana, por ejemplo, más que la negociación de un TLC era
vital unir esfuerzos, definir políticas conjuntas para alcanzar la paridad NAFTA en
relación con México; con Chile, mucho más importante que un TLC era la búsqueda de
proyectos de inversión conjunta entre empresarios de ese país y centroamericanos para
explotar el potencial agroindustrial de la región; y así podría continuar la lista de
temas particulares. Creer que los TLCs son la primera y la última palabra con cada uno de
los países solo representa una falta de visión de mediano plazo con relación a las
potencialidades económicas de la región.
Fuente: Asociación
de Investigación y Estudios Sociales (ASIES)
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