La puesta en
ejecución de los compromisos asumidos en los acuerdos de paz, a pesar de la buena
voluntad de la acción del Gobierno y de la cooperación internacional, ha encontrado
fuerte resistencia de los centros de privilegio ancestral porque los dirigentes de las
fuerzas tradicionales de poder, consideran que en Guatemala debe defenderse el
individualismo y un sistema capitalista identificado por la absoluta e intocable libertad
para hacer ganancias, sin normas moderadoras de parte del Estado, lo mismo desde la
explotación de la tierra y sus recursos naturales, como desde la contratación salarial,
el comercio de servicios básicos, la exportación, la intermediación financiera, la
industria etc. y si fuera posible, dentro de un paraíso fiscal y privilegios para
disponer de la mejor infraestructura económica.
Los más de 400 compromisos asumidos
dentro de la suscripción de los Acuerdos de paz incluyen la convicción de Gobierno y
excombatientes sobre aspectos relacionados con el cese al fuego y acciones para poner fin
a la guerra;
los derechos humanos y el
fortalecimiento democrático; las reformas constitucionales; la gobernabilidad; la
justicia y seguridad; la reestructuración y modernización del ejército; el
reasentamiento de las poblaciones desarraigadas; legislación imprescindible; la equidad;
el respeto a las diversas etnias; las reformas fiscales y el ordenamiento financiero; el
catastro nacional; la reforma judicial; la modernización del Estado; la capacitación de
la población; la no discriminación por raza, edad y sexo; la atención y metas para la
educación, la salud, la vivienda y los demás aspectos del desarrollo social y
productivo, especialmente para los sectores más vulnerables; el cuidado y uso racional de
los recursos naturales; y el combate a la pobreza, entre otros. Todos los compromisos
fueron ordenados con la aprobación de cronogramas a cumplirse en los primeros 90 días de
firmada la paz, a doce meses y en los cuatro años subsiguientes.
La experiencia y la falta del
ordenamiento financiero vinieron a señalar que era imposible cumplir tanto compromiso en
un sólo período administrativo, y por el contrario, en cada grupo consultivo se ha
enfatizado en la necesidad de dejar establecida la continuidad del afianzamiento de los
compromisos de la paz, en las siguientes administraciones presidenciales. De esa suerte,
es absolutamente necesario para la paz en Guatemala y en los demás países
centroamericanos, la incorporación de los compromisos de los Acuerdos de Paz en los
Planes de Gobierno de los diversos partidos políticos que participan en las contiendas
electorales.
La comunidad internacional ha
ofrecido un valioso y millonario aporte al desarrollo de la paz, pero condicionado a que
se vayan cumpliendo los compromisos establecidos para la democratización, derechos
humanos, justicia y mejores oportunidades para los sectores marginados o abandonados.
Los acuerdos de paz
constituyen instrumentos negociados entre gobierno y las fuerzas insurgentes para cambiar
los sistemas causantes de la pobreza, la exclusión, la discriminación, la marginación y
el abandono especialmente en el área rural donde no había presencia civil del gobierno,
creando los mecanismos, instrumentos y políticas para corregir las condiciones de
dominación de unos sectores sobre otros, pero fundamentalmente para cambiar las
condiciones de dominación y exclusión de la fuerza laboral.