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La
Guerra Fría
1.
Orígenes y
naturaleza.
La
alianza de la Unión Soviética con Gran Bretaña, Estados Unidos y
Francia en la II Guerra Mundial era un pacto circunstancial. La
convivencia prolongada entre los regímenes comunistas y democráticos
se hacía imposible.
El
ataque alemán al territorio soviético, en el verano de 1941, provocó
un giro de la diplomacia stalinista hacia Gran Bretaña. Tuvo un
marcado marcado acento utilitarista: Londres fue requerida por Stalin
para que el ejército británico abriese un frente occidental. Esto
fue imposible; pero sí consiguió transigencia ante las anexiones a
la Unión Soviética, de los territorias de Polonia oriental en 1939 y
de los Estados Bálticos en 1940.
Las
victorias del ejército soviético se combinaron con una diplomacia,
cargada de ambigüedades, que trataba de tranquilizar a británicos y
norteamericanos. Moscú garantizaba ante sus aliados la libre
determinación de aquellos territorios de los que expulsara a los
germanos. La intención real era muy distinta. Después de Yalta
(1945), Stalin, Renunciando a la ambivalencia, se negó a la celebración
de elecciones libres en Polonia. Churchill, tras este hecho,
llegaba al claro convencimiento de que el término democracia tenía
una lectura radicalmente distinta para las democracias occidentales y
para el bloque soviético. Su idea de unos Estados Unidos de Europa se
mostraba inviable. Fue el primero en prever la inmediata política de
bloques y sus riesgos inherentes.
Características:
-
La estructuración de un sistema bipolar rígido, en el que no
cabían las posiciones intermedias, que alineaba a dos bloques de países
agrupados en torno a dos potencias imperiales, Estados Unidos y la Unión
Soviética. El mundo de la posguerra había sido preparado para
contemplar la hegemonía de los tres grandes, pero el agotamiento del
Reino Unido y los graves problemas que le acarreó su proceso
descolonizador, le forzaron a descargar paulatinamente sus
responsabilidades internacionales en los norteamericanos, que se
convirtieron así en los gendarmes occidentales frente al bloque soviético.
-
La tensión permanente entre los dos polos, motivada por la búsqueda
del equilibrio estratégico en un mundo profundamente alterado por la
II Guerra Mundial y sometido a continuos cambios en la posguerra. La
necesidad de una reafirmación permanente del lederazgo de las dos
superpotencias, el forzado alineamiento de las demás naciones y el
continuo rearme militar e ideológico son las consecuencias más
importantes de la búsqueda del equilibrio, que halla en la carrera
nuclear su máxima expresión
-
Una política de riesgos calculados destinada en un primer
momento a la contención de los avances del adversario y luego a
disuadirle de cualquier acto hostil pero evitando provocar un
conflicto de carácter mundial. Esta política condujo a la continua
aparición de puntos calientes.
-
Corea, Berlín, Cuba, etc.-, donde los bloques midieron sus
fuerzas, dispuestos a reconstruir esl “status quo” por la vía de
la negociación, en cuanto a la asunción de riesgos fuera excesiva
para ambos. La incertidumbre ante las intenciones y la capacidad de
resistencia del adversario forzaban a un continuo incremento de la
capacidad ofensiva de los bloques; ya que el último riesgo a asumir,
presente siempre en los planes de los Estados Mayores, sería la
Tercera Guerra Mundial.
-
El papel asignado a la Organización de las Naciones Unidas
como foro de discusión entre los bloques, último recurso ante la
crisis y escenario de la propaganda de los adversarios. Pese a los
efectos negativos del veto, el “directorio mundial” que
representaban los miembros permanentes del Consejo de Seguridad y el
creciente protagonismo de la Asamblea General y del Secretario,
convirtieron a la ONU en una vital plataforma de diálogo en unos años
en los que el lenguaje internacional aparecía cargado de
connotaciones bélicas.
2.
Diferencias
ideológicas.
2.1.
El mundo occidental.
Los
norteamericanos no estaban preparados para asumir sin dilaciones el
papel de líderes en uno de los campos. La grave crisis de posguerra
en Europa, las crecientes dificultades de británicos, franceses y
holandeses en sus ámbitos coloniales y la, magnitud del poderío
militar ruso, forzandon a los políticos y militares estadounidenses a
improvisar un sistema de dominio sobre las zonas que denominaban
“mundo libre” y otro de confrontación con la esfera imperial de
sus adversarios soviéticos.
Los
políticos de Washington basaron su estrategia ante la “guerra fría”
en cinco puntos fundamentales:
-
El sostenimiento de un enorme potencial militar propio, apoyado
en un continuo esfuerzo de renovación tecnológico, que su- pusiera
una garantía para sus aliados-satélites y
contuviese al Ejército Rojo en los límites de su propia zona de
dominio imperial.
-
La ayuda económica para la reconstrucción de los países
afectados por la Segunda Guerra Mundial a cambio de amplias
facilidades para la penetración económica y política de Estados
Unidos en dichos países. Y, a la vez, el apoyo a los regímenes
democráticos conforme a los principios del mundo
libre. Esta última premisa sólo mostró su valor en algunos países
europeos, ya que, desde comienzos de los años cincuenta, los
norteamericanos favorecieron la consolidación de dictaduras
anticomunistas en zonas de interés estratégico, como la de Chiang
Kaichek en Taiwan, la de Ngo Dinh Diem en Vietnam o la de Syngman Rhee
en Corea.
-
La ayuda militar a los aliados y a los países amenazados por
la subversión comunista
mediante el envío de armamento, la cooperación técnica y financiera
e incluso el estacionamiento de tropas. La creación de su sistema de
pactos multilaterales, completado por una serie de bilaterales de los
Estados Unidos, facilitaban la cohesión del bloque al garantizar la
mutua seguridad de sus miembros.
-
El cerco militar a la URSS y a sus aliados-satélites a través
de los pactos mili- tares y de una compleja red de bases
norteamericanas en el exterior. Este cerco se completaba con el
control, por parte de Estados Unidos y otros países de su bloque de
las principales encrucijadas del tráfico marítimo: Suez, Adén,
Panamá, los estrechos del Báltico, etcétera.
-
La propagación en el mundo
libre de una ideología anticomunista bastante primaria, pero muy
eficaz, que convertía a Estados Unidos en el defensor de los
tradicionales valores de la civilización occidental frente a la barbarie
soviética.
2.2.
El mundo soviético.
Por
lo que respecta a los rusos y,
en cierto modo, a los países sometidos a su in- fluencia, la
adopción de los métodos de confrontación de la guerra
fría, como eje de su sistema de relaciones internacionales,
obedecía básicamente a dos principios.
El
primero se basaba en la firme creencia de los dirigentes soviéticos
de que el capitalismo occidental no podría superar él caos
subsiguiente a la Guerra Mundial, y que los últimos coletazos del
imperialismo agonizante supondrían una temporal amenaza para el mundo
socialista.
Un
documentado libro del economista húngaro Varga, publicado en la URSS
en 1946, y que sostenía que el sistema capitalista se estaba
recuperando rápidamente y no sufriría una crisis de crecimiento por
lo menos en una década, fue condenado como herético por las
autoridades y su autor sufrió los rigores de la “caza de brujas”
que Jdanov desarrollaba contra los intelectuales heterodoxos.
El dogma oficial de la crisis irrevocable del capitalismo de
posguerra arraigó entre los ideólogos soviéticos y todavía en 1959
el economista Nikitin escribía en un tratado de economía política
que la realidad de nuestros días viene a confirmar la conclusión a
que llegó Marx hace más de cien años acerca de que el modo de
producción capitalista estaba condenado por la historia a
desaparecer.
La
creencia de que este proceso de descomposición se aceleraba por la militarización
de la economía, que acarreaba un empeoramiento de la situación
de los trabajadores occidentales como consecuencia de la división del
mundo en dos sistemas y de la crisis y desintegración de los imperios
coloniales, contribuyó tanto como las evidentes intenciones
hegemonistas de los Estados Unidos a que la Unión Soviética entrase
de lleno en el juego de la guerra fría.
El
otro principio era de índole psicológica. A lo largo de tres décadas
la población soviética se había visto sometida a una continua presión
exterior. La intervención aliada en la guerra civil primero, el cordón
sanitario y el cerco económico después y la invasión alemana a
partir de 1941, habían desarrollado en la conciencia colectiva un lógico
complejo de autodefensa que los planteamientos de la guerra
fría no hicieron sino aumentar. No hay que olvidar que la amenaza
atómica, la cristalización de los pactos militares multilaterales o
la reconstrucción del Estado alemán fueron iniciativas occidentales
y que los dirigentes soviéticos, apoyándose en el control absoluto
de los medios de comunicación, pudieron presentarlas a un pueblo como
otras tantas agresiones que no debían dejarse sin respuesta.
Esta
sensación de amenaza se transmitió también a las democracias
populares. Las primeras acusaciones de injerencia occidental se
basaron en la resistencia de amplios sectores de la burguesía y del
campesinado al establecimiento de la dictadura de partido y a la
socialización de la economía. El parcial fracaso de los planes de
reactivación y la utilización política del Plan
Marshall por los norteamericanos fueron también presentados como
parte de una ofensiva hostil del mundo capitalista. Final- mente, la
creación en la primera mitad de los años cincuenta de un sistema de
alianzas militares que aislaba con un nuevo cordón
sanitario al bloque socialista mostró como incuestionable la
oficialización del espíritu de la guerra
fría en todo el ámbito imperial soviético.
La
URSS encaró la nueva época con una estrategia de confrontación
basada fundamentalmente en seis puntos:
-
El continuo aumento del poderío militar propio. En 1952, la
Unión Soviética dedicaba a sus Fuerzas Armadas el 80 por 100 del
gasto público y tenla en armas a cuatro millones y medio de hombres.
El fin prioritario de su política militar era superar el desarrollo
tecnológico de los Estados Unidos y, sobre todo, desarrollar un
arsenal atómico capaz de disuadir
a los occidentales de cualquier agresión frontal.
-
La formación de un bloque militar bajo coordinación soviética
en el este europeo. Aunque los rusos ocupaban militarmente desde 1944
gran parte de su glacis
occidental, desde Finlandia a Bulgaria, no creyeron oportuna la
elevación de esos países a la categoría de socios militares hasta
la aparición de la OTAN y aun así tardaron todavía seis años en
formalizar el Pacto de Varsovia.
-
El establecimiento de un sistema económico integrado, primero
a través del control de las economías de sus aliados-satélites y, a
partir de 1949, del Consejo de
Ayuda Mutua Económica - CAME o COMECON- destinado
fundamentalmente a servir los intereses del desarrollo soviético.
-
El apoyo a los movimientos pacifistas de Occidente, canalizado
a través de la Kominform desde 1948. La creación del Movimiento
de los Combatientes por la Paz y, en 1950, del Consejo
Mundial de la Paz, tenían como finalidad movilizar a la población
contra la política de rearme y de integración militar del bloque
occidental. Desde el principio, el movimiento pacifista centró sus
campañas en la denuncia de la escalada nuclear angloamericana, campañas
que alcanzaron su mayor virulencia tras la aprobación por el Consejo
Mundial de la Paz del manifiesto
de Estocolmo, un documento antinuclear para el que se llegaron a
recoger 273 millones de firmas de firmas en todo el mundo.
-
La lucha contra las disidencias internas, tanto en el caso de
los intelectuales y pacifistas soviéticos como en el de los
dirigentes nacionalistas de
los países aliados-satélites. Ello provocó las purgas de los años
1948-52 y las intervenciones rusas en Alemania Oriental, Polonia y
Hungría, si bien Yugoslavia y luego China y Albania lograron escapar
al monolítico alineamiento característico de la guerra
fría. Finalmente, el apoyo a los movimientos de liberación
afroasiáticos y en especial a aquellos en los que los comunistas
ejercían un papel dirigente.
3.
Aparición
de las super-potencias y su esfera de influencia.
3.1
Las alianzas.
Una
de las más destacadas características de la guerra fría fue la
creación de un completo sistema de alianzas de alianzas político-militares
y económicas. Sus fines eran facilitar la cooperaciónentre los países
de un mismo bloque y marcar su territorio frente a cualquier intento
expansionista del adversario.
Para
justificar su creación, las superpotencias se acogieron al artículo
51 de la Carta de las Naciones Unidas, que reconocía el derecho a la
legítima defensa individual o colectiva, y
el 52, que permitía el estable- cimiento de acuerdos regionales.
En un contexto internacional tan crispado como el de la guerra
lila, las alianzas fundamentales eran las militares, que se
extendieron por gran parte de la superficie del planeta entre los años
1947 y 1955.
Para
R. Osgood, la base de estas alianzas es un convenio formal que obliga
a los Estados a cooperar en el uso de sus recursos militares contra un
Estado o unos Estados concretos y que suele obligar a uno o más de
los signatarios a emplear la fuerza o a estudiar el empleo de la
fuerza en circunstancias estipuladas.
En
el caso de los pactos defensivos -
y todos lo eran en esa
época- no se suele
considerar la posibilidad de una agresión de un Estado miembro contra
otro y, por tanto, sólo contemplan la actuación conjunta para las
amenazas procedentes del exterior. En realidad, durante las dos décadas
que siguieron a la Guerra Mundial la posibilidad de un conflicto
armado en un bloque era muy remota, ya que las dos superpotencias
estaban en condiciones de impedir cualquier conato de enfrentamiento
entre sus aliados-satélites. Pero ellas sí que intervenían para
evitar defecciones, como hicieron los rusos en Hungría (1956) y
en Checoslovaquia (1968), o los norteamericanos en Guatemala
(1954), Cuba (1960-62) o la República Dominicana (1965). Eran unas,
alianzas en las que resultaba fácil entrar, pero prácticamente
imposible salir, por cuanto el abandono de¡ bloque implicaba siempre
la sospecha de colaboración con el adversario.
Durante
la guerra fría, el campo
socialista era muy compacto territorialmente. En Europa, sus fronteras
estaban marcadas por el límite de la ocupación militar rusa - con la
excepción de Austria y la inclusión de Albania - y formaban lo que
los occidentales llamaban el telón
de acero. En Asia, Mongolia, China y la mitad septentrional de
Corea y de Vietnam se situaban a mediados de la década de los
cincuenta en la órbita soviética.
En
todo este conjunto territorial, que iba desde el Báltico al golfo de
Tonkín, los rusos establecieron una única alianza militar
multilateral, el Pacto de
Varsovia, que incluía sólo a las democracias
populares europeas, y un sólo sistema económico, el CAME o
CC)MECON, también de ámbito europeo, pero que luego se extendería a
Mongolia, Cuba y Vietnam.
El
planteamiento norteamericano del sistema de alianzas fue muy distinto.
Como herederos del poderío mundial europeo, los estadounidenses añadieron
a su tradicional dominio sobre Iberoamérica nuevas responsabilidades
en Asia, en África y en la propia Europa. Hacia 1955, casi tres
cuartas partes del mundo estaban alineadas, de un modo u otro, en el
campo que lideraba Estados Unidos.
Los
políticos de Washington no recurrieron a un pacto global, impensable
en un conjunto tan variado y cambiante como era su zona de dominación,
sino que alentaron la creación de cinco alianzas “regionales” en
las que los Estados Unidos compartían los honores estelares con su
principal socio europeo, el Reino Unido. Las alianzas abarcaban la América
del Centro y del Sur (Organización de los Estados Americanos), Europa
y América del Norte (Organización del Tratado del Atlántico Norte),
el Próximo y Medio Oriente (Pacto de Bagdad, sustituido por la
Organización del Tratado Central), el Asia Sudoriental (Organización
del Tratado del Sudeste Asiático) y el Pacífico meridional (Pacto de
ANZUS).
A este sistema, que poseía un claro propósito de continuidad
estratégica, se sumaban los acuerdos
bilaterales firmados por los Estados Unidos (Taiwan, Japón,
Corea, España, etcétera) y los
todavía importantes imperios coloniales de sus aliados-satélites
europeos.
En
el plano político y económico,
el bloque occidental sufrió un proceso de integración mucho menos
acentuado que su adversario. Pese a que en algunas regiones como
Europa occidental o Latinoamérica los mecanismos de integración
experimentaron un gran empuje a lo largo de los años cincuenta y
sesenta, muchas organizaciones regionales - la Liga
Arabe, el Consejo Nórdico, el Grupo de Colombo, etcétera -
escapaban al ámbito de actuación del bloque, mientras que las
restantes poseían un alcance regional más reducido que los pactos
militares o poseían unos fines de alcance muy limitado.
La
aparición y el desarrollo de estas organizaciones supranacionales
tuvieron una gran incidencia en los planteamientos de la guerra
fría, y que incluso trascienden los límites de ese período para
prolongar en algunos casos su actuación hasta nuestros días.
3.2.
América.
El
continente americano era un campo tradicional de dominio de los
Estados Unidos, con la cada vez menos firme excepción de las colonias
europeas y de los miembros de la Commonwealth. Desde la formulación
de la doctrina Monroe, en
1823, los norteamericanos hablan considerado toda el área de Iberoamérica,
y sobre todo el Caribe, como zona de seguridad nacional y de expansión
imperial. A las frecuentes intervenciones militares se había añadido,
en 1890, la Unión
Panamericana, creada para fortalecer el proceso de integración
política y económica del Continente bajo la hegemonía
norteamericana.
En
los preludios de la guerra fría,
los estrategas de Washington comenzaron a considerar la necesidad
de auspiciar un acuerdo militar que no sólo previniese agresiones de
potencias no continentales, sino que facilitase la lucha contra los
progresos del comunismo en los países americanos.
Aunque
ya en febrero de 1945 los miembros de la Unión Panamericana hablan
establecido mediante el acta de
Chapultepec el principio de la
defensa conjunta de los Estados americanos contra la agresión
exterior, no se planteó un pacto formal hasta 1947. En el mes de
agosto de ese año, los cancilleres de la Unión se reunieron en la
localidad brasileña de Petrápolis, cercana a Río de Janeiro. La
iniciativa de la Conferencia se debía a Arthur H. Vanderberg, uno de
los idet5logos norteamericanos de la guerra
fría, quien temía la aparición del comunismo en América si las
naciones del Continente continuaban apartándose entre sí.
Apenas
iniciadas las sesiones, la delegación estadounidense presentó una
propuesta de Tratado que contemplaba la ayuda militar - intervención
incluida - a aquellos países que se vieran amenazados por el
comunismo. La resistencia de la mayoría de los delegados a sancionar
lo que parecía una entronización de la política
de la cañonera forzó una cláusula que estipulaba que la
intervención sólo se efectuaría por acuerdo de todos los países
miembros. La firma del Tratado
Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) cerró las sesiones
de la Conferencia de Río el 2 de septiembre. Un año después, la Unión
Panamericana
fue
sustituida por un organismo mucho más operativo, la Organización
de Estados Americanos (OEA), creada en la Conferencia de Bogotá y
que perfeccionaba el sistema de seguridad colectiva del TIAR,
acordando un arbitraje obligatorio entre los países miembros y
estableciendo una organización permanente tanto con fines políticos
como militares.
Completando
el pacto continental -aunque Canadá no se adhirió a él- se
articularon en años sucesivos diversos acuerdos de carácter regional
como el Consejo Interamericano
Económico y Social (CIES), de 1949; la
Asociación Latinoamericana de Libre- cambio (ALALC), de 1960-1 el
Mercado Común Centroamericano (MCCA),
del mismo año, o la Organización
de Estados Centroamericanos (ODECA), de 1952. Unos acuerdos
militares con Canadá (1947) y con Dinamarca sobre la utilización de
bases en Groenlandia (1951) completaron el sistema continental
americano de los años de la guerra
fría.
3.3.
Europa Occidental
Esta
región estaba destinada a convertirse en el más importante aliado de
los Estados Unidos en su confrontación con la Unión Soviética,
tanto por su potencial económico y su valor estratégico como por la
extensión de sus dominios coloniales y su influencia moral en muchas
zonas del globo.
La
doctrina Truman, enunciada
en marzo de 1946 ante el peligro que representaba la presión soviética
sobre Grecia y Turquía, puso de relieve el interés norteamericano en
potenciar la recuperación económica de Europa. Países de la
importancia de Francia, Italia o Austria podían caer en la esfera de
influencia rusa de persistir las condiciones de miseria y
estancamiento económico, que otorgaban un creciente protagonismo a
sus partidos comunistas.
Para
George Kennan era evidente que los dirigentes rusos estaban políticamente
interesados en que las economías de los países de la Europa
occidental fracasasen bajo cualquier liderazgo que no fuese el
comunista. Fue el propio Kennan, por encargo del secretario de Estado,
general Marshal, quien desde una oficina de planificación creada en
mayo de 1947 trazó las líneas maestras del Plan de Reconstrucción
Euro- pea o Plan Marshall. El diplomático basó su trabajo en tres
puntos.
a)
Establecer el principio de que los europeos debían tomar la
iniciativa en la preparación de un programa y asumir la
responsabilidad central de] mismo.
b)
La insistencia en que la oferta debía hacerse a toda Europa;
si alguien había, de dividir el continente europeo serían los rusos
con su respuesta, no nosotros con nuestra oferta.
c)
El énfasis decisivo puesto en la rehabilitación de la economía
alemana y la introducción de] concepto de la recuperación alemana
como componente vital de la recuperación de Europa en general.
Conforme
a los propósitos de Kennan y de Marshall, la ayuda se canalizó a
través de una institución europea, la Organización Europea de
Cooperación Económica (OE- CE), creada en París en 1948 y
precedente de la actual OCDE. Dos políticos pronorteamericanos, el
laborista británico Ernest Bevin y el democristiano francés Georges
Bidault, se encargaron de patrocinar el Plan en una conferencia
europea celebrada en París en julio de 1947, a la que se invitó a
todos los países del Continente, con excepción de España.
La
URSS, que participó en la reunión, se negó a sumarse al Plan
alegando que se trataba de una maniobra de ciertas grandes potencias y
que los países que lo aceptasen hipotecarían su independencia.
Checoslovaquia y Polonia, que en principio acogieron favorablemente la
oferta norteamericana, fueron aconsejadas para que retirasen su adhesión,
al igual que las restantes democracias
populares.
No
se puede menospreciar la ayuda prestada por los Estados Unidos a la
reconstrucción de la Europa occidental. Entre 1948 y 1952, el Plan
Marshall aportó casi 13.000 millones de dólares a un total de
dieciséis países, de los cuales 9.000 lo fueron a fondo perdido.
Gran Bretaña recibió 3.421 millones; Francia, 2.753; Italia y
la Alemania occidental se aproximaron a los 1.500 millones y
otros países europeos cantidades menores.
Esta
ayuda económica no era, desde luego, altruista. Europa tuvo que
reconocer la hegemonía de Estados Unidos en el campo militar, sumándose
así a la dinámica dé la guerra
fría, alejar del poder a los partidos comunistas, suprimir sus
relaciones con la parte oriental del Continente y acomodarse al
proceso de regionalización que
favorecían los norteamericanos en todas partes.
Aunque
ya existían desde hacía tiempo tendencias federalistas en Europa, la
política estadounidense las estimuló indirecta- mente. Al amparo del
esfuerzo común de reconstrucción propiciado por el Plan
Marshall, la Unión Europea de Federalistas, la Liga Europea de
Cooperación Económica y otras entidades privadas invitaron a los
Gobiernos a coordinar sus políticas económicas.
En
noviembre de 1947 se firmó el Protocolo de la Unión Económica de Bélgica,
Holanda y Luxemburgo
(BENELUX), que abría paso al proceso de integración económica de
los países europeos. La declaración
Schumann, de abril de 1950, dio vida a la Comunidad
Europea de] Carbón y de] Acero (CECA) y, ya en 1958, los Tratados
de Roma prepararon el camino a la Comunidad
Económica Europea, llamada en su primera etapa Mercado
Común Europeo.
En
el terreno político, un primer paso fue la constitución del Consejo
de Europa, que incluía en principio a diez países y que abrió
sus sesiones en mayo de 1949. Por lo que respecta al terreno militar,
la primera alianza europea de la posguerra era aún heredera de la
Guerra Mundial: fue el pacto franco-británico de Dunkerque, de marzo
de 1947, contra un futuro rearme de Alemania. Pero la lógica de la guerra
fría se abría paso ya por el Continente y, un año después, el
17 de marzo de 1948, los países del BENELUX, Francia y Gran Bretaña
creaban, por el Tratado de
Bruselas, una organización militar destinada a la protección
mutua de los Estados signatarios ante cualquier amenaza procedente de
Alemania o de la Europa oriental. Con la creación de la OTAN y la
formalización del proyecto de la Comunidad
Europea de Defensa, que con- templaban la integración militar de
Alemania en el marco europeo, el Tratado de Bruselas perdió gran
parte de su importancia.
Los
orígenes de la Organización
del Tratado del Atlántico Norte se remontan a la doctrina
Truman y a la resolución
Vandenberg, aprobada por el Senado norteamericano el 2 de junio de
1948 y en virtud de la cual los Estados Unidos se comprometían a
favorecer acuerdos regionales de
índole colectiva para la
defensa propia, individual y colectiva. Convenientemente
vinculadas al Plan Marshall, las
iniciativas de Truman y de Vandenberg ejercieron un atractivo
irresistible sobre los Gobiernos de la Europa occidental, atractivo
incrementado por la alarma que sembraron en las capitales europeas las
maniobras rusas de bloqueo de Berlín y el papel jugado por los
comunistas checos en el golpe
de Praga.
Las
negociaciones de los norteamericanos con los europeos a las que se
agregó Canadá- culminaron con la firma del Tratado
de Washington, de 4 de abril de 1949, y con la creación de una
organización permanente de defensa, la OTAN, en la que se integraron
los cinco miembros del Tratado de Bruselas, Portugal, Italia,
Islandia, Noruega, Dinamarca, Estados Unidos y Canadá. Grecia y Turquía
se adhirieron en 1952, y en 1955 se admitió a la República Federal
Alemana.
De
acuerdo con su carácter regional, el Tratado limitaba su ámbito de
actuación a Europa y América del Norte y comprometía a sus miembros
en una defensa integrada en
caso de un ataque armado contra uno o varios de ellos. Pese a esta
restricción, la OTAN contó pronto con una organización muy
compleja, que incluía un Consejo
de Ministros de Defensa, un Comité
de Planificación, una
Secretaría, diversas secciones de planificación y estudio y una
gran variedad de mandos militares de zona, terrestres, marítimos y
aéreos.
Pero
los europeos no renunciaban a crear su propio sistema de seguridad y
de control de armamentos. En 1950 el jefe del Gobierno francés,
René Pleven, lanzó un plan para constituir una Comunidad
Europea de Defensa (CED), integrada en la superestructura de la
OTAN y que colocarla bajó una dirección común al nuevo Ejército de
la RFA.
El
proyecto de la CED --que mostraba los recelos franceses ante la
recuperación militar de su vecino-- fue acogido con frialdad en
Estados Unidos y provocó una violenta reacción de los partidos
comunistas europeos y de los gaullistas franceses, resueltos estos últimos
a vetar la formación del Ejercito germano-occidental. El Tratado se
firmó el 27 de mayo de 1952, pero la negativa de la Asamblea Nacional
gala a ratificarlo dos años más tarde impidió que la CED cobrase
vida.
3.4.
Próximo y Medio Oriente.
La
región comprendida entre el Nilo y el Indo poseía a mediados de los
años cuarenta un valor estratégico que el tiempo no ha hecho sino
acrecentar. Su proyección geográfica sobre el Mediterráneo orienta¡
y sobre el Asia central, zonas de continua fricción durante la guerra
fria, las enormes reservas de petróleo acumuladas en el área -
un 63 por 100 del total mundial a finales de los años cincuenta- y la
creciente importancia del Canal de Suez y del Golfo Pérsico como
nudos de comunicaciones marítimas, conferían al Próximo Oriente un
destacado lugar en los planes estratégicos de los dos bloques.
Al
concluir la Segunda Guerra Mundial, el creciente despertar del
panarabismo en la región hacía retroceder al viejo imperialismo
europeo mientras la URSS se disponía a jugar la carta de¡
nacionalismo para ganar partidarios. Los norteamericanos respetaron el
papel tutelar de franceses y británicos sobre los conservadores regímenes
árabes hasta que, tras la definición de la doctrina
Eisenhotver, en 1957, se decidieron a aplicar directamente una política
de contención en el Próximo
Oriente. Para entonces, los soviéticos disponían ya de tres
importantes peones en la zona.
En
Siria, cuya independencia habla sido reconocida por Francia en 1944,
las divisiones étnicas y religiosas y la carencia de unas estructuras
políticas previas provoca- ron una continua inestabilidad. Al
contrario que Líbano, Siria se despegó muy pronto de la influencia
francesa y, bajo el régimen dictatorial del coronel Shishakly, se
enfrentó a los reinos probritánicos de Iraq y Jordania.
La
revolución nasserista en Egipto animó aún más, si cabe, el
antioccidentalismo de Damasco y, tras la crisis de Suez, ambos países
se fundieron en la República Árabe Unida (1958), fusión que sólo
se mantuvo tres años. La subida al poder del partido nacionalista de
izquierda Baath, en 1963, alineó definitivamente a Siria junto a la
Unión Soviética, de, quien recibía ayuda militar y
técnica desde 1956.
Otro
país que escapó pronto a la inurgencia europea fue Egipto.
Formalmente independiente desde 1922, un tratado firmado en 1936 otorgó
a los ingleses el control de¡ Canal de Suez durante veinte años. El
régimen despótico del rey Faruk y
su sumisión a los intereses británicos provocaron un movimiento
militar de orientación nacionalista que proclamó la república en
1953. La subida al poder un año después de Gama¡ Abdel Nasser
supuso la paulatina ruptura de relaciones con los occidentales, que
culminó en la crisis de Suez de 1956. A partir de entonces, Egipto -
unido a la prosoviética Siria entre 1958 y
1961- estrechó sus lazos con el bloque socialista, del que recibía
armas, consejeros y ayuda técnica. El nasserismo,
ideología panarabista y revolucionaria,
se había convertido ya en una pesadilla para los Gobiernos
pro-occidentales de la región.
La
de Iraq fue, quizá, la defección más dolorosa para Occidente.
Gobernado, al igual que Jordania, por la dinastía hachemita, era uno
de los más firmes aliados del Reino Unido, que controlaba sus riquísimos
yacimientos petrolíferos. En 1958, un golpe de Estado encabezado por
el general Abdul Kárim Kassem terminó con la vida del rey Faisal 11 y
dio paso a la República. La dicta- dura de Kassem, considerado,
no sin razón, un peón soviético por Occidente, fue breve: cayó víctima
de otro golpe, pro-nasserista, en 1963. Su sucesor, el coronel Aref,
relajó los lazos de dependencia con la Unión Soviética, pero
mantuvo estrechos vínculos con los regímenes de Siria y Egipto.
Aunque
el establecimiento de Gobiernos nacionalistas en estos tres países
perjudicó notablemente los intereses occidentales en la zona, la
inmensa mayoría de los Estados del Próximo Oriente permanecieron
alinea- dos con el oeste a lo largo de todo el período de la guerra
fría.
El
establecimiento de un sistema regional
de seguridad fue iniciativa de los Estados Unidos, pero su dirección
la asumió, en un principio, Gran Bretaña, potencia que aún atendía
a su papel de gendarme en
la zona. En febrero de 1955, y a invitación del entonces secretario
de Estado norteamericano, John F. Dulles, Turquia e Iraq suscribieron el
Pacto de Bagdad, estableciendo una organización defensiva, a la
que pronto se sumaron Gran Bretaña, Irán y
Pakistán.
Este
sistema, de vital importancia por cuanto amenazaba a la URSS en sus
fronteras meridionales y garantizaba el control occidental de los
yacimientos petrolíferos de la región, enlazaba con la OTAN y la
OTSEA a través de Turquía y Pakistán. Lo completaban los acuerdos
defensivos firmados por Gran Bretaña con Jordania y los Emiratos de
la península Arábiga.
El
golpe de Estado de Kassern supuso la retirada de Iraq del Pacto e
introdujo un peligroso actor de inestabilidad en el Próximo Oriente.
Un Iraq aliado a la URSS o a Egipto no sólo rompía la continuidad
del sistema de alianzas, sino que introducía una peligrosa cuña en
una zona vital para la economía y la defensa de Estados Unidos y de
Europa. El secretario de Estado DuUes decidió entonces la intervención
directa de su país. El Pacto se transformó en la Organización
del Tratado Central - conocida por sus siglas inglesas, CENTO- y
los norteamericanos, que en virtud de su apoyo a Israel no gozaban de
muchas simpatías entre los países de la zona, se limitaron a
apoyarla mediante la firma de acuerdos bilaterales de defensa con
Turquía, Irán y Pakistán, conforme a los principios de la doctrina
Eisenhower.
Al
contrario que la OTAN, la CENTO no disponía de una organización
militar permanente, aunque poseía un Estado Mayor conjunto - cuya
dirección asumió a partir de 1961 un militar norteamericano- y de
una serie de Juntas: Económica,
Miditar y Anti- subversiva. En Ankara tenía su sede el Consejo
de Ministros de la organización.
Al
margen de su inclusión como observador en el CENTO, Estados Unidos
completó sus acuerdos
regionales de defensa median- te pactos con Israel --julio de 1952- y
con Egipto - abril de ese año-, aunque este último quedó
virtualmente en suspenso tras la llegada de Nasser al poder. Hasta
1962, los norteamericanos dispusieron de la base aérea de Dharhan, en
Arabia Saudita.
3.5.
Asia Oriental.
La
conquista japonesa alteró profundamente la vida de esta región. A su
amparo se potenciaron los movimientos anticolonialistas y
aparecieron Gobiernos nacionalistas en las Indias Holandesas, en
las Filipinas y en Birmania. El regreso de los europeos, una vez
concluida la guerra, provocó fuertes resistencias en casi todas
partes, y en Vietnam y
en Java obligó al uso de la fuerza.
Un
importante sector de los movimientos nacionalistas estaba influido por
el comunismo. La critica al orden colonia¡, la exaltación de la
lucha popular y la resistencia que las potencias coloniales oponían a
los nacionalistas eran elementos utilizables por la Unión Soviética
para minar el poder mundial del bloque norteamericano. A partir de
1945, y, sobre todo, tras el triunfo de la Revolución en China, la
guerrilla comunista se convirtió en una constante en la vida del
sureste asiático.
El
proceso descolonizador fue traumático en la mayor parte de los países
de la zona, en especial en la Indochina francesa, donde se libraría
una verdadera guerra entre 1946 y
1954. Estados Unidos, en 19461- Gran Bretaña, a partir de 1948;
Holanda, en 1949, y Francia,
en 1954, tuvieron que otorgar la independencia a sus colonias y
protectorados. Aunque la presión comunista se acentuó en la región
a partir de los levantamientos de 1947-48, sólo uno de los nuevos
Esta- dos, Vietnam del Norte, se alineó con el bloque socialista. En
los restantes, las viejas oligarquías o las nuevas élites
nacionalistas mantuvieron firmes lazos con las antiguas metrópolis o,
todo lo más, evolucionaron hacia posiciones de no
alineamiento, que encontraron un camino de franca expansión en la
Conferencia de Bandung (Indonesia), en 1955.
La
guerra civil china (1945-49) constituyó el primer conflicto de
dominación entre las dos
superpotencias en el Asia oriental. Aunque esta contienda, en la
que los norteamericanos se volcaron inútilmente en ayuda del
Kuomintang, no debería ser considerada, en propiedad, corno un
episodio típico de la guerra
fría, constituyó la primera derrota de la estrategia
norteamericana de la posguerra. Fue un hecho de incalculables
consecuencias para los pueblos de Asia y abrió una nueva era en la
política internacional de Estados Unidos.
A
los ojos del mundo, la Unión Soviética apareció como la gran
triunfadora de la guerra. Pese a que Stalin habla mantenido su alianza
con Chiang Kachek hasta el último momento y
había negado cualquier ayuda a sus correligionarios, éstos
hicieron pública profesión de acatamiento al liderazgo soviético y
se situaron abiertamente en el campo socialista. El tradicional
equilibrio de poderes experimentó desde entonces una transformación
en el Lejano Oriente.
Convencidos
de que los rusos intentarían agrandar la brecha abierta en China al
bloque occidental, los norteamericanos comenzaron a adquirir
compromisos militares en Extremo Oriente apenas iniciada la guerra de
Corea y cuando el proceso descolonizador aún no se había cerrado. En
abril de 1951 firmaron con Filipinas un acuerdo de defensa mutua que
revalorizaba las importantes bases militares que Washington mantenía
en el archipiélago. En septiembre de ese mismo año se concertó en
San Fran- cisco (California) un pacto tripartito entre Australia,
Nueva Zelanda y Estados
Unidos (ANZUS), que incluía
en su radio de acción a casi todo el Pacífico meridional.
Tras
el armisticio de Corea', las gestiones para el establecimiento de un
sistema regional de defensa se aceleraron, animadas también por el
desastre francés en Indochina. En octubre de 1953, el Gobierno de
Corea del Sur se vinculó a sus protectores estadounideses mediante un
pacto bilateral. Un año después, en diciembre de 1954, se firmó el Tratado
de Manila, por el que se creaba la Organización
del Tratado del Sudeste Asiático (OTSEA), en la que se integraron
Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Australia, Nueva Zelanda,
Pakistán, Filipinas y Tailandia. El Pentágono completó el
cordón sanitario en la zona mediante pactos bilaterales con la
China nacionalista -diciembre de 1954-, con Japón -con quien ya había
firmado un primer acuerdo de defensa en 1951- en enero de 1960 y
con Vietnam del Sur al año siguiente.
La
OTSEA, que incluía en su ámbito regional y
en sus garantías defensivas a Camboya, Laos y Vietnam del Sur, países
no signatarios del Pacto, carecía de organización militar, aunque
comprometía a cada una de las partes a acudir en socorro de las demás.
Su creador, DuHes, basó el sistema en la capacidad norteamericana de ejercer
la disuasión (por) nuestro poder móvil para asestar un golpe y
en el común propósito de los firmantes de luchar contra la subversión
comunista en el interior de sus territorios.
La
alianza disponía de un Cuerpo
de Consejeros Militares, que asesoraba a los Ejércitos miembros
de un reducido Estado Mayor
permanente y contaba con
un presupuesto para la lucha antisubversiva. Pero su auténtica fuerza
residía en el cinturón de bases angloamericanas que, desde Singapur
a Japón, bordeaban todo el flanco sur del bloque socialista, y
en la presencia de la VII Flota estadounidense, con base en
Manila.
3.6.
El bloque socialista.
La
URSS salió enormemente engrandecida de la Guerra Mundial. Anexionó a
su territorio 684.000 kilómetros cuadrados, con más de 24 millones
de habitantes. Sus tropas ocupaban total o parcialmente diez países,
incluidas zonas de Alemania y Austria y la provincia china de
Manchuria. Pero casi cinco años de guerra la habían arruinado económicamente.
Stalin sabía que no debía hipotecar el futuro de la nueva potencia
mundial aceptando ayuda occidental. En consecuencia, los dirigentes
soviéticos iniciaron un proceso que tendía a hacer de su zona de
ocupación europea una única región integrada, tanto política como
militar y económicamente, a modo de glacis
protector contra los inevitables envites del convulso capitalismo
de la posguerra.
A
lo largo de tres años, los países de la Europa oriental fueron
acomodando sus estructuras a las nuevas condiciones de las democracias
populares. Tras un periodo de pluralismo político en el que se
realizaron elecciones parlamentarias más o me- nos libres, se procedió
a eliminar a la oposición y a institucionalizar el control de los
partidos comunistas sobre sus aliados frentepopulistas. Estos cambios
políticos iban acompañados de la nacionalización de los principales
recursos económicos y de la elaboración de los primeros planes a
corto plazo.
Los
rusos basaron su sistema de dominación en la permanencia del Ejército
Rojo más allá de sus fronteras, desde Porkkala, en Finlandia, hasta
las proximidades del Egeo, y en la explotación económica de sus
aliados-satélites, tanto mediante el desmantelamiento de fábricas y
su traslado a territorio soviético - caso de la Alemania oriental-
como a través de la creación de sociedades mixtas que permitían a
los soviéticos, a cambio de créditos, obtener sustanciosos
beneficios de la recuperación económica de sus vecinos. Esta
explotación no se realizaba, sin embargo, bajo una coordinación de
bloque y sus planteamientos y resultados variaban mucho de un país a
otro.
La
oferta del Plan Mershall cogió
desprevenidos a los rusos, que tuvieron un momento de vacilación.
Polonia y Checoslovaquia se apresuraron entonces a adelantar su adhesión,
que tuvieron que retirar cuando Molotov, a su vuelta de la Conferencia
de París, denunció el Plan
Marshall como una maquinación imperialista de los Esta- dos
Unidos.
No
obstante, el rechazo de la ayuda norteamericana dejaba al bloque
socialista en una situación muy difícil. Imposibilitados por idénticas
razones para restaurar las relaciones económicas con Europa
occidental, los dirigentes soviéticos se vieron en el compromiso de
acelerar el proceso de integración de sus aliados-satélites para
organizar un sistema lo más autárquico posible.
Fue
el propio Molotov quien lanzó el plan que lleva su nombre y que
establecía las bases para un organismo de cooperación económica en
la Europa oriental. El proceso de integración se realizó en dos
fases. En 1947-48 las democracias populares concertaron acuerdos
comerciales y tratados de amistad y cooperación entre sí y con la
Unión Soviética. Luego, en enero de 1949, se creó en Moscú el Consejo
de Ayuda Mutua Económica, CAME, también conocido por sus siglas
inglesas, COMECON, o rusas, SEV.
Lo
integraban la URSS, Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumania y
Bulgaria. Posteriormente ingresaron Albania, la República Democrática
Alemana, Mongolia, Cuba y Vietnam. El Consejo, que sólo alcanzó un
grado aceptable de actividad a partir de 1954, se convirtió en un
organismo de coordinación de las políticas de sus Estados miembros a
través de la elaboración de planes quinquenales, el establecimiento
de acuerdos de clearing y
la creación de entidades autónomas como el Banco Internacional de
Cooperación Económica, fundado en 1965. Aun así, el CAME no
estableció un sistema de desarme arancelario como el de la CEE.
La
alianza militar se hizo esperar aún seis años. Moscú se contentaba
con mantener tropas estacionadas en el territorio de sus aliados-satélites
de acuerdo con los tratados de paz de 1947 y
de los posteriores acuerdos de cooperación. Los diferentes Ejércitos
nacionales de las democracias
populares sumaban casi millón y medio de hombres, pero carecían
de una coordinación general y
no ofrecían garantías a los militares soviéticos en caso de un
conflicto continental.
La
entrada de la República Federal Ale- mana en la OTAN varió la
situación, por cuanto el bloque occidental establecía por primera
vez contacto fronterizo con los países socialistas en Centroeuropa.
De la convocatoria de la Conferencia de Varsovia, en mayo de 1955,
salió el Tratado unilateral que daba vida a la Organización
de] Pacto de Varsovia, integrada por la UROS y
sus siete aliados-satélites europeos.
El
Pacto estipulaba la mutua ayuda entre sus miembros en
caso de una agresión armada en Europa y
las consultas sobre todos
los asuntos internacionales de importancia que afecten a sus intereses
comunes. La Organización se estructuraba a partir de un Comando
Militar Conjunto y un Comité
Consultivo Político.
El
Pacto de Varsovia fue inoperante en sus primeros años. La prioridad
de¡ rearme soviético y los
sucesos de 1956 en Polonia y Hungría retrasaron el proceso de
integración de la alianza, que sólo a finales de los años sesenta
comenzó a contar con un sistema orgánico adecuado: Comité
permanente de ministros de Defensa, Comité
Técnico, Consejo Militar, etcétera. Aun así, desempeñó un
importante papel en la política soviética de disuasión durante los
últimos años de la guerra
fría.
Al
contrario que en Europa oriental, la política soviética en Asia
durante este período fue muy vacilante, aunque eventual- mente obtuvo
importantes éxitos en su confrontación con Estados Unidas.
Ligada
al Kuomintang por una alianza, la URSS apenas colaboró con los
comunistas durante la guerra civil china y siguió reconociendo al régimen
de Chiang-Kaichek hasta el último momento. Sólo el 2 de octubre de
1949 se decidió el Kremlin a romper con los nacionalistas y a
reconocer a la Re- pública Popular China. En febrero de 1950 se firmó
en Moscú un Tratado de
amistad, alianza y asistencia mutua entre los dos países, al que
siguieron otros sobre cuestiones concretas en Manchuria y
Port Arthur. Desde entonces las relaciones chino-soviéticas se
vieron envueltas en la contradicción que suponía la identidad entre
los partidos gobernantes y la
disparidad de intereses de los Estados. Con el inicio de la,
desestalinización, en 1956, se abrió un proceso de deterioro de las
relaciones que culminó tres años después con la ruptura entre Pekín
y Moscú.
Tanto
en el Próximo Oriente como en el Asia central y
sudorientas, los soviéticos practicaron durante los años
cincuenta una política extremadamente prudente. Tras el fracaso de
los levantamientos guerrilleros de los últimos años de la década
anterior y el patinazo que
supuso la crisis de Irán, el Kremlin sólo se comprometió en las
guerras de Corea a Indochina y
aún así se limitó al envío de armamento y
a estimular el apoyo más activo de los chinos. Habría que
esperar hasta 1961, cuando la coexistencia pacífica comenzaba a ser
una realidad, para que la Unión Soviética se decidiera a firmar un
tratado de alianza militar con Corea del Norte.
4. Evoluciones mundiales de la guerra
fría.
4.1 Truman y la política de contención (1946-1953).
Churchill
reconocía en 1946 la evidencia del control soviético en buena parte
de los Estados de Europa central y oriental, detrás de lo que denominó
telón de acero.
En 1946, bajo la presión de la ONU, la Unión Soviética tuvo
que retirar sus tropas de Irán, donde estaban desde 1941. No
obstante, exigió el reconocimiento de la República Popular de
Azerbaján, que pasaba a integrarse en la Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas. Sin embargo Stalin vio frustrado su proyecto
de instalar bases en los Dardanelos, una vieja aspiración de la Rusia
zarista.
Después de las peticiones de los dirigentes occidentales, el
Presidente de Estados Unidos, Truman, en discurso pronunciado ante la
Cámara del Congreso, en Marzo de 1947, anunciaba el cambio de la política
exterior de su país. En realidad fue un acto formal. La intervención
de Estados unidos en la II Guerra Mundial, había roto su política de
distanciamiento de los asuntos europeos. La primera potencia mundial
no pudo considerar esa participación como un paréntesis y retraerse
del nuevo orden, que en gran medida había gestado. Lo que podemos
llamar la doctrina Truman se concretó en el principio de contención
del comunismo; así lo demostró en Grecia.
Desde 1946 los británicos luchaban en apoyo de la economía
helena contra la guerrilla comunista, el Ejército
democrático Griego (ELAS). El cierre de la frontera yugoslava a
este movimiento, tras la ruptura de Tito con Moscú en 1948, y el envío
de la VI Flota americana al Egeo
-aunque no actuó directamente- significaron la salvación: el
apuntalamiento de la corona griega. La Unión Soviética veía
frustrado su intento de controlar el Egeo y los Balcanes con la
instalación en Grecia de una República Popular. En contrapartida
Estados Unidos recogían de los británicos, con graves problemas económicos,
el control del Mediterráneo y
del Próximo Oriente.
En Junio de 1947, el Plan Marshall nacía como una importante
iniciativa dentro de la política
de contención. Su alcance económico no estaba exento de
implicaciones políticas. El colaborador de Stalin, Andrei Jdanov,
condenó la iniciativa americana: “El imperialismo americano se
esfuerza, como un usurero, en explotar las necesidades de posguerra de
los países europeos. Pero tal control económico entraña una
dependencia política del imperialismo americano” (Septiembre de
1947).
El Plan Marshall, como hecho eminentemente económico –
aunque no exclusivo en su alcance -, fue el disparador histórico de
la Guerra Fría. Polonia y
Checoslovaquia, aceptaron la ayuda económica norteamericana. Stalin,
que no podía consentir fisuras en su bloque, las obligó a retirarse.
Como respuesta al plan norteamericano, la Unió Soviética,
arruinada por la guerra, tomó iniciativas. La primera crear una
solidaridad ideológica con sus países satélites. La Oficina de
Inteligencia Soviética (Kominform) velaría por su cohesión. Luego,
ya en 1949, se configura el COMECOM o CAME, estructura económica autárquica,
cuyo objetivo básico y real era el desarrollo económico de la Unión
Soviética, a través del control de los países miembros. A veces se
presentó como un mercado común.
La sovietización del Este se reafirma por estas dos vías, que
tratan de eliminar cualquier influencia norteamericana en la zona. Si
1947 es considerado, casi unánimemente, el año de la ruptura entre
Estados Unidos y la Unión Soviética, 1948 se convirtió en el primer
año de la Guerra Fría.
4.2. El golpe de Praga.
Después de 1946 Checoslovaquia estuvo regida por gobiernos de
coalición. En 1947 aceptaba el plan Marshall, pero fue obligada por
la Unión Soviética a la renuncia. El clima de intransigencia
comunista desembocó en el Golpe
de Praga (1948), que significaba la formación de un gobierno
comunista, la eliminación violenta de la oposición política, la
destitución del presidente de la República –demócrata y
proooccidental- y, por último, se hacía Moscú con el control de la
economía más prospera de los países del Este europeo.
4.3
La crisis de Berlín.
Uno de los acuerdos adoptados en la Conferencia de Postdam
(1945), dividió a Alemania en
cuatro zonas de ocupación.
Como efecto de la política de vigilancia mutua a que se sometían
las dos superpotencias, nació en la idea en americanos, británicos y
franceses, de dotar de una Constitución a Alemania Occidental,
dividida en tres partes desde 1945 y a las ¾ partes de Berlín que
estaban en su poder. La meta teórica era la reunificación de toda
Alemania, en realidad conocían la postura de la Unión Soviética
contraria a este fin. A lo más que aspiraban era a la reunificación
de sus territorios, y conseguir de esta manera un Estado
Tapón, poderoso y coaligado a las potencias occidentales, frente
al empuje soviético.
La creación de un Banco estatal único y la aparición del
marco como unidad monetaria, en junio de 1948, tuvieron en Moscú una
respuesta contundente: el bloqueo terrestre del Berlín occidental, el
día 24 del mismo mes. La medida llevó a norteamericanos y británicos
a tender dos puentes aéreos militares de abastecimiento a Berlín
Oeste. El primero desde Francfort, el segundo desde Hannover. A estos
sumaba un tercero de carácter civil desde Hamburgo. Truman amenazó a
Stalin con la guerra si esta ayuda era interceptada. Mientras tanto el
mundo observaba estremecido la movilización de los ejércitos de
ambos bloques y el posterior desarrollo de los acontecimientos. El 12
de Mayo de 1949 Stalin decidió el final del bloqueo. Durante este
tiempo, una media de 1400 vuelos diarios abastecieron al Berlín
Occidental de todo lo necesario.
En Mayo de1949 nació la República Federal Alemana (RFA) y los
soviéticos, a su vez, proclamaron la República Demócrata Alemana
(RDA), en Octubre. Dos acontecimientos geopolíticos de extraordinario
magnitud en la agudización de la Guerra Fría.
4.4. La guerra de
Corea.
La salida de Yugoslavia del bloque comunista (1948) pronto se
vio contrapesada con el ascenso de Mao-Tse-Tung a la jefatura de
China (1949).
La retirada japonesa del territorio chino, después de la II
Guerra Mundial dio paso a un conflicto civil (1945-1949), que enfrentó
al partido liberal chino Kuo Ming-Tang de Chiang Kai-Check, con el
comunista de Mao. Tras los intentos fracasados de un gobierno de
coalición, se produjeron las primeras confrontaciones armadas.
El apoyo de la Unión Soviética prestó a Mao desde 1947 fue
decisivo para su triunfo. Chiang Kai –Check, derrotado instauró un
nuevo Estado en la isla de Formosa (Taiwan): la China Nacionalista,
frente a la República Popular China proclamada el 1 de octubre de
1949.
En 1950 la Unión Soviética y China firmaron un doble pacto
económico y político. En el primero, Mao devolvía Port Arthur y los
ferrocarriles de Manchuria a los soviéticos y a cambio recibía ayude
financiera y técnica, especialmente militar. En el segundo se
comprometían con los movimientos nacionalistas de Corea e Indochina.
El paralelo 38 dividió a la península de Corea en dos zonas ocupadas
por la Unión Soviética el Norte y por Estados Unidos el Sur, después
de desalojar a los japoneses en 1945. Japón la había retenido, hasta
entonces, como dominio desde 1894.
Los soviéticos se negaron a la celebración de elecciones
libres, base de la unificación de Corea. Las tropas de ocupación de
ambas zonas se retiraron. En el Norte quedaba instalado un régimen
comunista en el Sur otro proooccidental y ultraconservador.
El carácter irreconciliable de estos dos regímenes, llevó al
ejército del Norte a la invasión del Sur en Junio de 1950. De manera
inmediata, el Consejo de Seguridad de la ONU condenaba la agresión y
sugería el envío de una fuerza multinacional que actuaría bajo la
bandera de este organismo. Esta maniobra fue posible al no estar
presente la Unión Soviética, con derecho a veto, en el Consejo. Su
ausencia se debía a la actitud de protesta contra la postura de apoyo
de Estados Unidos a la China Nacionalista; la única China reconocida
por la ONU.
La invasión norcoreana parecía incontenible y Truman ordenó
el desplazamiento de tropas norteamericanas desde el Japón. Junto a
un ejército de catorce países desembarcaron en las proximidades de
Seúl, el día 15 de septiembre. El mando supremo de este contingente,
fundamentalmente de tropas americanas, recayó en el general Mac
Arthur. Los norcoreanos comenzaron el repliegue hasta la frontera
china. Este momento aprovechó Mao para intervenir, alegando la
defensa y la supervivencia de su Estado, no reconocido por la ONU.
La intervención del ejército popular chino hizo retroceder a
las fuerzas internacionales, hasta el punto que Mac Arthur propuso a
Truman el bombardeo atómico de enclaves estratégicos de Manchuria.
Mac Arthur fue destituido. El conflicto de Corea había que mantenerlo
dentro del marco de una guerra localizada.
Las negociaciones de paz comenzaron en 1951 y no se firmó el
armisticio hasta 1953. LA guerra dejó un saldo global de un millón
de muertos. El paralelo 38 volvía a ser la línea divisoria de dos
Estados que en nuestros días mantienen un enfrentamiento latente.
4.5.
La OTAN y el pacto de Varsovia.
En un clima de preguerra entre el bloque occidental y el
oriental, los países que en 1949 se alineaban en el primero, firmaron
el Pacto Atlántico que en 1950 dio lugar a la Organización del
Tratado Atlántico Norte (OTAN). Fue firmado pro Estados Unidos, Canadá,
Gran Bretaña, Francia, Italia, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo,
Portugal, Noruega, Dinamarca e Irlanda. Turquía y Grecia lo harían
en 1952, la RFA en 1955 y España en 1982.
La integración de la República Federal Alemana en la OTAN fue
el disparador histórico que provocó, que en 1955, la Unión Soviética
formará el Pacto de Varsovia. Estuvo éste compuesto originariamente
por la Unión Soviética, Hungría, Rumanía, Polonia, Bulgaria,
Checoslovaquia y Albania. En 1956 se produjo la adhesión de la República
Democrática de Alemania.
El Pacto, con fines parecidos a la OTAN, mantuvo diferencias
notables con ella, porque también se utilizó para reprimir las
disidencias internas en el bloque socialista. Así lo demostraron las
intervenciones en Hungría (1956) o Checoslovaquia (1968). Su
organización interna era fuertemente centralista; tuvo carácter más
restringido que el bloque militar capitaneado por Estados Unidos, pues
éstos desplegaron, en otras alianzas militares, su red de defensa por
todo el mundo: Organización de Estados Americanos (OEA), Tratado de
Defensa del Sudeste de Asia (SEATO), Australia, Nueva Zelanda, Estados
Unidos (ANZUS), Organización del Tratado Central (CENTO), localizada
en Oriente Medio y Próximo.
4.6.
Jruschov y la Coexistencia pacífica (1953-1964).
Malenkov,
sucesor de Stalin, anunciaba el nuevo eje de la política
internacional de su país: le negociación de todos sus problemas.
Consecuentemente propugnó para la Unión Soviética el fomento de la
industria de bienes de consumo y de la desaceleración de la industria
pesada, básica en la fabricación de material bélico, pero no todos
estaban de acuerdo: Nikita Jruschev, Secretario del PCUS, desde 1953,
consideraba esta política industrial contraria al fomento del poder
militar soviético, en plena carrera armamentista con Estados Unidos.
El ejército apoyó la caída de Malenkov como presidente de gobierno.
En el XX Congreso del PCUS (1956), Kruschev reafirmaba la
orientación de la política internacional, que sin lugar a dudas
trascendía cualquier tipo de personalismo. Allí quedó expresado el
principio de coexistenncia pacífica, basada “en la lucha política,
económica e ideológica pero no militar”, según sus propias
palabras. Los soviéticos promovían el deshielo de las relaciones con
el bloque adversario, pero desde una postura de fuerza: poder militar
comparable al de Estados Unidos, contactos diplomáticos con líderes
de un arco importante de naciones de ideologías variadas, apoyo a los
movimientos de liberación nacional de lo que se denominará Tercer
Mundo, y lucha por la conquista del poder político de Occidente a
través de la mecánica democrática. Esta línea de actuación
explica la alternancia de momentos de tensión y coexistencia pacífica
del período.
Las elecciones de 1953 llevaron a Eisenhower, representante del
ala moderada del Partido Republicano, a la Casa Blanca. Fue un
Secretario de Estado, Foster Dulles, quien marcó las directrices de
la política exterior. La administración norteamericana siguió en la
década de los cincuenta con la política de contención, pero dentro
de una nueva estrategia. Dulles formuló la política al borde del
abismo, que conllevaba la doctrina de la represalia masiva.
El acercamiento al bloque soviético de los territorios
descolonizados o en vías de hacerlo, preocupaban especialmente a
Washington. Por ello la presencia norteamericana en antiguas colonias
se redobla como expresión de la Teoría del Dominó propuesta por
Dulles. Estados Unidos ampararían no sólo a las democracias, sino a
cualquier forma de gobierno autoritario o dictatorial contra el
comunismo. El caso vietnamita parecía dar argumentos suficientes a la
tesis del secretario de Estado norteamericano.
La batalla de Dien-Bien-Fú (1954) significó la derrota del ejército
colonial francés de Indochina. El nacionalismo independentista de la
zona estuvo amparado por Moscú y Pekín, que consiguieron que las
posesiones francesas del Sudeste asiático se convirtieran en cuatro
Estados: Camboya, Laos, Vietnam del Sur y Vietnam del Norte, este último
bajo un régimen comunista personificado en Ho-Chi-Minh y en el
general Giap. Régimen, que en los años setenta, extendió el
comunismo a los otros tres Estados citados.
En 1949 la Unión Soviética contaba con la bomba atómica y
cuatro años más tarde con la de hidrógeno. La carrera
nuclear quedaba abierta en un duelo de capacidad destructiva. En
1956 los soviéticos habían desarrollado la balística
intercontinental y en 1957 lanzaron al espacio el primer satélite
artificial Sputnik; era el inicio de otra carrera de poder técnico y
de prestigio. El gobierno norteamericano replicó con la instalación
de cohetes de medio alcance, dotados de cabezas nucleares, en Europa
(Gran Bretaña, Italia, Turquía). Asistimos al Equilibrio
del Terror. El miedo mutuo a una guerra en la que no habría
vencedores ni vencidos. En Ginebra, 1955, las dos grandes potencias
entablan conversaciones de desarme nuclear.
En 1959, muerto Foster Dulles, Jruschov se entrevistó en Camp
David con Eisenhower: Desarme, negociación, diálogo fueron los términos
que definieron el encuentro. En el que no
se llegó a ningún avance práctico.
4.7.
La crisis de Suez.
La
nacionalización del Canal de Suez por Egipto en Junio de 1956 debe
interpretarse a la luz de la Conferencia de Bandung (1955) y del
liderazgo que el Presidente egipcio Nasser ostentaba en el Tercer
Mundo afroasiático y panislamista. Desde una postura neutral entre
los dos bloques, Egipto se había acercado a Estados Unidos en busca
de ayuda económica para la construcción de la presa de Assuan.
Foster Dulles quería a cambio un giro significativo de la política
de aquel país hacia los intereses norteamericanos. Nasser no transigió
y encontró el apoyo que buscaba en la Unión Soviética.
Este acercamiento a Moscú parecía decantar la política
exterior egipcia en la línea contraria a Occidente, a pesar de su
neutralismo oficial. Eso parecía indicar la colaboración con Argelia
en la guerra de la independentista con Francia.
El Canal, construid bajo el II Imperio Francés, se había
configurado como una Sociedad francesa con participación egipcia.
Problemas económicos en Egipto provocaron la venta de sus acciones a
Gran Bretaña. En 1956, el Canal era propiedad de una Sociedad
internacional con franceses e ingleses como socios mayoritarios.
Israel estaba cercada por el panislamismo
de Nasser. La nacionalización del Canal se consideró como un peligro
para su Estado y, en la noche del 29 al 30 de Octubre, los israelitas
arrasaron a las tropas egipcias acantonadas en el Sinaí. Tropas de élite
francesas y británicas tomaron el Canal. En Noviembre, el Consejo de
Seguridad de la ONU pedía
a soviéticos y norteamericanos la mediació0n en Suez. La Unión Soviética
se dispuso enviar su flota a la zona, previa autorización turca para
surcar los estrechos, y llegó a amenazar a los invasores con utilizar
armas atómicas.
Foster Dulles terminó por pedir, contundentemente, a sus
aliados que se retiraran de la zona.
Por primera vez las dos superpotencias eran afines en un
problema internacional. Egipto recuperaba el control del Canal. Echo
que había sido ratificado por el Consejo de Seguridad de la ONU. Los
israelíes se replegaron a su territorio y la ONU creaba una fuerza
internacional de vigilancia en Suez.
4.8.
La crisis húngara.
Jruschov,
con su declaración sobre los distintos caminos hacia el socialismo en
el XX Congreso del PCUS, abría la posibilidad de un comunismo
humanizado. Desde este postulado se estableció en Polonia un gobierno
nacional comunista (1956), pero siempre dentro de la soberanía
limitada, o lo que era lo mismo, dependiente de Moscú.
Alentado por el caso polaco, en Budapest, también en 1956,
Imre Nagy protagonizaba, un intento democrático. Nagy contó en su
intento con los sindicatos, con un sector del Partido Comunista Húngaro,
la Universidad y parte del ejército. Hungría se declaraba neutral,
abandonaba el Pacto de Varsovia y pedía la salida del país de las
tropas soviéticas.
El Kremlin ante esta postura consideró que el caso húngaro
podía provocar una brecha irreparable en la solidez del bloque y el día
5 de noviembre el ejército soviético dominaba Budapest en una lucha
desigual con la población. Nagy, sería ejecutado, en Rumanía, tras
un juicio sumarísimo y secreto.
La tribuna internacional de la ONU condenó la intervención,
pero el bloque occidental mantuvo una actitud tibia ente el caso. El
paralelismo cronológico con la crisis de Suez pudo contribuir a que
así fuera. En última instancia un pacto implícito definía las áreas
de influencia de los bloques.
4.9.
La II crisis de Berlín.
En 1958 Jruschev abría un debate con los antiguos aliados de
su país, Berlín debía ser desmilitarizada y proclamada ciudad
libre. La Unión Soviética firmaría un pacto de paz, por separado,
con la República Democrática Alemana, si en el plazo de seis meses
no se iniciaban negociaciones. Tampoco había unidad de criterio sobre
la reunificación de las dos Alemanias. El gobierno soviético quería
que se produjera por un acuerdo entre los dos Estados, en tanto que
Occidente quería un plebiscito libre de todos los alemanes. La
diferencia de enfoque estribaba en el hecho de que la población de la
RFA era el doble que en la República Democrática Alemana.
El debate hizo crisis en el año 1961. Moscú reiteraba su
intención de firmar la paz con la República Democrática Alemana,
unilateralmente, lo que significaba la negativa de la unidad alemana.
En el mes de agosto se inició la construcción del mundo berlinés, símbolo
de la política de bloques. El derribo de un avión espía
norteamericano sobre territorio soviético, en 1960, dificultó aún más
las relaciones y las conversaciones antinucleares fueron suspendidas.
4.10.
La crisis Cubana.
El
régimen revolucionario cubano que terminó con el poder del dictador
Batista (1959), establecía acuerdos económicos y militares con la
Unión Soviética en 1960. El 1 de Mayo de 1961, Fidel Castro
proclamaba la República Socialista marxista. El Partido
Unido, único en el país después de la eliminación de los
grupos no comunistas, cambiaría su nombre de Partido
Comunista en 1965.
El acercamiento de Castro, en un primer momento, a Estados
Unidos hizo dudar sobre las intenciones reales de la revolución que
encabezaba. En la actitud hostil de la administración americana hacia
la Cuba castrista, que inició muy pronto las nacionalizaciones, se ha
buscado el origen del acercamiento al bloque comunista. Esta
hostilidad se puso abiertamente de nuevo con el nuevo presidente
americano John F. Kennedy (1961). Aunque no aprobó la invasión de la
isla por el ejército, consintió operaciones preparadas por la CIAL:
un desembarco anticastrista de exiliados cubanos en bahía Cochinos
(abril-1961) que fue un completo fracaso.
En Octubre de 1962 se conoció en la Casa Blanca la existencia
en Cuba de rampas de lanzamiento destinadas a cohetes de alcance
medio, susceptibles de llevar cabezas nucleares.
Las alternativas que se barajaron fueron: el bombardeo de las
bases el desembarco o el bloqueo naval. Prevaleció esta opción que
se hizo efectiva el 22 de octubre. El 26, la Unió Soviética admitía
la existencia de misiles nucleares en Cuba, matizando su carácter
defensivo y su control directo. La situación fue tensa y el mundo temía
el estallido inmediato de una guerra nuclear.
Los buques soviéticos que se acercaban al bloqueo, recibieron
de Moscú órdenes de volver proa. El 28, las bases habían sido
desmanteladas, el día siguiente se retiraron los navíos americanos.
Las decisiones de Kruschev habían contado con el pleno respaldo del
Soviet Supremo. Kennedy trató de suavizar esta derrota soviética a
los ojos del mundo, comprometiéndose a retirar el armamento nuclear
de las bases de Turquía. En realidad la medida carecía de
importancia estratégica pues el poder operativo nuclear –los
cohetes Polaris- era transportado por los submarinos atómicos tipo
Nautilus.
El
Equilibrio del Terror ante la permanente amenaza de una guerra atómica
cimentaba lo que denominaremos Paz
Nuclear, una nueva fase, la última, dentro del contexto de la
Guerra Fría, que habría paso a la suspensión de experimentos
nucleares en 1963, interpretada por Mao como traición ideológica de
la Unión Soviética, un paso notable en el distanciamiento chino de
Moscú.
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