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EDUCACIÓN
Ética, mercado e igualdad de oportunidades en el discurso
neoliberal
Defensa
de la libertad individual y búsqueda del bienestar social
En tanto
continuador del liberalismo, el neoliberalismo tiene su
fundamento filosófico en la defensa de la libertad individual
y en la búsqueda del bienestar social a través del ejercicio
de aquélla en un orden natural mercantil que, supuestamente
garantiza la eficiencia en la utilización de los recursos y
la justicia en la distribución de los productos.
El
neoliberalismo es fiel continuador de la tradición política
liberal clásica y de la teoría económica neoclásica. Su
agente social es un individuo prototípico que, en tanto
autointeresado, es el mejor defensor de su propios intereses y
cuyas preferencias se forman al margen de cualquier influencia
social y se rigen solo por la norma de maximizar beneficios
con medios escasos. Parafraseando a Adam Smith de la suma de
los egoísmos individuales brota la armonía social, pues el
escenario de su realización, el mercado, por una parte, es un
escenario impersonal que no implica rivalidad, y por otra
parte, asigna eficientemente los recursos y distribuye
justamente los productos.
Gómez advierte
que quienes atacan el neoliberalismo: inteligentemente ocultan
que lo esencial de la metáfora (la famosa "mano
invisible" de Smith) es el provecho que la sociedad
deriva de esta acción libre de sus miembros... .... tanto en
el siglo XVIII como en el XX, el liberalismo reivindica la
libertad individual, sólo en la medida en que ésta produce
bienestar social... La lucha a fondo contra todo tipo de
privilegios... ...y las discriminaciones de cualquier ralea,
tiene su fundamento no precisamente en la defensa de intereses
particulares, sino en la preservación de la sociedad, a través
de la promoción de la libertad individual (1992 : 33).
Ni desde el
punto de vista meramente teorético, ni desde el fáctico,
resulta posible conciliar la libertad individual que persigue
intereses egoístas con el bienestar social. La presuposición
de la igualdad ante la ley, el desconocimiento de la
naturaleza del poder (en cualquiera de sus acepciones), la
inocuidad de la propiedad privada y la neutralidad del Estado,
presupuestos desde los cuales pudiera intentarse aquella
conciliación, son simples ficciones discursivas.
Además, la
libertad individual de la que aquí se trata, es la libertad
negativa, sobre la cual... ...radica la definición misma del
hombre liberal, que al no envolver en lo esencial sino una
postura defensiva es ella la más refinada expresión de
quienes tienen mucho que defender (Baptista, 1990 : 26)
Como es
conocido, la teoría neocontractualista de Rawls tiene como
objetivo reconstruir un espacio en el que, la inviolabilidad y
el ejercicio de la libertad individual negativa sean soporte
del bienestar social. Sin embargo, aunque Rwals logra tal propósito,
lo hace a costa de constructos teoréticos que como la
"posición original" y el "velo de la
ignorancia", debilitan la base racional de tal
argumentación y sólo permiten construir un individuo prototípico
moral que nada tiene que ver con el sujeto social real. Como
ha señalado Baptista: ...la visión económica
de liberalismo tiene que dar cuenta del hombre que propone
como expresión de la realidad humana. La pregunta por hacerse
y responder, si se está desde luego en el terreno de los
hechos científicos, y que desde luego no es nada nueva, se
puede formular así: ¿en qué medida ese hombre del
liberalismo se asemeja al hombre de la realidad? (Baptista,
1990: 28)
La respuesta
parece ser que tal individuo liberal es sólo una ficción
teorética, o para decirlo con González
…es el supuesto del individuo racional maximizador egoísta
de utilidades (o de la utilidad esperada). Se sustituye la
concepción tradicional aristotélica del zoom politikon por
la del homo oeconomicus… …Este modelo de individuo es una
ficción que puede resultar útil para la elaboración de
modelos científicos, pero como tal modelo no existe en la
realidad (González García, 1992 : 346).
Justamente,
como he señalado en otra parte, una de las vertientes
principales del pensamiento de Rawls desemboca en sus
conceptos de libertad y valor de libertad, los cuales muestran
la verdadera naturaleza de su teoría: "refinar" la
defensa de "quienes tienen mucho que defender". Como
indica Baptista, siguiendo a Berlín:
Es desde esta perspectiva, de la defensa de quienes tienen
mucho que defender, como puede escribirse que, "ofrecer
derechos políticos, o salvaguardas contra la intervención
del Estado, a individuos que están medio desnudos, iletrados,
mal alimentados y enfermos, es una burla de su condición.
Es evidente,
entonces, que la defensa del interés privado frente al Estado
sólo puede ser la defensa de quienes "tienen mucho
que defender". Demás está decir que los únicos
derechos para el neoliberalismo son las libertades políticas
básicas formales las cuales, como enseña la experiencia, en
ciertas condiciones también pueden ser conculcadas. Los
derechos socio-económicos, no son derechos, sino reclamos
inmorales de los desposeídos que penalizan la propiedad de
aquellos que han alcanzado el éxito, tal como defiende patéticamente
Nozick.
La
libertad negativa y el principio ético de la igualdad de
oportunidades
El
neoliberalismo al igual que el liberalismo clásico combina el
principio básico de la libertad negativa con el
"principio ético" de la igualdad de oportunidades.
Los individuos sólo pueden desarrollar sus capacidades a través
de la competencia, la cual es presentada como la mediación
por excelencia para el pleno desarrollo de las potencialidades
humanas. Esta igualdad de oportunidades garantiza:
la creación de una estructura ética, jurídica y política
que permita por igual a todos los hombres explotar al máximo
sus potencialidades. Se trata de crear una sociedad en la que
todo el mundo y en especial los trabajadores y los miembros de
los grupos menos favorecidos sepan que si producen más, su
riqueza y su remuneración se elevarán (Gómez, 1992: 34).
Es fácil
demostrar empíricamente que el incremento de la capacidad
productiva del trabajo no va acompañado del incremento real
de las remuneraciones. De hecho, visto globalmente, los
desarrollos científicos y tecnológicos actuales, -expresión
del incremento de la capacidad productiva del trabajo que no
del capital-, no han mejorado en nada los ingresos reales de
los trabajadores que, por el contrario, enfrentan un
desmejoramiento de sus condiciones de vida y de trabajo por el
incremento del desempleo y la caída del salario real.
El principio de
diferenciación de Rawls, según el cual, las desigualdades
sociales y económicas habrán de ser conformadas de modo tal
que a la vez que: a) se espere razonablemente que sean
ventajosas para todos, b) se vinculen a empleos y cargos
asequibles para todos intenta legitimar este aspecto del credo
neoliberal. La primera parte del principio trata de conciliar
las desigualdades socio-económicas reales con el bienestar
social a través de la artificiosa argumentación de que si se
mejora la situación de los desposeídos, las desigualdades se
convierten en "razonablemente ventajosas para
todos"; la segunda parte, intenta legitimar éticamente
tales desigualdades, relacionando la existencia y aceptación
de éstas con una hipotética igualdad de oportunidades en la
asequibilidad de cargos. La experiencia demuestra
fehacientemente el carácter falaz de esta argumentación.
Gómez
considera la competencia como el factor que garantizaría las
oportunidades para el desarrollo de las potencialidades
humanas individuales. Baste recordar aquí El Leviathan de
Hobbes para develar, por un lado, el carácter mítico de la
competencia como mediación para el incremento de las
potencialidades humanas, pues el desarrollo que se logra en
base a la rivalidad que engendran el egoísmo, el individuo
aislado y desmembrado de su comunidad y mediado
fundamentalmente por el afán del lucro, la ganancia, la
gloria y el poder, ni permite el desarrollo de la persona
humana ni, por otra parte, esta búsqueda del interés
individual egoísta conduce al bienestar de la sociedad en su
conjunto la que, por el contrario, se torna cada vez más caótica
y desigual.
Como se sabe,
el escenario y el mecanismo regulador de esta competencia es
el mercado. Pero ¿qué es el mercado?
En una sociedad puramente mercantil, valga recordar aquí el
abecé, no hay más nexos sociales que los imbricados en la
compra y venta de mercancías. Yo, existo para los demás sólo
en calidad de comprador y/o sólo en calidad de vendedor de
mercancías... Si nada puedo comprar y nada puedo vender, mi
existencia social desaparece y ni siquiera mi sombra tendrá
derecho a caminar. (Valenzuela, 1994 : 64).
Es decir, el
mercado es el escenario del intercambio de mercancías, en el
que se hace abstracción de cualquier relación humana pues,
las relaciones de mercado, como dicen los sociólogos, no son
´cara a cara´, sino que impersonales, abstractas y limpias
de toda emoción (Valenzuela, 1994: 70) y al que sólo pueden
concurrir los dueños de mercancías, los cuales se relacionan
a través de éstas. El mercado es un escenario de relación
entre cosas-mercancías, en el que la relación social es
secundaria y sólo cuenta en la medida en que los hombres son
los propietarios de aquellas cosas-mercancías.
En otras
palabras, como quiera que el dinero es expresión y
equivalente general de todas las mercancías; que el dinero sólo
se diferencia cuantitativamente; y que la forma dineraria es
la forma más general del capital, la competencia es, en última
instancia, la competencia entre el capital, y sólo como
consecuencia de esto, entre sus propietarios. Como ha señalado
Marx:
En la libre competencia no se pone como libres a los
individuos, sino que se pone como libre al capital.... ....La
libre competencia es el desarrollo real del capital. ....El
dominio del capital es el supuesto de la libre competencia,
exactamente como el despotismo de los emperadores romanos era
el supuesto del libre "derecho privado" romano.
...De ahí, por otra parte, la inepcia de considerar la libre
competencia como el último desarrollo de la condición
humana, y la negación de la libre competencia = negación de
la libertad individual y de la producción social fundada en
la libertad individual. (1972: 167, 168 y 169) (P. 18 del
trabajo "El discurso democrático neoliberal o el
abstraccionismo...")
La teoría liberal encubre este aspecto inherente a la
acumulación del capital hablando del mercado como el espacio
social de
realización de la libertad del hombre, lo que presupone a
estos libres y propietarios a la vez. Esta visión obvia
cuidadosamente que el trabajo es una actividad humana
inseparable de la vida misma que no se produce para la venta y
que la igualdad sólo se logra en el terreno jurídico del
contrato recurriendo al extraño artificio de desgajar del
hombre su propia vitalidad humana, su fuerza de trabajo, bajo
la forma de mercancía para que, convertido en propietario de
la misma, se iguale al propietario de los medios de producción.
...se obvia pues, que una de las partes, la de los no
propietarios de medios de producción, vende su propia condición
humana, lo cual es evidenciado por el dramático
envilecimiento de tal condición en las grandes mayorías".
(Caponi y Hernández, 1995: 175)
Que la
competencia sólo es el proceso de concentración y
centralización del capital, lo dice claramente su propio
resultado histórico: la monopolización extrema de la economía,
con su secuela de concentración de la riqueza social en un
polo, los propietarios, a expensas de la pobreza del resto de
la sociedad. (P.18,19 de "El discurso democrático
neoliberal...") Gómez reconoce estos efectos, aunque
encuentra este proceso beneficioso:
de la propia competencia puede emerger el monopolio y el
oligopolio... ...proceso que, por un lado, es indudablemente
saludable para la economía puesto que puede garantizar el
incremento incesante de la eficiencia... pero por otra parte,
puede resultar peligroso y nocivo para la sociedad (1992: 96)
El núcleo del
argumento aquí es la justificación de los monopolios y los
oligopolios, pues ellos garantizan "el incremento
incesante de la eficiencia", cuestión que en definitiva
nos remite a una de las discusiones centrales en teoría económica,
como es el tema de la eficiencia en el equilibrio competitivo,
cuyo examen nos llevaría a alejarnos del tema central que
venimos tratando. Valga decir, sin embargo, que la discusión
se origina con la propia metáfora de la "mano
invisible" de Smith y se extiende por diversos rumbos a
través de Walras, Pareto, Pigou, las críticas de Wicksell,
las alternativas propuestas por el "Principio de
compensación" y la "Función Social de
Bienestar" y que, finalmente, luego de intensos y
acalorados debates "que envolvieron los economistas de
mayor nombradía en la disciplina" se llegó a la
conclusión que "la supuesta equivalencia entre máxima
eficiencia y mercado competitivo reposa sobre unas bases cuya
fortaleza lógica o empírica todavía deben demostrarse"
(Baptista, 1990 :50)
Además, a propósito
de la situación de equilibrio que está implícita en la
discusión sobre las bondades del mercado competitivo y la
existencia de monopolios y oligopolios, tal situación de
equilibrio es estática o atemporal lo que limita severamente
su alcance explicativo. Al respecto cabe citar nuevamente a
Baptista:
Se puede decir que la existencia de un equilibrio puede
demostrase. Pero nada puede decirse de manera sustantiva sobre
si el mercado competitivo tienen una tendencia natural hacia
ese equilibrio, ni menos sobre si esa tendencia lleva consigo
una velocidad tal que termine por alcanzar la posición de
equilibrio, pero tampoco sobre si esa posición, una vez
alcanzada, será o no estable (1990: 52)
En definitiva,
los fundamentos que sustentan la primacía del mercado, esto
es, la garantía de la eficiencia y del equilibrio, al igual
que todo el credo liberal, no pasan de ser un juego de
artilugios que no soportan la prueba de la realidad. En
efecto, si quedara alguna duda a propósito de que el
neoliberalismo es una cobertura ideológica al servicio del
capital, y que la competencia es, en definitiva, la
competencia entre los diversos capitales, la aclara la
siguiente referencia de Gómez, quien considera que los
problemas que confronta a este nivel la sociedad venezolana
son producto de una "comprensión inadecuada de qué es
el capital y cuál es su característica esencial" que él
intenta aclarar en los siguientes términos:
en primer lugar, sólo el capital, en base a sus objetivos y a
su naturaleza más íntima, puede decidir qué le conviene y
qué no, cuál tasa de ganancia aceptará y cuáles no;
carecen de sentido las críticas y denuncias acerca de
beneficios exorbitantes, así como las recomendaciones de
tasas justas de ganancias. ...Uno de los pocos mecanismos
racionales para reducir una supuesta ganancia desproporcionada
es crear las máximas condiciones posibles para que acudan
competidores a ese mercado. Si esto no ocurre, la existente
será la ganancia justa. Planteamiento éste, que puede
resultar chocante, pero cuya evidencia es elemental. En
segundo lugar, el capital encontrará siempre la forma de
evadir imposiciones; y, en consecuencia, cualquier decisión
del Estado o la sociedad que afecte sustancialmente sus
objetivos, está destinada al fracaso. ...Una estrategia económica
tiene que decidir ...si va a enfrentar o evadir esta característica
esencial del capital ...o va a adaptarse a la suya, para
canalizar hasta donde sea posible los intereses de la nación,
a través de los intereses del capital. ...si va a obligarle a
repartir sus ganancias porque ha sido establecido o decidido,
desde el punto de vista de la nación, la sociedad o cualquier
otro ente distinto del capital, que una determinada tasa de
ganancia es exagerada; o va a generar condiciones para que,
manteniendo un margen de beneficio que el capital juzgue
adecuado, éste haga uso de su inigualable capacidad para
producir bienes y servicios, de tal forma que el volumen de
impuestos recaudados, el empleo y el bienestar social sean
mayores. (1992: 117 y 118)
La cita, aunque
extensa, es por demás esclarecedora y nos exonera de mayores
comentarios. Huelga decir, sin embargo, que resulta por lo
menos incoherente todo el discurso que habla del desarrollo de
las potencialidades humanas, la igualdad, la libertad etc.,
cuando estas deben sujetarse a las leyes del capital y servir
a su proceso de acumulación. Como se sabe el capital es una
relación social por la cual, una parte de la sociedad, la de
los propietarios de medios de producción, se apropia del
trabajo de los no propietarios; de donde, por un lado,
"la inigualable capacidad para producir bienes y
servicios" no es inherente a la naturaleza del capital
sino del trabajo como ya lo aclaro J S Mill, para no citar a
Marx. Por otro lado, la acumulación de riqueza en un polo
sucede a expensas del despojo del trabajo de la inmensa mayoría,
lo que sólo es posible desde unas relaciones sociales basadas
en la explotación, dominación y opresión que convierten la
libertad, la igualdad y la propia condición humana en una
simple ficción ideológica.
Como
consecuencia de lo anterior, podemos afirmar que al mercado sólo
asisten los propietarios de mercancías, entre los cuales es
imposible la igualdad, pues ésta vendría dada por un igual
poder mercantil, cuestión negada por la ley del desarrollo
desigual. En realidad, como bien señala Valenzuela:
si el poder del mercado es muy diferente, la igualdad social
se rompe y los unos (los de alto ingreso) pasan a ordenar a
los otros (los de bajo ingreso) aunque no de manera directa
sino a través de las cosas-mercancías. En la forma igualdad
y libertad. En lo sustantivo y concreto, desigualdad social y
relaciones de dominio y subordinación (1994: 68).
Derecho,
Estado y Democracia en el discurso neoliberal
Habíamos
dejado planteado el problema del papel del Estado como
promotor de la competencia y fuente de su legitimación ética
en tanto garante de la igualdad de oportunidades. Este
razonamiento, en última instancia, termina por legitimar la
ganancia, pues por desproporcionada que ésta sea, ella es legítima
cuando se trata de un "monopolio natural". Se parte
de aceptar los "monopolios naturales" como un dato
dado, desconociendo deliberadamente la sórdida historia y la
naturaleza de los procesos de concentración y centralización
del capital, el despliegue del poder de los monopolios a través
de prácticas inescrupulosas para posesionarse de mercados en
detrimento de competidores, y lo que es más importante, sus
conexiones con el poder político, el cual pone a su servicio
a través de la corrupción, financiamiento de campañas, y
una larga cadena de relaciones más o menos encubierta.
Como hemos
venido insistiendo, tales argumentaciones no soportan la
critica de la realidad, y funcionan más como simples
justificaciones alrededor de las cuales se construye el
"sentido común" que sirve de base al consenso de la
dominación. Como señala Maestre siguiendo a Habermas:
el verdadero problema no es la convergencia entre discurso y
política, entre discurso y poder de las instituciones, sino
que el fenómeno a explicar consiste en el establecimiento
eficaz de una apariencia de justificación que asegure el
reconocimiento sin violencia de las instituciones que existen
en la realidad. (1992: 93).
El neoliberalismo siguiendo toda la teoría liberal clásica,
convierte al mercado en el escenario por excelencia de la
competencia, la cual se convierte en el pivote para el
desarrollo de las potencialidades humanas y se legitima éticamente
en la existencia de iguales oportunidades para todos. Pero a
diferencia de la escuela clásica, (y neoclásica) el
neoliberalismo asigna al Estado el papel de promotor de la
competencia, siempre y cuando tal Estado sea el resultado de
un acuerdo previo entre hombres libres y, además, esté
restringido en su injerencia en la vida de los particulares.
En efecto,
El poder del Estado debe residir menos en la discrecionalidad
del gobierno, y más en los acuerdos constitucionales y en la
igualdad de los hombres ante la Ley. ...Ni en el siglo XVIII,
ni en el XX, el pensamiento liberal se ha opuesto al Estado,
ni al poder del Estado, cuando éste emana directamente de
acuerdos constitucionales entre individuos libres (1992: 35)
con lo que, volvemos a encontrar en la fundamentación
rawlsiana en su vertiente del liberalismo político como la
base filosófica del neoliberalismo, particularmente el
consenso traslapado en su primera fase, es decir, el acuerdo
constitucional entre individuos libres, la existencia de la
razón pública, y toda la teoría neocontractualista.
Cabe aquí
resaltar, primero, que el ataque del neoliberalismo al Estado,
encubre realmente el ataque al Estado de Bienestar y, en
general, al Estado democrático:
El neoliberalismo con su ideal del Estado mínimo pero fuerte,
comienza atacando al socialismo, prosigue su lucha contra el
Estado de bienestar y termina enfrentándose a la propia
democracia (González y García, 1992: 52).
Segundo, tal ataque se hace desde la doble articulación de un
ataque a la ética de los derechos colectivos y la
reivindicación de la competencia que envuelve el concepto de
responsabilidad individual, frente al supuesto aniquilamiento
que el determinismo histórico hace de la responsabilidad y la
subjetividad del hombre:
Cuando se convierte al Estado en el epicentro de la sociedad o
se pretende que ésta tienen primacía sobre el individuo,
cuando como en el caso de Hegel "lo único verdadero es
el todo", o si, siguiendo a Marx, aceptamos que la acción
humana está rigurosamente determinada por leyes de la
historia, entonces, es obvio que el individuo no tiene que
responder por sus actos. Todo se vale, porque todo puede
justificarse en función de los intereses o los designios
supremos del Estado, la raza, la razón o la historia. (Gómez,
1992: 34).
Gómez expresa
aquí su desconocimiento tanto de la dialéctica de Hegel que
soporta su concepción del Estado como del historicismo de
Marx.
Tercero, el liberalismo y la democracia no son consistentes.
Un Estado democrático supone la participación de los
ciudadanos en la toma de decisiones, particularmente aquellas
que tienen que ver con el bienestar de la sociedad. Ello
supone en primer lugar, decidir sobre la forma de producción
y distribución de la riqueza social y cómo se asume el
bienestar social, tanto individual como colectivamente. El
Estado neoliberal sólo respeta la lógica del capital, y en
consecuencia, de sus propietarios, como agentes de aquél.
Cualquier consideración social, nacional o política que no
se ajuste a los intereses del capital simplemente debe ser
desconocida, pues esta condenada al fracaso. El Estado
neoliberal resulta pues incompatible con un Estado democrático
real. Como bien señala González García, siguiendo las
pistas de Bobbio:
Liberalismo y democracia no caminan ya juntos, una vez que la
democracia ha sido impulsada hasta las extremas consecuencias
de la democracia de masas, cuyo producto último es el Estado
asistencial. La crisis de este puede interpretarse como efecto
del contraste entre el empresario económico que tiende a la
maximización de los beneficios, y el empresario político que
busca la maximización del poder a través de la casa de
votos. (González García, 1992: 52)
En definitiva, la única conclusión que parece soportar la
prueba de la experiencia empírica es que el neoliberalismo es
la negación de la democracia: "La realización de la
democracia estará vinculada a la supresión del liberalismo y
de su producto, el Estado burgués de derecho" (Gómez O,
1992: 178).
¿En qué
sentido puede entonces reivindicarse el neoliberalismo como
"una concepción moderna de la democracia"? pues sólo
en el sentido formal liberal: como reivindicación formal de
abstractas libertades políticas que garantizan unos supuestos
derechos de "todos los individuos, incluyendo los
trabajadores y los sectores marginados de la sociedad" (Gómez,
1992: 32) Y aquí volvemos a encontrar una vez más, la
dicotomía entre el aspecto formal y el real de la libertad, y
la huella del razonamiento rawlsiano tratando de conciliar
dicha dicotomía.
Finalmente, nos interesa destacar brevemente algunos otros
rasgos específicos del neoliberalismo. Ellos se encuentran
principalmente en el ámbito de la justificación de la
participación del Estado en los procesos económicos y en la
relación que se establece entre Estado y mercado.
Estado y
mercado en el Neoliberalismo
Si bien el
neoliberalismo rescata la idea básica liberalismo clásico
del mercado autoregulado, esta idea está reformulada desde
los fundamentos teóricos de la escuela neoclásica de la teoría
subjetiva del valor o teoría de la utilidad marginal y de la
teoría del costo de oportunidad. El núcleo de ambos
conceptos descansa en el criterio de que el valor de las
mercancías no descansa en el trabajo que costó producirlas
sino en lo que el demandante esté dispuesto a pagar de
acuerdo al margen de sus necesidades, reales o no, en el
contexto de una escogencia intersubjetiva de valoraciones y
oportunidades. De esta manera el costo de las mercancías en términos
de costos de producción, particularmente de costos de la
fuerza de trabajo es sustituido por el de costo de
oportunidad:
En otras palabras, un bien siempre será producido por el
productor de menor costo. El costo está representado por una
oportunidad que se ha dejado de lado, no por la cantidad de
algún insumo. ...El punto crucial ...consiste en que una vez
definida la ventaja comparativa en función de costo de
oportunidad, lo que refleja la producción que se ha dejado de
hacer de otros bienes, no importa si realmente los bienes son
producidos sólo por trabajo. Esto explica la superioridad de
la teoría del costo de oportunidad, que, como el deus ex
machina, salva las conclusiones clásicas. (Chacholiades, ,
1988: 30)
El propósito de tal teoría es dejar de lado, no sólo las
conclusiones de la escuela clásica, sino también, y
principalmente, las marxistas, especialmente en lo relativo al
trabajo como fuente de valor, o lo que es lo mismo, la teoría
del valor trabajo, el doble carácter del trabajo, los efectos
del mercado sobre la fuerza de trabajo, y sus implicaciones
políticas: la explotación de la fuerza de trabajo como
fuente de la plusvalía y la ganancia, y toda la teoría de la
explotación y de la lucha de clases y sus relaciones con el
poder político y la alternabilidad a la sociedad del capital.
Esta teoría
subjetiva del valor también obvia los conceptos de trabajo
productivo y trabajo improductivo, y con ello legítima el
derecho de los dueños del capital financiero, los rentistas y
demás sectores parasitarios a vivir a expensas del sector
productivo. Además, tal grado de usura es legitimado bajo la
cobertura de que las transacciones que allí se originan son
contraprestaciones entre los dueños del capital dinero y
quienes se benefician de dichos prestamos. Desde el punto de
vista contable, tales transacciones acrecientan el producto
pues cualquiera sea la transacción que se realice en el
mercado, produzca o no un bien, con o sin utilidad, es tomada
como una transacción productiva, en concreto, como una
transacción monetaria. Ello conduce a jerarquizar la esfera
de la circulación monetaria y a disociarla de la esfera de la
producción, síntoma de los profundos desajustes que afectan
a la economía capitalista actual y que expresan su
irracionalidad. El corazón de este punto de vista es el
sujeto individual autointeresado, que
"racionalmente" escoge entre alternativas la más
rentable a sus intereses, los cuales defiende desde el poder
que tales intereses le confiere, enfrenados violentamente a
los intereses sociales.
Justamente,
como no es fácil conciliar el sujeto egoísta y
autointeresado con el bienestar colectivo y social, el
neoliberalismo insiste en debilitar el argumento de su sujeto
individual prototípico, que al estilo Robinson Crusoe decide
maximizar sus beneficios con bienes escasos motivado por
causas egoístas, insistiendo en cambio, en crear un marco
social para la acción de tal sujeto, pues esto permite sacar
definitivamente el problema de la esfera del egoísmo y la
subjetividad, para colocarlo donde debe estar, es decir, el
terreno de las relaciones interindividuales, aquél en el que
la libertad de cada quien para decidir sobre el costo de
oportunidad se relaciona indisolublemente con el bienestar
social. (Gómez, 1992: 38)
Al igual que los misterios de la santísima trinidad, tres
personas distintas y un sólo dios verdadero, no se sabe aquí
como empírica o lógicamente las relaciones interindividuales
están "indisolublemente" relacionadas con el
bienestar social. Cabe traer a colación aquí el criterio de
K. Popper, uno de los principales teóricos de "las
relaciones interindividuales". Dice Popper:
Puede decirse
que la razón es, al igual que el lenguaje, un producto de la
vida social. Un Robinson Crusoe (abandonado a sí mismo en su
primera infancia) podría llegar a ser lo bastante inteligente
para dominar muchas situaciones difíciles, pero jamás
inventaría ni el lenguaje ni el arte del racioncinio. ...De
este modo podemos decir que, al igual que el lenguaje, le
debemos la razón a la comunicación con otros hombres. (pero
no a la sociedad como cuerpo colectivo, agregado nuestro).
..Si decimos por ejemplo, que le debemos nuestra razón a la
"sociedad" queremos decir siempre que la debemos a
ciertos individuos concretos. ..Por tanto, al hablar de una
teoría "social" ..queremos significar, más específicamente,
que la teoría es de carácter interpersonal pero nunca
colectivista. (1984: 394, Vol 2)
Necesario es
detenerse brevemente en el análisis de esta transfiguración
del egoísmo subjetivo al bienestar social que intenta el
neoliberalismo. El problema que subyace al interior de tal
razonamiento es el concepto de sociedad. Si la sociedad se
reduce sólo a relaciones interindividuales, las implicaciones
saltan a al vista: el hombre existe independientemente de las
condiciones materiales de su existencia. Es decir, el hombre
existe como ser independiente de la sociedad misma, única
forma de reducir su naturaleza social a simples relaciones
interindividuales que, en consecuencia, tienen un carácter
eterno, inmutable, natural y universal. Es decir, que el
hombre a pesar de ser un producto social, es reducido por el
neoliberalismo a un sujeto asocial y ahistórico.
Pero la
sociedad no es simplemente un escenario de relaciones
interindividuales, sino el tejido que une los hombres de
manera orgánica, colectiva e interdependiente. La substancia
y el fundamento de este tejido conjuntivo que es la sociedad
lo constituye el trabajo: las formas como está organizado,
las condiciones y los medios técnicos conque se realiza y que
determinan su productividad, la forma como se distribuyen sus
resultados, entre otras cosas, lo cual condiciona, como
tendencia general, el modo de ser de toda la vida social.
En otros términos,
es el nivel alcanzado en el desarrollo de las fuerzas
productivas, el modo y las relaciones de producción, las
formas de dominación social y política prevalecientes en un
momento determinado, considerados como un todo orgánico, lo
que configura la estructura básica de la organización social
existente, en la que se condicionan dialécticamente el
desarrollo de la sociedad y la naturaleza humana. En su
constante devenir histórico la sociedad atraviesa por
diversas etapas o fases, correspondientes a las nuevas formas
como se organiza el trabajo, a la apropiación que hace el
hombre de la ciencia y de la técnica y a la acumulación de
experiencia y saber.
Ahora bien, ¿cómo
puede pensarse siquiera en el bienestar social, si uno de los
principales presupuestos del liberalismo y el neoliberalismo
es negar el fundamento de la condición humana, es decir, el
fundamento social? Justamente, ¿el propósito del
neoliberalismo no es dejar de lado toda la teoría clásica y
marxista (en tanto en cierto sentido derivada de aquella) de
la teoría del valor trabajo?. ¿No es acaso el mercado un
escenario exento de emociones humanas?. Y, finalmente, ¿no es
el contenido humano en las relaciones del hombre, la única
base cierta e indispensable para pensar con sentido de
posibilidad el bienestar social?. La conclusión lógica
parece ser todo lo contrario de la exégesis neoliberal: de
hecho, la posibilidad de recuperar los vínculos humanos pasa
por ubicarse fuera del mercado, pues dentro de él sólo tiene
validez la ganancia, aunque la sordidez conque a veces se
obtiene se encubra con refinados modelos matemáticos y psicológicos.
Volviendo al
aspecto de la participación del Estado en la economía, ésta
se justifica bajo la argumentación de que el Estado debe
asumir el papel de "promotor de la competencia"
entre los capitales, como forma de legitimar éticamente tanto
la competencia como los "monopolios naturales". Esta
argumentación esconde, en verdad, como demuestra la
experiencia empírica, el hecho de que la facción burguesa
que controla el Estado, utilice su poder como palanca en
beneficio de sus intereses.
Otra de las
razones que justifican la participación estatal en la economía,
es la necesidad de mantener el "equilibrio
presupuestario", cuestión que si bien tiene como punta
de lanza la argumentación de restringir la emisión de dinero
inorgánico, funciona realmente como justificación para la
reducción de los servicios sociales y la privatización de
los activos nacionales, o lo que es lo mismo, mediante la
ampliación de las oportunidades de rentabilidad del capital,
como veremos en el próximo capítulo. El "equilibrio
presupuestario" excluye sin embargo, la crítica y la
reducción de los gastos militares, la burocracia
gubernamental, la corrupción y las garantías financieras al
capital dinerario. Este punto está vinculado con la necesidad
de mantener los llamados equilibrios macroeconómicos,
especialmente el de balanza de pagos, el fiscal y el
monetario, cuestiones que en definitiva se reducen a
garantizar las condiciones favorables para la acumulación del
capital, despreciando cualquier consideración sobre el
bienestar social.
Para
"humanizar" su rostro el neoliberalismo propugna la
atención a los más desposeídos, tanto a través de llamados
piadosos a los capitalistas como a través de subsidios
directos financiados por el Estado. Algunos aspectos centrales
inmanentes a la propia naturaleza del capitalismo se esconden
detrás de esta piadosa humanización. Se busca reforzar el
"sentido común" según el cual las calamidades patéticas
del capitalismo se deben a factores fortuitos, a una suerte de
lotería social, como diría Rawls, y a hechos que no van más
allá de las esfera de las relaciones interindividuales, con
lo cual se expresa la negativa a percibir las causas
fundamentales de estos males sociales en la propia naturaleza
del sistema social. En este sentido, tal visión se convierte
en un elemento fundamental de la ideología dominante, al
crear una falsa conciencia de la realidad social, frente a la
cual, y dado el innegable resultado nefasto de las políticas
neoliberales, a lo sumo se aceptan los ajustes de
"ingeniería social" .
5. A manera de
conclusiones
Rechazamos la
idea de que la libertad tenga tan solo una connotación
individual, dentro de un "orden espontaneo" de
cosas. El orden capitalista no es un orden espontaneo, natural
y eterno; tampoco es una sociedad de "ciudadanos libres
que controlan el Estado", ni éste tampoco es simplemente
un orden regulador neutro en beneficio de toda la sociedad. El
régimen neoliberal, como fundamento del reclamo de la
libertad negativa es, en verdad, la defensa de la racionalidad
instrumental y una manera de ocultar que dicha racionalidad sólo
es realizable mediante el poder económico y político que se
impone a la sociedad en su conjunto, particularmente a
aquellos sectores despojados de tales poderes.
La libertad sólo puede ser verdad allí dónde la libertad
individual sea parte integrante de la libertad social, donde
la una no se anteponga negando la otra. Ello supone
necesariamente la negación de la propiedad monopólica, y la
desigualdad y la concentración del poder económico y político
que de ella deriva. Un aspecto de tal libertad lo constituye
una elevada conciencia de las relaciones sociales con otros
hombres. También del dominio de la naturaleza, que supone una
actitud
racional a través de la ciencia y la tecnología para la
superación de la escasez.
En una sociedad que garantice la satisfacción de sus
necesidades a todos sus miembros y que se fundamente en
elevados valores humanos, es obvio que el reconocimiento de
las diferentes capacidades se asentará en los valores de la
solidaridad y la fraternidad sociales. Éstos habrán
reemplazado al interés egoísta de la propiedad privada y las
relaciones mercantiles como máximo estimulo del desarrollo de
la potencialidades del hombre. Por lo demás, no asiste
ninguna razón moral a la consideración de que, sobre la base
de las actitudes y aptitudes especiales de alguien, se generen
privilegios irritantes que atenten contra el bienestar
colectivo de la sociedad.
En definitiva,
para finalizar, sostengo la tesis de que el neoliberalismo
constituye una cruzada feroz de los dueños del capital contra
los trabajadores y asalariados y contra los fundamentos mismos
de la sociedad. Significa la nueva forma de dominio y
explotación, y en tanto tal, se trata de un orden social
pernicioso que produce tanto una sociedad con un creciente
grado de caotización como un sujeto social fragmentado en su
identidad personal, enajenado a patrones de consumo que no
puede satisfacer sumido como está en la miseria, negado en su
condición de ciudadano, vaciado de cualquier relación
solidaria o vinculo humano con los otros, postergado y
excluido por un régimen social profundamente desigual y
decadente. El enfrentamiento a tan irracional orden social
reclama esfuerzos por construir una alternativa que planteándose
una rearticulación estructural de la economía y la sociedad,
resuelva las profundas desigualdades que se han generado,
propicie la constitución de un ciudadano consciente y la
conformación de escenarios no mediatizados de participación,
imponga el adecentamiento de la administración pública,
garantice bienestar socio-económico para todos mediado por el
esfuerzo sostenido y el trabajo creador y, en definitiva,
propugne el advenimiento de un modelo paradigmático de la
sociedad que rescate la condición humana y solidaria del
hombre.
Trabajo
enviado por:
Ma. Elena Lavaud.
Ninoska Litchenka Arellano
Carlos Alberto Marcano
cmarcano@usb.ve
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