IMPORTANCIA DE LA ORGANIZACION EN
LA VIDA PERSONAL Y OCUPACIONAL DE TODA PERSONA.
En 1965 se hizo una encuesta de los lectores de la revista
Harvard Business Review para determinar sus actitudes hacia las mujeres a las
organizaciones lucrativas. Cerca de la mitad de los hombres y mujeres (y no había una
gran diferencia entre ello) pensaban que las mujeres raras veces esperan lograr o incluso
ni desean puestos de autoridad. Veinte años después, en 1985, los resultados mostraron
que las actitudes hacia las mujeres en las empresas habían cambiado significativamente.
Sólo el 9% de los hombre y el 4% de las mujeres en la encuesta pensaban que la mujer no
aspiraba posiciones altas. Además se descubrió que ahora los hombres ven a las mujeres
mucho más como colegas competentes y al mismo nivel. Sin embargo más del 50% de las
personas encuestadas pensaban que las mujeres nunca serían aceptadas por completo en los
negocios. Este puede ser desalentador en verdad para aquellas mujeres que aspiran a
puestos gerenciales de alto nivel. Sin embargo hace 20 años muy pocas personas hubieran
esperado el progreso hacia la igualdad que se ha hecho desde 1965.
Cierta evidencia indica que las mujeres si tienen dificultades para
llegar a la cúspide. Por ejemplo, no hay mujeres camino del puesto de presidente en las
500 corporaciones de la revista Fortune (1985). Este criterio era para 1985,
afortunadamente esta mentalidad ha cambiado.
Sin embargo, por ahora podemos concluir que para que una organización
tenga buen funcionamiento, uno mismo tiene que adaptar ciertos fundamentos para lograr la
armonía que esta necesita, es decir que uno mentalmente debe organizarse muy bien para
operar en los trabajos que uno haga en la vida diaria, ya sea laboral o casero.
Ejemplo de ello, entre muchos aspectos que debe tener una
organización, es la lealtad dentro de ella, el cual ella es también una resultante del
establecimiento de adecuadas relaciones humanas y de la constitución de un buen espíritu
de cuerpo con alta moral y equidad. Podría definirse como: la identificación con los
objetivos sociales de una empresa o institución y con los individuos y grupo al cual se
pertenece, dentro de un marco de moral y de equidad.
La lealtad se logra a través del espíritu de cuerpo, porque él
permite establecer un sentimiento de propósito y de participación colectiva y de
reconocimiento y apreciación sobre el esfuerzo que cada uno da para materializar los
propósito de
la empresa o institución. La lealtad no se puede comprar sólo con incentivos
económicos, pero se puede obtener adicionalmente de ellos a través del desarrollo de un
verdadero sistema de identificación entre el individuo, su grupo informal y la
organización.
En toda organización humana existen jerarquías de lealtades, según
el grado de identificación de sus componentes con las unidades administrativas, o con
otros individuos. Algunas veces hay también conflictos entre esas lealtades, cuando
existen discrepancias entre los propósitos de unos y otros. Un primer nivel se presenta
en los estratos bajos, en donde hay generalmente lealtad hacia el propio grupo, por sobre
la que se pueda tener a otros sectores de la organización formal.
Otro nivel de lealtad es aquel que tienen ciertas personas hacia el
organismo como un todo y no a su propio grupo. Este tipo de lealtad no es muy común, pero
se presenta entre las personas poco sociables "...insensibles a las actividades de su
grupo o compañeros de trabajo, que creen que su progreso personal y fines personales
resultan mejor definidos si defienden antes que nada al organismo en vez de al grupo
inmediato de trabajo en el cuál se encuentran".
El tercer grupo es aquel constituido por las personas que desempeñan
cargos directivos y que por lo tanto desarrollan su lealtad fuera de un grupo particular,
puesto que pertenecen a varios y equitativamente la distribuyen entre ellos, pero teniendo
como meta primordial de sus actuaciones la lealtad hacia la propia empresa o institución,
enmarcadas dentro de las políticas de la misma.