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Celso Lara
Celso A. Lara Figueroa nació en 1928. Historiador, antropólogo,
poeta y músico guatemalteco. Estudioso de la cultura popular.
Es autor de artículos y ensayos académicos reunidos en diversas
colecciones y publicados en Guatemala, América y Europa. Es
columnista del Diario La Hora" (Guatemala) y director de
revistas científicas internacionales como Folklore Americano (México)
y Oralidad (Cuba).
Algunas obras
publicadas:
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"Contribución
del Folklore al estudio de la Historia" (1977)
-
"Las Increíbles
hazañas de Pedro Urdemales en Guatemala" (1980)
-
"Leyendas y
casos de la tradición oral de la Ciudad de Guatemala"
(1973)
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"Por los Viejos
Barrios de la Ciudad de Guatemala" (1994, 15a.ed.)
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"Cuentos y
Consejas Populares de Guatemala" (1990)
-
"Cerámicas
Populares de Guatemala" (1991)
-
"Viejas
leyendas de Guatemala, vueltas a contar" (1980)
-
"Cuentos
Populares de Encantos y Sortilegios de Guatemala" (1992)
-
"Leyendas de
Misterio, Amor y Magia" (1995, 2a.ed)
El Carro de Piloto,
los viernes de cuaresma:
El
carro de piloto es una leyenda propia de los viejos barrios de la
Nueva Guatemala para los Viernes de Cuaresma. Se encontró
principalmente en los barrios antiguos: La Merced, El Sagrario, La
Recolección y El Zapote; fue también posible hallarla en otros
lugares pero siempre referida a los barrios antes mencionados.
Ciñéndose a las versiones populares, el prototipo de la leyenda
dice así:
El carro de piloto es un carretón que
recorre la ciudad a altas horas de la noche, los días viernes,
echando chispas a su alrededor.
El personaje que conduce el carro, "no
fue más que un bolo, mulero de El Zapote", que por sus malas
acciones se lo ganó el diablo, y anda asustando a medio mundo aquí
en la ciudad, especialmente a los que se les pasa la mano con el
guaro".
En cuando al nombre "piloto" vale
la pena decir algunas palabras: es bastante difícil discernir el
origen de la leyenda, ya que la tradición popular lo ha olvidado.
El hecho real que dio origen a esta leyenda es un tiempo
indeterminado al entrar en proceso de folklorización, se perdió el
nombre propio del cochero en la mentalidad colectiva, quedando así
únicamente el nombre de su oficio: piloto.
Este anonimato es precisamente uno de los
elementos que caracterizan los hechos folklóricos, netamente
populares.
(Fragmento extraído del libro "VIEJAS CONSEJAS. Sobre Santos
Milagrosos y Señores de los Cerros" - Editorial
Artemis-Edinter y Fundación Guatemalteca para las Letras, 2000)
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