Lágrimas y más lágrimasSi este es tu problema, es fundamental que acudas donde el pediatra para asegurarte que el llanto no es un síntoma de alguna dolencia física. Una vez que esto se descarta viene lo difícil.

Cuando el niño sano llora y llora, se hace necesario revisar el entorno familiar. Hay que descubrir qué es lo que molesta al infante: las relaciones entre los padres, las relaciones de los padres con él, las relaciones con hermanos si las hay, o con las personas que lo cuidan.
Si no hay alguna situación extraña que pueda estar causando la angustia del niño, hay que hacerle saber que debe buscar otra forma de expresarse, pues con sólo llanto no se le entiende. Se requiere que el pequeñín entienda que no está solucionando nada para que cuente lo que le pasa, y diga cómo se siente. Eso sí, es importante que cuando se le explique no sea durante el ataque de llanto, pues sino él no captará el mensaje.
Para lograr un cambio de actitud, él debe sentir que es importante para quienes lo rodean, debe tener claro que se preocupan por él y que hay una verdadera cercanía. De esta manera, se sentirá seguro para decir lo que lo tiene incómodo, sin necesidad de llorar tanto.
Por otra parte, es igual de básico que él sienta la imposibilidad de comprensión. Cuando empieza el ataque de lágrimas, no se debe perder la paciencia, ni agredirlo ni asustarse, si el niño observa que sus padres le prestan mucha atención, entenderá que digan lo que digan su llanto funciona, e inconscientemente se estará fomentando el llanto.
Inevitablemente, el niño creerá que todo lo puede conseguir llorando, y se acostumbrará a llorar para cualquier cosa. Y ese camino lleva a que el niño aprenda la manipulación emocional, lo cual no es recomendable para su desarrollo psíquico.
En esto es importantísimo que los padres sean firmes ante el llanto infantil y no se dejen suavizar. Es así como debe quedar totalmente establecido que nadie le entiende si llora. Es muy posible que se tenga que llegar a una actitud inflexible, y que aunque se haya comprendido qué quiere no se le dé, o no se le haga. Esto puede parecer demasiado cruel pero el no complacerlo es la única manera para que busque otra forma de comunicar sus deseos.
Por eso, si se le estimula la capacidad de comunicación oral a la misma vez que se le explica, en términos claros para él, que no logra nada llorando, hablará más y se fortalecerá el aprendizaje del lenguaje. Así se le estará ayudando a ampliar sus formas de expresión, y se irá poco a poco eliminando el hábito del llanto injustificado.
Fuente: RadioA La Radio del Amor