EDITORIAL:
Las generaciones presentes de Hispanoamérica, celebran el memorable día, como los es el Día de la Raza, como un espejismo del pasado, fundido en el crisol del perdón, la nostalgia, la añoranza y la resignación.
Surgido de las guerras intestinas tribales, con la voracidad de dominio y una debilidad aquejada, con una serie de traiciones, le dieron cabida a los sucesivos y ambiciosos movimientos abusivos, de una potencia expansionista, que se basó en vejámenes, explotación y exterminio de las poblaciones locales, divididas grandemente por sus propias mezquindades.
Hoy, quinientos años después, vivimos entre la resistencia y la sobrevivencia, como una serie de países con alto sentido de pertenencia e identidad latina, con un idioma heredado de esa fusión accidentada de culturas. Seguimos fuertes y sin mayores guerras, aunque debilitados por el gran enemigo como lo es el analfabetismo y las hambrunas, donde nuestros gobiernos siguen aprendiendo sobre la marcha, solucionando lo emergente y lo peor, lo van dejando a los siguientes gobernantes, pues son problemas tan grandes, que no bastan los pequeños periodos de gobierno, ni siquiera con la siguiente transición.
El problema de la emigración, se ha convertido en las poblaciones flotantes, que hoy existen, pero nadie les brinda la oportunidad de existir, pues la mejor de las soluciones para los gobiernos, han sido los irónicas y necios muros, para que los pueblos no escapen y no crezcan, creando acciones mucho más mezquinas, donde podemos decir que la riqueza no es para todos y aún se sigue teniendo el concepto de tercermundismo, esclavitud y animalismo, al no ser iguales.
Los derechos humanos, son una conciencia casi muda de lo que verdaderamente acontece y calla ante estas poblaciones que día a día claman por sus propias necesidades. Miserias contundentes, donde hablar de una simple libertad, aún nos queda muy lejos. Tal parece que seguimos con los mismos elementos de ambición, guerra y estupidez, solo que en otros tiempos y otras generaciones. Salud para todos los que conforman nuestra raza, como esforzados y valientes, que no perdemos la esperanza de vivir en un mundo mejor.