EDITORIAL
Cuantos pesares verdaderamente ha provocado y traído consigo la pobreza, como una condena a cuestas, impuesta por uno mismo o por otros, pero que no es fácil quitarse de encima, a tal punto que surgen muchos que empiezan a vivir a expensas de ella.
Los pobres, como los leprosos del nuevo siglo, representan el desdén de la mayoría, la indiferencia de muchos, el pretexto abusivo para unos cuantos y la prepotencia del que tiene y los puede ver desde una vanidosa cima, donde no se puede ensuciar las manos de ninguna conciencia social, ni ciudadana, pues desde hace mucho, perdió cualquier punto de gracia para con su propia existencia.
Los pobres, estrujados hasta la última gota, que nacen pensando que la vida es así, se empiezan a vestir de aquellos colores de miseria, que han sido gastados por el tiempo y las estaciones, convirtiéndose en producto de utilidad y servicios para los que tienen, sin importar como lo tienen y de donde lo obtuvieron, llegando al punto de olvidar de cómo llegaron ahí y no les queda otra que llenarse la boca de falsas historias y tupe para unos mezquinos nombres que la pompa los hace ruidosos.
Esta inhumana realidad de la pobreza en la que vivimos todos, refiriéndome, a que nadie está exento de ella, ni tampoco se puede cerrar los ojos a tan terrible situación, pues se sabe que estos dos opuestos de la riqueza y la pobreza, es la irónica vergüenza de la vida, para saber cual es nuestra situación y nuestra posición en una vida justa y que el mismo ser humano la ha convertido en insufrible. Ahora la pobreza, resulta ser la medida de nuestra propia fe y nuestra propia felicidad, al ser infames y pensar en el hambre del semejante, teniendo nuestra panza llena y nuestro corazón contento, pero hasta cuando vamos a integrar una autentica visión de tiempo y generación y no tomar la pobreza como el más vil pretexto de discriminación y no llenarnos la boca de superioridad y ponernos del lado de los buenos y no de los indeseables, pues suena vergonzoso que digamos que lucharemos contra la pobreza, teniendo el resguardo de la comodidad.
Es fácil decir que sería necesario trabajar contra nuestras grandes debilidades, sin hacer nada a cambio de cualquier petición, pero lo cierto es que no nos podemos adormecer con una simplona promesa de un gobierno en ciernes, sobre la poca probabilidad de solucionar un problema que ha estado sembrado por generaciones. Salud y provisión para todos.