EDITORIAL:
Definitivamente, para pasar estos estragos, hay que vivir en Guatemala. Ahora se les ha ocurrido a los diputados al Congreso de la República, recetarse un cúmulo de privilegios, con la actitud de reclamo a la nación por los servicios prestados a la patria.
Un final de año y un final de periodo, donde no se puede hablar de dignidad y que se quiere hacer de esta, el pretexto ciego y voraz, para poderse dar el lujo de cobrar por un trabajo que a la postre debería de ser un aporte ad honorem, pues el país con todos sus niveles de pobreza, no está para este tipo de acciones estrafalaria, sacadas de una manga de mago drogado, para entontecer más a un pueblo tan sometido como el nuestro.
¿Cuál podría haber sido la mejor de las leyes trabajadas en el pleno y en las comisiones, si la mayor parte de las leyes que podrían beneficiar al país, han estado engavetadas por intereses muy particulares y mezquinos? Entonces, de que esfuerzo estamos hablando aquí, si no es otra cosa que el interés mezquino de un grupito de parlamentarios de la tercera edad, preocupados por su futuro inmediato, aunque no fueron concientes al luchar por nuestros sabios y ancianos, que no les quedó otra cosa que aceptar una miserable dádiva por parte del Gobierno de turno, como si les bastara esta triste cantidad que no rasca ni los cien dólares al mes, pero ellos se están recetando las fuertes cantidades, como para vivir otros cien años más.
De éste organismo nunca se ha dicho nada bueno y menos ahora que perdieron cualquier estribo o clutch, que están pidiendo indemnizaciones mágicas, sin pensar en las necesidades del pueblo, mucho menos en los mismos empleados del Congreso, que son los que realmente hacen el trabajo más pesado, que es precisamente el de servirles y quejas de ellos, casi no se oyen, será porque estarán casi anulados o enmudecidos por tanto cinismo. Conciencia social y humana, sería el mejor de los regalos.