EDITORIAL:
Luego de pasar la mayor parte del año, en los atosigados entuertos vehiculares, nos encontramos ahora en la insufrible congestión de fin de año, donde todo mundo corre como desesperado, creyendo que las cosas de finas marcas y brillos de ostentosidad que nos ofrecen los grandes centros comerciales, se fueran a acabar y eso definitivamente entristecería nuestras fiestas de fin de año.
Compras totalmente enloquecidas que le dan cierto garbo de clase y estilo, por lo menos cuando se van portando las grandes bolsas de papel, aunque ya en los hogares, uno se da cuenta de que lo que ha comprado no le servirá para mayor cosa, pues no juega con el estilo de la casa y lo que resultó caro, alguien más se lo ha regalado. Convirtiéndose esto en un reciclaje de regalos, pues será la única solución a tan aberrada compra.
Cuotas extras de estrés, hambres obligadas, muchedumbres sin rumbo, acompañadas definitivamente de las canciones de fin de año, que anuncian que el tiempo se está yendo y no terminamos la lista de regalos para la gente que no se tiene claro, si nos tienen contemplados dentro de su propia gente, pero que tienen que recibir su regalito, pues que vergonzoso sería, si se llegara a enterar de que se les dio a otros cercanos y a ellos no. Ese maremagno de vicisitudes empieza a hacer mella, imponiéndonos la esperanza de que ya pronto pase esta época y aunque empecemos sin dinero, pero ya nos habremos librado de esta azorada temporada que muchos llamamos Navidad.
Eso que no hemos tomado en cuenta, aquella embanquetada cena de gala, que hace que nos preparemos para tener en casa a unas treinta o cuarenta personas, pero sin tener la certeza de que llegarán y que al final siempre llegan, los que menos esperábamos, pero de todos modos hay que celebrar, pues es tiempo de fiesta y tiempo de compartir, aunque sea con los que menos queríamos hacerlo, pero bueno del aguinaldo, aún queda para las inscripciones, los alicures, los estrenos para las respectivas fechas y los zapatos nuevos y matadores para resistir una velada de puro desvelo, donde la comida tardía e irreverente, no respetará en absoluto los niveles de salud, es cuando por obligación familiar, viene el atracón de media noche, que es lo que nos hará estar sin poder pegar un ojo hasta las cuatro de la madrugada.
Lo cierto queridos Lectores, es que estas Fiestas de Navidad, son precisamente eso, unas fiestas donde nos podamos reencontrar con nosotros mismos y con nuestros semejantes, para tomar un poco de nuevos aires de actitud actuante y participante en el contexto de nuestra propia realidad y nuestra propia existencia. Un materialismo evidente, no es la plena satisfacción, pero demostrar al hermano cuanto se le ama y que uno está conciente de cualquiera de sus necesidades, eso es un verdadero y constante renacer y éstas fiestas, son la verdadera intención para todos. Conciencia y Salud para todos en estas hermosas fechas.