“Se busca donante de óvulos”: este anuncio apareció en algunas de las principales universidades de Estados Unidos, publicado por una pareja estéril - “familia amorosa”, se define- que está dispuesta a pagar 50.000 dólares por óvulos de una mujer atlética, en perfecto estado de salud, de 1.70 m. de estatura, que debe haber logrado una puntuación de 1.400 en el Scholastic Achievement Test.
Según informa “The New York Times” ya han respondido numerosísimas mujeres, la mayoría universitarias norteamericanas, pero también han llegado ofertas de países tan lejanos como Finlandia y Nueva Zelanda, y seguramente seguirán recibiendo infinidad de propuestas.
Hoy es frecuente que parejas estériles decidan tener niños con óvulos o esperma ajenos, y escogen a los donantes –obviamente bien remunerados- como si se tratara de una selección de especies, tal como se usa ordinariamente en la inseminación artificial de bovinos con semen congelado de reproductores calificados.
Pero el doctor Mark Sauer, director del Departamento de Reproducción Asistida de la Universidad de Columbia, previene a las parejas por las desilusiones que pueden tener al pretender encargar un niño a la medida, y pregunta: “¿Saben algo de genética? ¿Qué libro han leído para creer que con 50.000 dólares pueden comprar el niño de sus sueños?”.
Toda esta manipulación de la vida humana tiene lugar ya que en muchas partes no existen leyes suficientes en materia de inseminación artificial humana, y se presta a la comercialización de óvulos y esperma, la destrucción de embriones sobrantes de fecundación asistida y muchos abusos por el estilo.
Consciente de los peligros de la “libertad de probeta” el Parlamento italiano aprobó una ley que prohibe la fecundación artificial heteróloga, la que se realiza con la aportación de un donante externo a la pareja, para evitar problemas como sería el caso de incesto por la unión de dos personas que pueden ser hijos del mismo donante.