Comunidad
Me robó mi carro, un pobre diablo, de un pobre país.
Por
Feb 2, 2007, 18:09

Aunque con un sentimiento de cólera, por tan miserable acción, me siento agradecido por la vida, la salud y el buen ánimo de poderles contar este entuerto, pues sigo teniendo fe en el ser humano.

Por Antonio Moran del Cid
Productor Asociado
DeGuate.com
morcid@deguate.com

Diagramación por:
Nancy Guisela Monzón (Angel)
Corresponsal
DeGuate.com
nancy@deguate.com


Después de haber participado en las votaciones para  la Elección  de la nueva Junta Directiva de la Cámara Guatemalteca de Periodismo CGP, uno de los pocos  escenarios donde se sigue luchando por la libertad de expresión, me dirigí un tanto agotado, al final de la tarde,  al trabajo de mi Esposa; llegué a nuestro lugar de encuentro,  una alameda que por años ha sido nuestra alameda, que se encuentra en la once calle y diagonal 6 de la zona 10 de la Ciudad de Guatemala.

En ese lugar, siempre hay espacio para estacionarse y también existe la tranquilidad para poder esperar unos cuantos minutos.  Uno se acostumbra al transitar de la gente que va apresurada, de vuelta a sus hogares u otras actividades, pero siempre van con la actitud de que ya se les hizo tarde, siempre habemos otros con la intención de querer respirar un poco, después de las tareas cotidianas.

Fue precisamente en ese momento, cuando se me acercó un tipo más alto de lo común, que lo común de sus vestimentas, que no decía otra cosa que andar en puras necesidades, son aquellas vestiduras, que por su uso, tienden a tener un mismo color a descolorido; mientras el portador  incluso, se le siente la necesidad de querer bañarse,  pero que no ha  tenido cómo, ni con qué.  Llevaba un maletín sucio de miseria, empuñó desde adentro,  un arma escondida  de metal oscuro y pesado, apuntándome a corta distancia y me dijo, casi disculpándose: “Señor, antes de que se asuste, quiero pedirle que me de todo el dinero, el celular y las llaves de su carro, pues me lo voy a llevar”…Yo todavía con una sonrisa amable dibujada en la cara, pensé por un momento que era una broma, pues la actitud estúpida de este pobre diablo, era para reír o para llorar.  Le di unos billetes de baja denominación y él estupefacto, me dijo: ¿Sólo esto? A lo que yo le respondí: Si mijo, solo eso tengo ¿Y mi celular para que lo quiere, pues recién me acabo de quedar sin tarjeta de llamadas y el carro Para qué? Mejor dígame para dónde va y con gusto yo le doy un aventón.

El rostro de piel mortecina y cerosa de este delincuente, empezó a sudar, como preparándose, que la tarea no sería nada fácil, con voz aterrorizada, me pidió que me corriera y que me acercaría al lugar donde él iba a abandonar el carro, siendo la gasolinera Shell del boulevard los Próceres.

No podía olvidarme de la actitud miserable de éste maleante, se me ocurrió preguntarle sí creía en Dios, pregunta que definitivamente se sintió como si hubiera sido un bofetón, pues no contaba con que ésta victima le retorciera en la conciencia el pecado que estaba cometiendo, teniendo la certeza  de que la Palabra de Dios, nunca regresa a El  vacía. 

 Fue cuando me empezó a contar que su pequeño hijo Marcos, estaba muriéndose y su desesperación era de juntar Q.350.00 para los medicamentos; fue la gota que derramó el ímpetu, pues pensé en la clase de idiota que me había mal robado, pues mientras que el ladrón piensa: ¿Quién con pistola, es pobre? La gente decente piensa: la imbecilidad del ladrón, que  no lo deja pensar, pues los recursos, en cualquiera de las penas o necesidades, son para venderlos o empeñarlos, pero nunca usarlos contra el semejante. 

Finalmente, el ladrón, me hizo la promesa de dejar mi vehículo Marca Aveo 2007, cuatro puertas, color plateado, placas P. 348 CHP en la gasolinera en mención y yo también le hice la promesa de que a pesar de las circunstancias iba a orar por la salud de su hijo, promesa ya cumplida, pero cuando baje del automóvil, me quedé con la mala sensación de que esta promesa de recuperarlo era una mentira, pues escrito está: El ladrón viene para robar, matar y destruir y este mal engendro, llevaba estas condenas encima.  Cuando llegué a la gasolinera, solo sirvió para que finamente me ofrecieran un vaso con agua y  me prestaran el teléfono, pues yo también me quedé en trapos de cucarachas sin ningún len.  Le di  la infausta noticia a mi Esposa y juntos fuimos a la delegación de la zona 10, para poner la respectiva denuncia.

¡Que ayuditas! Pensé cuando vi la desvencijada estación policial, con unos guardias traidiando con unas muchachas de servicio de alguna casa, que de seguro, los patrones estaban desesperados por que les llevaran el pan o las tortillas.  Obviamente, en la oficina de atención al cliente, no había nadie.  Un guardia con la actitud de hacerme un favor, llamó al encargado que al fin llegó y dijo: Buenas tardes ¿En que les puedo servir? Me sorprendió ver una computadora, igualmente desvencijada, pero que nos permitió realizar la denuncia. 

Ya era de noche cuando llegamos a nuestra casa, agotados, tristes, encolerizados y compungidos, pero agradecidos con Dios y con la Vida.

Esa misma noche, me llevé una gran sorpresa, un oficial del Departamento de Vehículos robados, me llamó y de inmediato me alegré por el  nivel de eficiencia y atención, pero duró poco, pues me aseguró que las placas sacadas de la misma tarjeta de circulación, no coincidían con la marca del vehículo y que el registro tenía otra marca y otro propietario de otra población, eso me dejó completamente perplejo y sumamente preocupado, pues la base de datos estaba completamente sumergida en un pantano de desinformación, que de seguro era el elemento necesario, para sacar cualquier cantidad de carros robados  del país, sin que nadie se pudiera dar cuenta.

El día empezó con un largo trajinar de visitas, idas y venidas, tratando de cumplir con los requisitos que nos impone la aseguradora.  Fuimos a la agencia vendedora y nos dieron los primeros tips, para empezarle a dar un orden a todo este desorden, luego nos encaminamos al Ministerio de Finanzas, pues era necesario en primer lugar activar el vehículo con su respectiva placa y tener el documento para darle validez a todo éste entuerto, me encontré con un equipo de trabajo con total convencimiento de sus labores, pero bueno, es que se trata de la SAT y tienen que revolucionar el sistema de recaudación de impuestos, pero la atención fue pronta y  salimos del primer problema.

Requisitos de una Aseguradora, después del Robo:
Tarjeta de circulación original
Solvencia de EMETRA
Activación e inactivación del vehículo
Fotocopia de la cedula del propietario
Fotocopia de la cedula del denunciante
Copia con sellos de la denuncia ante la PNC
Copia de la denuncia ante el Ministerio Público
Fotocopia de la licencia del denunciante
Copia de la lleve del vehículo.

Instancias públicas obligadas a visitar después de ser victima de Robo.
Estación de la Policía Nacional Civil PNC
Aseguradora
Agencia Vendedora
Ministerio Público
Sección de Robos de vehículos de la PNC
Ministerio de Finanzas Públicas
Superintendencia de Administración Tributaria –SAT-
Municipalidad de Guatemala


Cumplir con todos estos requisitos, apreciados lectores, es una tarea que se hace cuesta arriba, sin mencionar las interminables colas y los gastos que esto representa.  Sé perfectamente que todos los empleados públicos, están haciendo el esfuerzo por sintonizarse en el buen servicio, aunque a muchos les cuesta mantener esta actitud de vocación, como el gordito hipertriglicerico que se sienta en un escritorio vacío, a la par de la ventanilla 15 del MP, que sin levantar la vista, nos dijo con toda la indiferencia: “Vengan dentro de ocho días, pues ahora no tenemos tiempo, ya que estamos atendiendo a todas las personas que tienen el problema de la estafa  del Banco de Comercio”. 

Fue hasta en ese momento, cuando se me ocurrió que todo es asunto era digno de expresarlo en un artículo, para compartirlo con nuestros lectores y que sepan de estas realidades y que estén preparados, pues en estos tiempos, uno nunca sabe cuando se convertirá en victima y con calidad de inocente, pero lo mejor de las mejores intenciones es primeramente salvaguardar la vida y ese es precisamente el éxito que logré tener con este problema, mantenerme vivo y afrontar el devenir de los tiempos, a como vengan.

Para el crimen, es fácil organizarse en medio de una total desorganización, pero es que también estamos claros que en nuestra Guatemala, las cosas tardan un poco más que las generaciones, pero son las que establecen nuestra propia identidad y cultura, pero lo lamentable de todo esto, es que un triste delincuente, ponga en evidencia, no sólo nuestras debilidades, sino también las ineficiencias que conlleva todo un sistema de nación y que vergüenza que se tenga que robar, en un país tan lleno de promisión, pero andamos dando palos no de ciegos, sino de mediocres y tontos, para darle solución a tanto problema no solo de la delincuencia común, sino de la organizada y eso ya es otro gran problema. 

Ya les estaré contando la solución para mi problema, mientras tanto les deseo Salud para todos.



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