Mar 11, 2008, 08:44
EDITORIAL:
Hablar de un pueblo culto, es una cosa en nuestro país, pero hablar de un sistema educativo decadente y obsoleto que no garantiza absolutamente nada a las generaciones de hoy, es concluir que tenemos todos una muy mala educación.
Una mala educación, que se puede ver reflejada en todo lo que hacemos, desde el irrespeto a nosotros mismos y a todos nuestros semejantes. Donde la ignorancia y la mala educación, son los excelentes disfraces para ejercer cualquier cosa que consideremos nuestro derecho o nuestro triste capricho de hacer lo que nos venga en gana y eso lo podemos ver en todo nuestro alrededor; la prepotencia de las autoridades, los abusos en los precios de alimentos y medicinas, así como en la canasta básica, en el sistema de gobierno, en el transporte, en las invasiones y aunque no se quisiera mencionar, también este terrible mal está en el sistema de justicia y educación.
No podemos esperar otro tipo de cosa, sino estamos claros de nuestra propia realidad, nuestra mala educación nos ha hecho tan indiferentes a la problemática nacional que, bien podemos observar a las victimas como a los victimarios y nos importa un simple pepino, con tal de que nosotros no estemos en dicha situación. Nos permitimos gritar y permitimos que nos griten, pues el mal educado piensa que así es la forma de vida que todos llevamos en nuestra cruel cotidianidad.
Nuestro Ministerio de Educación no puede estar exento de este dilema, ya que también permite que sea mal usada esta noble labor de enriquecer los conocimientos a las presentes y futuras generaciones, por un interés mezquino de transformarla en un instrumento de ambición política y no como el instrumento de desarrollo social y sostenible, para que todos coadyuvemos a la urgente solución de salir de los distintos niveles de ignorancia que nos tienen agobiados. Lo irrisorio de todo esto es que todos dicen que somos como el cangrejo, con la única diferencia que el cangrejo sabe a donde va.
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