{"id":592,"date":"2017-11-08T12:55:50","date_gmt":"2017-11-08T18:55:50","guid":{"rendered":"https:\/\/www.deguate.com\/leyendas\/?p=592"},"modified":"2022-11-15T12:58:26","modified_gmt":"2022-11-15T18:58:26","slug":"el-sombreron-por-miguel-angel-asturias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.deguate.com\/leyendas\/leyendas\/el-sombreron-por-miguel-angel-asturias\/","title":{"rendered":"El Sombrer\u00f3n por Miguel \u00c1ngel Asturias"},"content":{"rendered":"<section>El Sombrer\u00f3n es solo uno de los tantos cuentos escritos por el ganador del premio Nobel Miguel \u00c1ngel Asturias en el libro Leyendas de Guatemala (1930), que fue el primer libro publicado por el m\u00e1s grande escritor que ha producido Guatemala. La versi\u00f3n del Sombrer\u00f3n de Asturias es muy distinta a la popular leyenda conocida por la mayor\u00eda de guatemaltecos, pues trata acerca de c\u00f3mo llega a existir este personaje legendario.<\/section>\n<p><span style=\"color: #333333; font-size: 26px;\">La historia<\/span><\/p>\n<section>En aquel apartado rinc\u00f3n del mundo, tierra prometida a una Reina por un Navegante loco, la mano religiosa hab\u00eda construido el m\u00e1s hermoso templo al lado de las divinidades que en cercanas horas fueran testigos de la idolatr\u00eda del hombre \u2014el pecado m\u00e1s abominable a los ojos de Dios\u2014, y al abrigo de los vientos que monta\u00f1as y volcanes deten\u00edan con sus inmensas moles.<\/p>\n<div align=\"center\"><\/div>\n<p>Los religiosos encargados del culto, corderos de coraz\u00f3n de le\u00f3n, por flaqueza humana, sed de conocimientos, vanidad ante un mundo nuevo o solicitud hacia la tradici\u00f3n espiritual que acarreaban navegantes y cl\u00e9rigos, se entregaron al cultivo de las bellas artes y al estudio de las ciencias y la filosof\u00eda, descuidando sus obligaciones y deberes a tal punto, que, como se sabr\u00e1 el D\u00eda del Juicio, olvid\u00e1banse de abrir el templo, despu\u00e9s de llamar a misa, y de cerrarlo concluidos los oficios\u2026<\/p>\n<p>Y era de ver y era de o\u00edr y de saber las discusiones en que por d\u00edas y noches se enredaban los mas eruditos, trayendo a tal ocurrencia citas de textos sagrados, los m\u00e1s raros y refundidos.<\/p>\n<p>Y era de ver y era de o\u00edr y de saber la pl\u00e1cida tertulia de los poetas, el dulce arrebato de los m\u00fasicos y la inaplazable labor de los pintores, todos entregados a construir mundos sobrenaturales con los recados y privilegios del arte.<\/section>\n<section><\/section>\n<section>Reza en viejas cr\u00f3nicas, entre apostillas frondosas de letra irregular, que a nada se redujo la conversaci\u00f3n de los fil\u00f3sofos y los sabios, pues, ni mencionan sus nombres; para confundirles, la Suprema Sabidur\u00eda les hizo o\u00edr una voz que les mandaba se ahorraran el tiempo de escribir sus obras. Conversaron un siglo sin entenderse nunca ni dar una plumada, y diz que cavilaban en tama\u00f1os errores.<\/p>\n<p>De los artistas no hay mayores noticias. Nada se sabe de los m\u00fasicos. En las iglesias se topan pinturas empolvadas de im\u00e1genes que se destacan en fondos pardos al pie de ventanas abiertas sobre panoramas curiosos por la novedad del cielo y el sinn\u00famero de volcanes. Entre los pintores hubo imagineros y a juzgar por las esculturas de Cristos y Dolorosas que dejaron, deben haber sido tristes y espa\u00f1oles. Eran admirables. Los literatos compon\u00edan en verso, pero de su obra s\u00f3lo se conocen palabras sueltas.<\/p>\n<p>Prosigamos. Mucho me he detenido en contar cuentos viejos, como dice Bernal D\u00edaz del Castillo en \u201cLa Conquista de Nueva Espa\u00f1a\u201d, historia que escribi\u00f3 para contradecir a otro historiador; en suma, lo que hacen los historiadores.<\/p>\n<p>Prosigamos con los monjes\u2026<\/p>\n<p>Entre los unos, sabios y fil\u00f3sofos, y los otros, artistas y locos, hab\u00eda uno a quien llamaban a secas el Monje, por su celo religioso y santo temor de Dios y porque se negaba a tomar parte en las discusiones de aqu\u00e9llos en los pasatiempos de \u00e9stos, juzg\u00e1ndoles a todos v\u00edctimas del demonio.<\/p>\n<p>El Monje viv\u00eda en oraci\u00f3n dulces y buenos d\u00edas, cuando acert\u00f3 a pasar, por la calle que circunda los muros del convento, un ni\u00f1o jugando con una pelotita de hule.<\/p>\n<p>Y sucedi\u00f3\u2026<\/p>\n<p>Y sucedi\u00f3, repito para tomar aliento, que por la peque\u00f1a y \u00fanica ventana de su celda, en uno de los rebotes, col\u00f3se la pelotita.<\/p>\n<p>El religioso, que le\u00eda la Anunciaci\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora en un libro de antes, vio entrar el cuerpecito extra\u00f1o, no sin turbarse, entrar y rebotar con agilidad midiendo piso y pared, pared y piso, hasta perder el impulso y rodar a sus pies, como un pajarito muerto. \u00a1Lo sobrenatural! Un escalofr\u00edo le cepill\u00f3 la espalda.<\/p>\n<div align=\"center\"><img src=\"https:\/\/www.deguate.com\/artman\/uploads\/51\/pelotita-sombreron.jpg\" alt=\"Pelotita Sombreron\" align=\"\" border=\"0\" \/><\/div>\n<p>El coraz\u00f3n le daba martillazos, como a la Virgen desustanciada en presencia del Arc\u00e1ngel. Poco necesit\u00f3, sin embargo, para recobrarse y re\u00edr entre dientes de la pelotita. Sin cerrar el libro ni levantarse de su asiento, agach\u00f3se para tomarla del suelo y devolverla, y a devolverla iba cuando una alegr\u00eda inexplicable le hizo cambiar de pensamiento: su contacto le produjo gozos de santo, gozos de artista, gozos de ni\u00f1o\u2026<\/p>\n<p>Sorprendido, sin abrir bien sus ojillos de elefante, c\u00e1lidos y castos, la apret\u00f3 con toda la mano, como quien hace un cari\u00f1o, y la dej\u00f3 caer en seguida, como quien suelta una brasa; mas la pelotita, caprichosa y coqueta, dando un rebote en el piso, devolvi\u00f3se a sus manos tan \u00e1gil y tan presta que apenas si tuvo tiempo de tomarla en el aire y correr a ocultarse con ella en la esquina m\u00e1s oscura de la celda, como el que ha cometido un crimen.<\/p>\n<p>Poco a poco se apoderaba del santo hombre un deseo loco de saltar y saltar como la pelotita. Si su primer intento hab\u00eda sido devolverla, ahora no pensaba en semejante cosa, palpando con los dedos complacidos su redondez de fruto, recre\u00e1ndose en su blancura de armi\u00f1o, tentado de llev\u00e1rsela a los labios y estrecharla contra sus dientes manchados de tabaco; en el cielo de la boca le palpitaba un millar de estrellas\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00a1La Tierra debe ser esto en manos del Creador! \u2014pens\u00f3.<\/p>\n<p>No lo dijo porque en ese instante se le fue de las manos \u2014rebotadora inquietud\u2014, devolvi\u00e9ndose en el acto, con voluntad extra\u00f1a, tras un salto, como una inquietud.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfExtra\u00f1a o diab\u00f3lica?\u2026<\/p>\n<p>Frunc\u00eda las cejas \u2014brochas en las que la atenci\u00f3n riega dent\u00edfrico invisible\u2014 y, tras vanos temores, reconcili\u00e1base con la pelotita, digna de \u00e9l y de toda alma justa, por su af\u00e1n el\u00e1stico de levantarse al cielo.<\/p>\n<p>Y as\u00ed fue como en aquel convento, en tanto unos monjes cultivaban las Bellas Artes y otros las Ciencias y la Filosof\u00eda, el nuestro jugaba en los corredores con la pelotita.<\/p>\n<p>Nubes, cielo, tamarindos\u2026 Ni un alma en la pereza del camino. De vez en cuando, el paso celeroso de bandadas de pericas domingueras comi\u00e9ndose el silencio. El d\u00eda sal\u00eda de las narices de los bueyes, blanco, caliente, perfumado.<\/p>\n<p>A la puerta del templo esperaba el monje, despu\u00e9s de llamar a misa, la llegada de los feligreses jugando con la pelotita que hab\u00eda olvidado en la celda. \u00a1Tan liviana, tan \u00e1gil, tan blanca!, repet\u00edase mentalmente. Luego, de viva voz, y entonces el eco contestaba en la iglesia, saltando como un pensamiento:<\/p>\n<p>\u00a1Tan liviana, tan \u00e1gil, tan blanca!\u2026 Ser\u00eda una l\u00e1stima perderla. Esto le apenaba, arregl\u00e1ndoselas para afirmar que no la perder\u00eda, que nunca le ser\u00eda infiel, que con \u00e9l la enterrar\u00edan\u2026, tan liviana, tan \u00e1gil, tan blanca\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY si fuese el demonio?<\/p>\n<p>Una sonrisa disipaba sus temores: era menos endemoniada que el Arte, las Ciencias y la Filosof\u00eda, y, para no dejarse mal aconsejar por el miedo, tornaba a las andadas, tentando de ir a traerla, enjug\u00e1ndose con ella de rebote en rebote\u2026, tan liviana, tan \u00e1gil, tan blanca\u2026<\/p>\n<p>Por los caminos \u2014a\u00fan no hab\u00eda calles en la ciudad trazada por un teniente para ahorcar\u2014 llegaban a la iglesia hombres y mujeres ataviados con vistosos trajes, sin que el religioso se diera cuenta, arrobado como estaba en sus pensamientos. La iglesia era de piedras grandes; pero, en la hondura del cielo, sus torres y c\u00fapula perd\u00edan peso, haci\u00e9ndose ligeras, aliviadas, sutiles. Ten\u00eda tres puertas mayores en la entrada principal, y entre ellas, grupos de columnas salom\u00f3nicas, y altares dorados, y b\u00f3vedas y pisos de un suave color azul. Los santos estaban como peces inm\u00f3viles en el acuoso resplandor del templo.<\/p>\n<p>Por la atm\u00f3sfera sosegada se esparc\u00edan tuteos de palomas, balidos de ganados, trotes de recuas, gritos de arrieros. Los gritos abr\u00edanse como lazos en argollas infinitas, abarc\u00e1ndolo todo: alas, besos, cantos. Los reba\u00f1os, al ir subiendo por las colinas, formaban caminos blancos, que al cabo se borraban. Caminos blancos, caminos m\u00f3viles, caminitos de humo para jugar una pelota con un monje en la ma\u00f1ana azul\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Buenos d\u00edas le d\u00e9 Dios, se\u00f1or!<\/p>\n<p>La voz de una mujer sac\u00f3 al monje de sus pensamientos. Tra\u00eda de la mano a un ni\u00f1o triste.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Vengo, se\u00f1or, a que, por vida suya, le eche los Evangelios a mi hijo, que desde hace d\u00edas est\u00e1 llora que llora, desde que perdi\u00f3 aqu\u00ed, al costado del convento, una pelota que, ha de saber su merced, los vecinos aseguraban era la imagen del demonio\u2026<\/p>\n<div align=\"center\"><img src=\"https:\/\/www.deguate.com\/artman\/uploads\/51\/nino-pelotia.jpg\" alt=\"Ni\u00f1o corriendo pelotita Sombreron\" align=\"\" border=\"0\" \/><\/div>\n<p>(\u2026tan liviana, tan \u00e1gil, tan blanca\u2026)<\/p>\n<p>El monje se detuvo de la puerta para no caer del susto, y, dando la espalda a la madre y al ni\u00f1o, escap\u00f3 hacia su celda, sin decir palabra, con los ojos nublados y los brazos en alto.<\/p>\n<p>Llegar all\u00ed y despedir la pelotita, todo fue uno.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Lejos de m\u00ed, Sat\u00e1n! \u00a1Lejos de m\u00ed, Sat\u00e1n!<\/p>\n<p>La pelota cay\u00f3 fuera del convento \u2014fiesta de brincos y rebrincos de corderillo en libertad\u2014, y, dando su salto inusitado, abri\u00f3se como por encanto en forma de sombrero negro sobre la cabeza del ni\u00f1o, que corr\u00eda tras ella. Era el sombrero del demonio.<\/p>\n<p>Y as\u00ed nace al mundo el Sombrer\u00f3n.<\/p>\n<p>Acerca del autor.<\/p>\n<p>Miguel \u00c1ngel Asturias Rosales (Ciudad de Guatemala, Guatemala, 19 de octubre de 1899 \u2013 Madrid, 9 de junio de 1974) fue un escritor y diplom\u00e1tico guatemalteco. Recibi\u00f3 el Premio Lenin de la Paz en 1965 y el Premio Nobel de Literatura en 1967.<\/section>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En esta leyenda, Miguel \u00c1ngel Asturias toma la idea de un ni\u00f1o que persigue a una pelotita que rebota por todas partes, hasta que \u00e9sta se convierte en un gran sombrero que lo atrapa transform\u00e1ndolo en el demonio llamado \u00abEl Sombrer\u00f3n\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":593,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":""},"categories":[3],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.deguate.com\/leyendas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/592"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.deguate.com\/leyendas\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.deguate.com\/leyendas\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.deguate.com\/leyendas\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.deguate.com\/leyendas\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=592"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.deguate.com\/leyendas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/592\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":594,"href":"https:\/\/www.deguate.com\/leyendas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/592\/revisions\/594"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.deguate.com\/leyendas\/wp-json\/wp\/v2\/media\/593"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.deguate.com\/leyendas\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=592"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.deguate.com\/leyendas\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=592"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.deguate.com\/leyendas\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=592"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}