|
EDUCACIÓN
Historia del dibujo y sus
circunstancias
Algunas
reflexiones sobre el Dibujo
En unión del gesto y
de la voz, el dibujo es un lenguaje antiquísimo y universal, mediante
el cual se expresan y describen para su comunicación imágenes del
mundo circundante, o bien inventadas en sus formas o en su asociación
El dibujo ha venido
considerándose tradicionalmente como instrumento de perfeccionamiento
del trabajo de pintores y escultores, teniendo lugar su aprendizaje en
la Academia y en el taller. Al dibujar, primero se leen las formas y
luego se describen.
Este ejercicio
expresivo, que puede llegar a dominarse tras un período de
aprendizaje y práctica, educa la inteligencia hasta el punto de que
el artista que ha disciplinado su personalidad dibujando, afronta con
esa misma disciplina y orden actividades en apariencia tan distantes
como la expresión abstracta. Sin olvidar nunca que al artista joven
se le deben dar lecciones y no recetas.
Si, en opinión de
Hegel, la forma artística es la manifestación sensible de la idea,
el dibujo es el lenguaje básico que posibilita esa manifestación.
En el dibujo de buena
calidad, válido por sincero, el alma del artista se expresa no
mediante formas, sino en las formas. La capacidad de crear formas
calificará por añadidura el talento del artista, además de
acreditar su habilidad profesional en la copia. La de dibujante es,
por consiguiente, una profesión que se convierte en arte cuando
desborda lo que es mera aptitud manual lo que se llama oficio, para
transformarse en vehículo de sentimientos.
Está en la mano del
dibujante dar el ritmo conveniente a su obra, destacando los
apelativos estructurales para él más importantes y disminuyendo o
incluso suprimiendo aquellos otros menos definitorios; el resultado
será el dibujo logrado, con su ritmo, personalidad y mensaje implícitos.
Porque en un dibujo
cada línea tiene una fuerza dimanante de la dirección que expresa su
intencionalidad. El dibujante hábil sabe que puede dirigir la mirada
(y con ella la atención) del espectador hacia un punto determinado
con sólo hacer converger los varios vectores de fuerza formal que
constituyen el juego de líneas. Aun cuando en un cuadro no aparezcan
expresas las líneas dibujístico-estructurales (no las vemos como
tales en la Naturaleza), subyacen escondidas ordenando las masas, las
luces y las sombras. Estas líneas ocultas generan en el Barroco las
llamadas "formas abiertas", en virtud de las cuales los
argumentos se supone que se completan fuera del rectángulo del papel.
Frente a éstas se hallan las "formas cerradas",
conceptualmente más propias del siglo XVI.
La tarea de representar
el entorno y los objetos, o de recrearlos y establecer asociaciones
nuevas, que constituyen como queda dicho la esencia del dibujo, es
actividad noble hasta el extremo de poder afirmar de ella, con
palabras de Baltasar Gracián, que "no se puede negar arte donde
tanto reina la dificultad".
Bosquejo histórico.
A lo largo y ancho de
la Historia del Arte el dibujo aparece como principio ordenador de la
pintura, escultura, arquitectura, esmaltes, cerámica, mosaicos, etc.,
unas veces poco evidente, como es el caso de los pintores
impresionistas, que dibujaban directamente con los pigmentos; otras,
con carácter muy marcado, cual sucede en el cubismo, que toma como
valor representativo más sólido la "anatomía de los
objetos", puesto que el color resulta engañoso al depender de la
luz.
Desde las cuevas cántabras
del paleolitico, hasta los abrigos rupestres levantinos, el dibujo
aparece como lenguaje de comunicación de acontecimientos mágicos,
como motivo ornamental, o inclusive con carácter no figurativo, en
forma de pictografía aún por descifrar.
En el transcurso de los
siglos, griegos y romanos impulsaron las artes de la pintura y
escultura, supeditadas ambas siempre a la teoría inexcusable del
dibujo. Que con posterioridad aparece en las exquisitas miniaturas
medievales de códices y libros de horas, y, en la pintura parietal
románica, describiendo pantócrators, ángeles y apostolarios de
perfiles firmes y rotundos.
En las puertas del
Renacimiento, Ghiberti (1378-1455) señala que "no se puede ser
buen pintor ni escultor sin dominar la teoría -el razonamiento- del
dibujo". El mismo autor aprueba el criterio de la Antigüedad que
ponía la forma por encima del color. Para Ghiberti, "el dibujo
es la base y la teoría".
Vasari (1511-1574)
enumera ya cuáles son las "artes del dibujo": pintura,
escultura y arquitectura, artes consideradas principales y unidas por
el estudio de las formas. Las demás son "artes mecánicas".
Masaccio y Mantegna hacen del dibujo instrumento descriptivo de unos
personajes de recia presencia, con formas que "pesan".
Para Dolce (1508-1568),
el dibujo es, en unión del colorido y la invención, una de las tres
partes fundamentales de la pintura, con el matiz añadido del
claro-oscuro, que crea el relieve.
Leonardo enseñaba a
dibujar siguiendo tres etapas sucesivas: copia de dibujos,
generalmente de Rafael o Miguel Angel; de yesos de figuras clásicas;
y por último del natural: anatomía y perspectiva de hombres bien
proporcionados.
Por su parte, Rafael
advierte que la perfección de la pintura no está sólo en el dibujo
que atiende a los cánones del desnudo, si no se complementa con la
invención, la perspectiva y los ropajes, tomando así mismo como base
el dibujo. No olvidemos que Rafael representa la pureza clásica de la
línea, frente al expresionismo romántico y tumultuoso de Miguel
Angel.
Reiteradamente se ha
considerado que la cima y máxima perfección del arte de la pintura
estaba en la asociación del dibujo de Miguel Angel con el colorido de
Tiziano, según apunta, entre otras referencias, la teoría ecléctica
de Paolo Pino.
Durero, Rembrandt, Goya
y Picasso fueron extraordinarios grabadores merced a ser dibujantes
excepcionales.
En el siglo XVI, con
motivo principalmente de la construcción de El Escorial, vinieron a
España artistas italianos, entre los que se contaban Federico Zúcaro
y Luca Cambiaso, dibujantes que introdujeron en nuestro país técnicas
y concepciones nuevas, como el parco empleo de la mancha de sepia muy
diluida.
Dibujaron soberanamente
bien Velázquez -de quien se dice que estuvo copiando del yeso y del
natural durante 6 años, antes de obtener permiso para tomar los
pinceles-, Alonso Cano, Carreño de Miranda, Claudio Coello, etc. Con
Palomino como cualificadísimo teórico del dibujo.
Surgen en el siglo XVII
las Academias de Roma, París, Florencia, Nápoles y Génova, entre
otras. Más tarde, ya en el XVIII, las de Madrid y Londres.
La Academia Francesa
llegaba al exceso de poner en manos de sus alumnos el librito de Le
Brun titulado "Physiognomie", en el que se incluían las
expresiones de miedo, ira, asombro, etc., evitando así que los
educandos tuviesen que consultar la Naturaleza...
Por aquel entonces, en
los gremios también se enseñaba a dibujar, pero a un nivel inferior
al de las Academias.
En la Zaragoza de 1784
se crea la Escuela de Dibujo de la Real Sociedad Económica Aragonesa
de Amigos del País, elevada a la categoría de Real Academia de
Bellas Artes en 1792.
Conviene señalar que
en el Barroco los artistas "poussinistas" defendían la
primacía del dibujo frente a la fuerza del color, del que hacían
bandera los "rubenianos". Que el color exultante era
insuficiente para determinadas mentes de la época, se refleja en la
calificación que hace Chambry de "pintura libertina" a la
que carece del orden y la disciplina del dibujo.
Estas tendencias las
toma en consideración el teórico Pierre-Henri Valenciennes
(1750-1819) al distinguir entre "pintores y dibujantes" y
"pintores coloristas", recomendando no entremezclar ambas
posturas. Aduce a este respecto que "cuando Rubens quiso dibujar
mejor, coloreó peor; y cuando Rafael quiso colorear mejor, sus
cuadros perdieron la finura de dibujo que hizo famoso a este
autor".
Según el maestro
Mengs, pintor áulico de Carlos III, para hacerse pintor hay que
aprender las disciplinas pertinentes, y precisamente en este orden: 1º.
dibujo, 2º claro-oscuro, y 3º colorido; luego añade la armonía,
composición, gracia, y proporciones del cuerpo humano.
El gran Ingres, autor
de la archifamosa frase "le dessin est la probité de
l'art", afirma también: "Si yo tuviese que poner un anuncio
sobre mi puerta, escribiría: Escuela de Dibujo, y estoy seguro de que
crearía pintores". Ingres mereció el siguiente juicio de
Baudelaire: "El dibujo de M. Ingres es el de un hombre
convencido. Cree que la Naturaleza debe ser corregida, enmendada; que
el engaño agradable, hecho para el placer de la vista, no es
solamente un derecho, sino un deber".
La grandeza del dibujo
la reconocía, igualmente, el gran Delacroix cuando decía: "Un
buen dibujo no es una línea rígida, cruel, despótica, inmóvil, que
encierra una figura como una camisa de fuerza; porque el dibujo debe
ser como la Naturaleza: vivo y agitado", frase que pone bien de
manifiesto la filiación romántica de quien la pronunció.
Es evidente que en
pleno siglo XIX se repite entre Ingres y Delacroix la vieja pugna de
dibujo versus color que ya existió entre Miguel Angel y Tiziano. Y es
curioso que en ese mismo XIX sea Delacroix el único artista con
categoría suficiente para enfrentarse en Francia con un soberbio
dibujante: Daumier, autor de planchas magistrales.
A su vez, Seurat
enunciará en las postrimerías del siglo su teoría simbolista de la
línea, a saber: la línea ascendente indica alegría; la horizontal,
calma; y la descendente, tristeza.
En el postcubismo el
dibujo no ofrece la forma-imagen, sino la forma-realidad. Quiere esto
decir que el dibujo contemporáneo no trata en buena medida de imitar
la forma de las cosas, sino crear formas originales, "no imitar
la vida, sino encontrar una equivalencia de la vida" (Fry); O,
como también se ha dicho, no imitar la Naturaleza, sino rivalizar con
ella en creatividad. Aunque aquí se incluya también la vida
subjetiva, lo que nos llevará a los "paisajes interiores"
de Klee, antesala del dibujo abstracto. Implica esto la absorción del
concepto tradicional de lo bello por el más amplio del Arte integral
(incluida la estética de lo feo, genial intuición de Goya), que es
una de las características del Arte de hoy.
El dibujo ha ilustrado,
por consiguiente, la evolución de la forma, que ha pasado de ser
forma elemental a forma compleja o "constructiva", para
terminar en el fenómeno abstracto.
En pleno siglo XX se
repite el antagonismo Rafael-Miguel Angel (pureza clásica frente a
apasionamiento temperamental) en el binomio Juan Gris-Picasso, el
primero autor de un cubismo racionalísta casi cartesiano, y el
segundo impulsivo y revolucionario hasta hacer saltar por los aires
los conceptos de perspectiva y colorido imperantes en el mundo
occidental desde el Renacimiento.
Los artistas plásticos
españoles han venido dibujando mucho y bien a lo largo del tiempo. No
es preciso citar nombres que están en la mente de todos, incluidos
los escultores, que siguen la tradición de ofrecer también muestras
de su capacidad dibujística. Con el hito añadido de la decisiva
aportación al cómic internacional de los dibujantes españoles
especializados.
El cómic, o arte
secuencial, como prefiere llamarlo Will Eisner, desarrolla un
argumento en imágenes sucesivas, con o sin la apoyatura de un texto
escrito. España cuenta con una nómina excepcional de dibujantes de cómic,
con figuras como Sió, Beá, Hernández Palacios, Segrelles, etc.,
creadores del "cómic de autor", estimado sobremanera en el
mercado mundial, y particularmente en USA.
En la actualidad existe
un núcleo de excelentes dibujantes en Aragón, entre los que cabe
mencionar a Faustino Manchado, Natalio Bayo, Dino Valls, Postigo,
Pascual Blanco, Castillo Seas, Mayayo, Samuel, Gay, y un extenso etcétera.
En cuanto a la historia
del coleccionismo de dibujos, sirve ésta para ilustrar la importancia
que en cada época se ha dado a este procedimiento artístico,
especialmente a partir del siglo XVII.
"La escasez y
desconocimiento de los dibujos españoles se debe sobre todo a la
falta de un coleccionismo inteligente". Esta frase de Alfonso Pérez
Sánchez, exdirector del Museo del Prado, explica en buena medida la
escasa o nula importancia concedida hasta hace poco tiempo al dibujo
por nuestras esferas culturales.
Conocida es la penuria
de dibujos españoles anteriores al año 1500. A partir del siglo XVI
la afición por el dibujo fue creciendo, hasta cuajar en un gusto
decidido por este producto artístico. En el siglo XVII se formaron ya
algunas colecciones importantes con finalidad didáctica e histórica,
siempre a expensas de aristócratas ilustrados y burgueses cultos.
El coleccionismo
alcanza gran popularidad entre las clases pudientes del XVIII. Es
signo de buen gusto contar con una nutrida colección de estampas, que
se guardan en una carpeta y se contemplan en familia o en compañía
de amigos en momentos señalados.
Ya en el siglo XIX se
constituyen colecciones a nivel nacional, como sucede con las del
Museo del Prado, Biblioteca Nacional y Academia de San Fernando, si
bien la Guerra de la Independencia nos privó de muchos dibujos
sacados de España.
Se asiste actualmente a una resurrección del dibujo y de su hermano
menor, el grabado. Buena prueba de ello es este singular Museo de
Dibujo del castillo de Larrés, líder en España de lo que debe ser
el coleccionismo inteligente y eficaz.
Sobre algunas
modalidades de dibujo
El primer dibujo,
registrado en yacimientos prehistóricos y luego cultivado con máxima
frecuencia, es el llamado dibujo artístico, más o menos
perfeccionado, coloreado o no. Es el estilo lineal que luego habían
de practicar el Beato de Liébana, Ingres o el mismo Hergé en su
"línea clara", caracterizado por captar los apelativos táctiles
de contornos y superficies, representando expresamente los límites de
los objetos. El apurado de las calidades y texturas, lo que equivale a
profundizar en la realidad, con un mejor conocimiento de la misma, nos
lleva al hiperrealismo. En el otro extremo de la exactitud
representativa están los bocetos, ensayos de dibujos que Jusepe Martínez
denomina "dibujos de idea" en su libro "Discursos
practicables".
El dibujo geométrico
alcanza su cima última en el op-art. Mientras Mondrian recoge en sus
dibujos rectangulares el orden subyacente en la Naturaleza, Vassarely
consigue impresiones visuales nuevas con la repetición de módulos en
sus dibujos. El dibujo constructivista procede, asimismo, a la
peculiar ordenación de líneas y planos.
Afín al geométrico es
el dibujo industrial, que utiliza un sistema convencional de
representación objetual, basado principalmente en las perspectivas cónica
y oblicua y en proyecciones ortogonales. El dibujo como proyecto
representa la abstracción de los elementos cuantitativos de una máquina,
un objeto o un edificio en términos puramente geometrizados.
En la esfera comercial
hay que incluir logotipos y carteles. El logotipo es una forma de
comunicación visual utilizada en lugar de descripciones escritas; en
él hay contenidos unos signos gráficos y un mensaje. El cartel
representa la función del dibujo en el arte del siglo XX; funciona
como medio de comunicación vehiculador de un mensaje que va desde un
emisor a un receptor y se caracteriza por su gran tamaño y por el
gran número de ejemplares que reproducen la imagen dibujada.
En el dibujo
expresionista los contornos de las personas y cosas vibran con un pálpito
de vida propia y se deforman, sin dejar de ser reconocibles. Se ha
dicho que las deformaciones fruto del amor son más verdaderas que la
mayor exactitud representativa. Porque si una cosa se dibuja con amor,
jamás será falsa. Tal sucede en el retrato que el niño dibuja de su
padre, o el de la Virgen dibujada por la monja inocente e indocta. La
culminación de este dibujo entrañable, por lo común muy detallista,
es el dibujo naïf.
El cómic es un género
que ha alcanzado auge insólito en nuestro siglo, oscilando entre la
etapa clásica americana de los años 30, con Raymond, Hogarth y otros
nombres importantes, hasta los alaridos imaginativos que son los
dibujos refinados y virtuosístas de Frazetta, Rowena o Vallejo, que
nos descubren mundos nuevos, o la carga de contracultura que supone el
cómic "underground" de los años 60.
En los campos de la
critica social (Daumier, Grosz), costumbrista (Sancha, Esplandiu) y
del humor gráfico y la caricatura (Xaudaró, Mingote, Serafin, Ibáñez,
Escobar) el dibujo pone de manifiesto su riqueza expresiva y
posibilidades cuando es utilizado con talento como instrumento de
comunicación.
El dibujo coloreado a
la aguada o acuarela sigue practicándose mayormente en términos
tradicionales. Hay que citar como principal aportación renovadora la
obra informal de Fernando Zóbel, que ha conferido una original
dimensión al género, revitalizándolo.
Por último, el dibujo
también toma nombre del material con que se realiza, hablándose de
dibujos al grafito, a la tinta china (mancha o plumilla), carboncillo,
sanguina, pirógrafo, y, en la actualidad, inclusive del dibujo cibernétíco.
Todas estas modalidades
de dibujo, y algunas más, las encontrará representadas el visitante
en el Museo de Dibujo de Larrés.
El Museo de
Dibujo "Castillo de Larrés"
Tras la lectura de los
puntos anteriores, se comprenderá la gran importancia que tiene para
la Cultura de Aragón y de España la creación de un Centro que
aspire a reunir en sus salas una muestra integral de esa manifestación
humanística que es el dibujo.
Sin incurrir en
exageración, puede afirmarse que el padre, conservador, trujamán,
guardián celoso y propagandista infatigable de este museo es Julio
Gavín, Presidente de la Asociación "Amigos de Serrablo",
de la que este museo tal vez sea su más trascendental logro, al lado
de la benemérita restauración de las iglesias prerrománicas del
Serrablo. Me consta que la modestia de este hombre se sentirá herida
por estas menciones, pero las considero inexcusables por justas y
definitorias.
El inmueble es un
castillo de finales del siglo XIV, situado en el pueblecito oscense de
Larrés, a orillas del río Aurín. Al traspasar sus umbrales, dos
sentimientos se apoderan inmediatamente del visitante: la sorpresa por
la cantidad y calidad de los fondos expuestos -el museo cuenta en la
actualidad con más de 500 originales-, y la admiración por la
acertada tarea de conservación ambiental desarrollada en la
restauración de esta edificación medieval. Los techos de vigas de
madera a la vista, como corresponde a la época, y los suelos de
cantos rodados, de enrevesada filigrana, son ejemplos, entre otros mil
detalles, del mimo con que se ha llevado a cabo la recuperación. La
colocación de los dibujos en los muros se ha resuelto con eminente
sentido práctico; en cuanto a la iluminación, detalle que malogra
tantas muestras, es muy cuidada.
Por añadidura, pocos
museos habrá en el mundo con el regalo, añadido por el cielo, de
unas panorámicas como las del Pirineo agreste y majestuoso que se
divisan desde la torre de la fortaleza, paisajes grandiosos, de
regusto taumatúrgico, que cautivan la vista y apaciguan el espíritu.
Lugar, en suma, donde se conciertan la belleza de un continente
excepcional con la de un precioso contenido.
Participando del
criterio imperante en los más modernos museos del mundo, éste de
Larrés proyecta la renovación periódica de las obras expuestas, a
expensas de unos fondos -todos ellos donación de sus autores- que
sorprenden, como queda dicho, por el volumen alcanzado en el
relativamente breve plazo en que se ha gestado, realizado (1984-1986)
e inaugurado (1986) el Museo de Dibujo, empresa acogida con el máximo
calor por la clase artística española.
Con esta política de
renovación periódica de la obra expuesta, instaurada y practicada
con enorme éxito v. gr. por el Museo Metropolitano de Nueva York, se
cumplen dos objetivos: 1º, exhibir todas las obras existentes en el
museo, sin dejar a ningún autor inédito y confinado en los sótanos
del establecimiento; 2º, la certeza por parte del visitante de que,
si vuelve a Larrés al cabo de uno o dos años, tendrá oportunidad de
admirar obras distintas.
A esto se une la
aspiración a reordenar y mejorar paulatinamente la disposición de
las obras en las salas, atender a crear colecciones temáticas o de
procedimiento, es decir, prestar al museo el estilo vivo y dinámico
propio de la concepción funcional que hoy día debe imperar en estos
centros de cultura.
Quien desee, pues,
conocer cuál es el momento actual del dibujo español contemporáneo,
desde la Escuela de Madrid al Grupo Azuda 40, desde el Dau al Set
hasta El Paso, desde los últimos residuos academicistas finiseculares
hasta las vanguardias más avanzadas, pasando por el cómic y el
dibujo industrial, que peregrine a Larrés, cuyo Museo de Dibujo, auténtica
perla del Serrablo, le gratificará ampliamente del leve desvío que
su visita supone en la ruta del Pirineo aragonés, desde Sabiñánigo
o Jaca camino de Ordesa y Panticosa.
Trabajo enviado por:
Jaime Esain
De la Asociación Española de Críticos de Arte (A.E.C.A.)
Sitio Web: http://www.serrablo.org/museodibujo/deldibujo.html
|