La felicidad es algo muy relativo y personal, por ello, en este artículo al hablar de felicidad, nos vamos a referir a la habilidad que consiste en aquellos estilos de pensar, sentir, tener conciencia, comportarnos, expresarnos corporalmente y gestionar nuestras necesidades de manera que nos hagan sentir bien. ¿Nos sigues…?
Es evidente que hay otros factores que nos influyen a la hora de ser felices, como son, por ejemplo, la genética y las circunstancias personales, pero no olvidemos que todos tenemos un determinado marco de acción, y es ahí donde podemos elegir qué pensar, qué sentir, cómo actuar… nuestras decisiones pueden llegar a ampliar en gran medida nuestro marco de acción.
Teniendo en cuenta que nuestra felicidad depende en gran medida de nosotros, vamos a ver unas cuantas razones por las que merece la pena desarrollar esas habilidades.
Ser feliz alarga la vida
En opinión de Josep Mª Serra-Grabulosa, Profesor del Departamento de Psiquiatría y Psicobiología Clínica de la Universidad de Barcelona, “la evidencia científica sobre la influencia de la felicidad en la salud está aumentando en los últimos años. En concreto, existen estudios que han evaluado positivamente la relación del bienestar y la felicidad con respecto al sistema inmunitario, a nivel neuroendocrino, o en relación al área cardiovascular”.
• La felicidad disminuye la presión arterial y mejora la función pulmonar.
• La felicidad tiene efectos muy beneficiosos sobre el organismo, pues reduce el riesgo de sufrir patologías gástricas, endocrinas e inmunológicas.
• La felicidad neutraliza las manifestaciones de hipertensión, inmunosupresión, tensión muscular.
• La felicidad reduce los niveles de cortisol en la saliva, lo cual favorece la respuesta inmunológica. Además, las personas felices tienen niveles inferiores de cotoquinas proinflamatorias, unas proteínas que se producen cuando el organismo se siente amenazado.
• La felicidad protege el corazón. Las personas más felices poseen mayores índices de fibrinógeno en la sangre, una sustancia que indica inflamación y que se utiliza para medir el riesgo de cardiopatías.
• La felicidad reduce la presión arterial. A mayor nivel de felicidad, se registra una menor presión sistólica (la ejercida sobre las paredes arteriales cuando el corazón se contrae).
• La felicidad tiene efecto anti estrés. Las actividades placenteras ayudan a
inducir cambios saludables de comportamiento, como el manejo y control del estrés.
• La felicidad mejora la calidad de vida de los enfermos de artritis, esclerosis o psoriasis y aumenta la supervivencia de pacientes con tumores oncológicos.
• La felicidad conduce al éxito.
Estamos convencidas de que son nuestras propias decisiones, las que forman nuestro destino más que cualquier otra cosa.
¿Te apuntas a ser feliz?
Publicado por: Axel Natreno
Fuente: toppercoaching.com