Inés Salazar comparte un texto de poesía mística amorosa del escritor libanés Gibran Khalil Gibran.
Hay ocasiones, mágicas todas ellas, en las que las palabras de un poeta acarician y rasgan al mismo tiempo el alma de una mujer. Hay veces en las que es posible encontrar en un libro el eco de los sentimientos y temores que habitan dentro, muy dentro de tu individualidad. Es entonces cuando se crea un puente, una conexión que atraviesa el tiempo y el espacio, poniendo frente a frente al escritor y al lector.
Hace tiempo mi corazón estaba triste. La vida y sus dificultades nos convierten con frecuencia en criaturas desconfiadas y temerosas. Allí estaba yo, con un montón de dudas y miedos. Y él, frente a mí, me miraba con ojos tristes al no poder ayudarme a salir de mi congoja. Fue entonces que se ahorró las palabras y me dio un libro, El profeta , obra cumbre del gran escritor Gibran Khalil Gibran.

Lo abrió en el apartado dedicado al amor, lo puso en mis manos, que temblorosas tomaron con fuerza el pequeño libro. Comencé a leer y no pude evitar que las lágrimas cayeran pesadas mojando las hojas. El poeta místico me hablaba del amor y cuando terminé la lectura supe que no quería separarme nunca más del hombre que había puesto ese libro en mis manos.
Deseo compartirles ese poema no tanto por lo mucho que significa para mí, sino porque encierra una enorme sabiduría, que estoy segura les hablará tan elocuentemente como lo hizo conmigo.
Cuando el amor te llame, síguelo;
aunque sus caminos sean arduos y penosos.
Y cuando sus alas te envuelvan, entrégate a él;
aunque la espada escondida bajo su plumaje pueda herirte.
Cuando el amor te hable, cree ciegamente en él;
aunque su voz derribe tus sueños
como el viento destroza los jardines.
Porque si el amor te hace crecer y florecer,
él mismo te podará.
Y nunca te creas capacitado para dirigir el curso del amor,
porque el amor si te considera digno de sí,
dirigirá tu curso por los caminos de la vida.
Esto hará el amor en ti para que conozcas los secretos del corazón.
El amor no da más que de sí mismo
y no toma más que de sí mismo.
El amor no posee nada
y no quiere que nadie lo posea,
porque el amor, se sacia en el amor.
Por eso, cuando ames no debes decir:
"Dios está en mi corazón", es mejor decir:
"Estoy en el corazón de Dios".
Y así, despierta cada amanecer,
con el corazón agradecido por un día más de amor;
al mediodía, reposa y medita sobre la plenitud del amor;
cuando decline el día, da gracias al regresar a tu hogar;
y duerme luego, con una plegaria en tus labios por el ser amado,
y una oración de alabanza a Dios en tu corazón.
Publicado por: Redaccin/
Fuente: nosotros2.com