Alina Kummerfeldt Quiroa
Alina Kummerfeldt Quiroa en su casa de campo, rodeada de piedras, flores y arte, con su cabello rojizo y su amplia sonrisa, que pareciera una de las musas pintadas por su abuelo Marco Augusto Quiroa, cuyo espíritu se siente en el ambiente...El linaje artístico viene de lejos. Su tatarabuelo escribió la primera geografía de Centro América, su bisabuela era dramaturga; el bisabuelo, poeta, entre otros oficios; su abuelo materno, pintor, escultor y escritor: su abuela era una apasionada por el arte y la poesía. Sus tías están inmersas en la plástica; su madre es sacerdotisa maya y su hermano, cineasta.
“Creo que no había escapatoria. En la mesa, los temas eran libros, pinturas, películas, cultura, política y las actividades a las que asistía como exposiciones y presentaciones. Estas cosas se mezclan con la personalidad de uno y no se sabe en qué punto se desliga el yo creado y el esencial”.

Comenzó en las letras cuando su madre le regalaba diarios, que ella llevaba a todas partes. “Escribía en los viajes, cuando despierta lo que duerme en uno. En aeropuertos, trenes, lugares que se ponen o nos ponen en movimiento. Hasta que un día, en vez de narrar los días, estos se hicieron poemas”.
Sus primeros intentos poéticos se los mostró a su hermano, que le habló de ritmos y pausas; de filosofías, de piedras y diamantes; de temblores y cimas, indica. Su primera producción fue Carta Cero, luego vino Trotamundos de cuerpos, sobre el cual expresa que el título no la retrata como tal, pues “todos hilvanamos una trayectoria en esta vida, pisando distintas superficies etéreas o concretas”.
En este libro, agrega, “mis propios trotes se esclarecen en mí y por mí, para el mundo, y cada quien encontrará el suyo”. Quiso ilustrarlo con fotografías de José Carlos Rodríguez para que sus letras sean interpretadas por alguien más para lograr la sinestesia.
Rodríguez, es un fotógrafo a quien admira por su talento y a la vez es su pareja sentimental “quién más para estar cercano a la poesía que no escribo”. Agrega que de este poemario, su preferido es Les Feuilles porque es simple, virtud que le cuesta alcanzar y porque es el poema que más le suaviza la existencia.
Influencia literaria
Dice que Walter Morán ha sido parte importante, no en el impulso de las palabras sino en el resultado de su obra. “Es maestro y conoce la música de la belleza, lo mismo que Carolina Escobar Sarti, quien me compartió algunos trucos de magia desde su mirada para Carta Cero”. Le gusta leer a Luz Méndez de la Vega, y contemporáneos como Diego Ventura y Pep Barcárcel.
Se despide de su país, ya que estudia redacción literaria en Argentina, donde reside. Regresará en un año a la casa del Gran Quiroa, su abuelo, casa de sus recuerdos, de su infancia. El lugar en donde todo comenzó.
Publicado por: Axel Natareno
Fuente: dca.gob.gt
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