Femicidio en Guatemala
El problema de la violencia hacia las mujeres es un flagelo, de misoginia, desprecio y discriminación por el hecho de ser mujer, el cual debe ser abordado desde la concepción de la desigualdad de géneros, ya que desde ese análisis se comprenderá la crueldad y la doble tortura hacia las mujeres ya que miles de mujeres se encuentran inmersas en un círculo de violencia el cual es repetitivo y progresivo y puede conducirlas a sumarse al creciente índice de estadísticas de femicidios, en Guatemala.La discriminación por motivos de género hacia las mujeres en Guatemala, es un fenómeno de carácter cultural que se profundiza con una legislación que excluye la equidad y da una preponderancia al hombre como cabeza de familia y como único sujeto activo de las relaciones sociales.

En Guatemala durante el primer trimestre del año 2008, fueron asesinadas 116 mujeres y en el mismo trimestre del año 2009, fueron asesinadas 148. La muerte violenta de mujeres por razones misóginas en un contexto de relaciones desiguales de poder es un flagelo que deviene desde la antigüedad, teniendo como causa principal, el sistema patriarcal, en la cual la base de su control es la dominación masculina sobre la sumisión femenina, ideología que se ha heredado de generación en generación a través de los siglos, desde la época del esclavismo hasta nuestros días.
Alrededor del mundo las mujeres entre los 15 y los 44 años tienen una mayor probabilidad de ser mutiladas o asesinadas por hombres que de morir de cáncer, malaria, accidentes de tráfico o guerra combinados, de acuerdo al Centro de Ginebra para el Control Democrático de las Fuerzas Armadas (DCAF) entre 113 y 200 millones de mujeres desaparecen demográficamente.


Por lo cual en el año 2008 se aprueba la Ley del Feminicidio y otras formas de violencia contra las mujeres, por lo que es importante para todas las personas (sobre todo las mujeres) conozcan que es el femicidio, las causas y consecuencias de este problema para darle el abordaje y tratamiento que corresponde. En lo sucesivo se darán conceptos y definiciones que amplían todos los términos relacionados con el tema en especial las relaciones desiguales de poder las cuales deben ser identificadas por los juzgadores.
Según el Decreto 22-2008 define el femicidio como: “la muerte violenta de una mujer, ocasionada en el contexto de las relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres, en ejercicio del poder de género en contra de las mujeres”.
Es decir la muerte violenta de una mujer, por el hecho de serlo, es decir por su condición de mujer, por su condición de género, ocasionada por un hombre en el contexto de las relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres en las esferas familiares, económicas, políticas y sociales en el ámbito público o privado.
El femicidio comprende toda una progresión de actos violentos y misóginos (entendiendo como misóginos, el odio, desprecio o subestimación) contra las mujeres, que van desde el maltrato emocional, psicológico, físico, sexual y económico, que culmina en la muerte de las mujeres, derivado muchas veces de un círculo de violencia intrafamiliar cíclica la cual es repetitiva y progresiva. Otras tantas víctimas de la actual situación de delincuencia y violencia imperante actualmente en Guatemala, víctimas de las circunstancias derivadas de una situación de ataque violento que quisieron evitar.
Lo importante y preocupante de estas muertes de mujeres, es el tipo de violencia ejercida en su contra, los cuales no son hechos inconexos, ni aislados, todo lo contrario, están conexados e interrelacionados, para darle mantenimiento y continuidad a un orden patriarcal. Es todo un sistema de terror en contra de las mujeres, instaurado para mantener como el dominio masculino en las sociedades.
El femicidio es un problema que al analizarlo desde el punto de vista social y cultural se observa derivado del sistema patriarcal, en donde la autoridad en la organización social primitiva era ejercida por un varón, quien era el jefe de cada familia por lo que se analiza que el femicidio, es un problema de género íntimamente ligado al sistema patriarcal, el cual predispone en mayor o menor medida a las mujeres para que sean asesinadas, sea por el sólo hecho de ser mujeres, ó no serlo de la manera adecuada, la falta de adecuación presupone que la mujer a traspasado los límites de lo establecido, que se a comportado mal, ese hecho de que la mujer no tenga el comportamiento adecuado esperado, representa una amenaza al dominio masculino, es decir al sistema patriarcal imperante hasta nuestros días, por lo que la mujer es castigada para asegurar el mantenimiento y continuidad del orden patriarcal.
El femicidio también refleja patrones de conducta de una sociedad en donde los conflictos se resuelven de forma violenta, expresa las relaciones desiguales de poder en el marco del contexto socioeconómico político de las mujeres en las sociedades.
Tipos de femicidio
La variedad de situaciones en las mujeres son privadas de la vida o bien violentadas en algunos de sus derechos ha hecho que se regule en esta dirección, para proteger los ámbitos más importantes en donde se relaciona, por ejemplo: el hogar y el trabajo. Las mujeres víctimas de muerte violenta, han sido ejecutadas por hombres con quienes las ejecutadas tenían o sostuvieron relaciones conyugales de convivencia, noviazgo, o parentesco, amistad o relación laboral.
Existes también casos en los cuales son asesinados por hombres con quienes no tenían ningún tipo de relación es decir, ejecutadas al azar, no sin antes haber sido amenazadas, atacadas, violadas y atacadas cuando se encontraban solas, acompañadas o en grupo, en el ámbito público o ámbito privado (es decir en el interior de sus viviendas, en zonas desérticas o la vía pública), esta variedad en las muertes violentas de mujeres en relación al ejecutor, así como las diferentes formas de tortura (quemaduras, violencia sexual, mutilaciones), hacen que se diferencien varios tipos de femicidios a continuación se describirán brevemente:

Femicidio íntimo: Es la muerte de mujeres, ocasionada por hombres, con quienes las ejecutadas tenían una relación familiar, de convivencia, o de noviazgo, es decir fueron ejecutadas por su cónyuge, ex cónyuge, conviviente, ex conviviente, novio o ex novio.
La característica esencial en este tipo de femicidio es que el ataque a la integridad física, sexual o psicológica, lamentablemente llevada a cabo por hombres con quienes las mujeres sostienen o sostuvieron algún tipo de relación sentimental que se aprovecharon del poder instaurado que ejercían sobre ellas. Es terrible que las mujeres en Guatemala sean asesinadas a manos de sus parejas, muchas veces en sus propios hogares que fueron los sitios ó espacios donde se consideraron seguras, que de pronto se convirtió en el escenario donde sus compañeros sentimentales les propiciaron la muerte.
En Guatemala las mujeres mueren a manos de sus parejas de manera cruel, despiadada; los hombres les propinan unas palizas fulminantes que mueren politraumatizadas, asfixiadas, heridas a consecuencia de disparos de arma de fuego o ataques ocasionados con algún cuchillo ó instrumento corto punzante, no sin antes haber sido víctimas de un viacrucis que comprende todas las formas de violencia física, sexual, psicológica, económica, que se le puede infringir a una mujer.
En este tipo de femicidio es común que las mujeres sean asesinadas en su propia casa, que el cadáver sea abandonado por el agresor dentro de la residencia, frente a la misma, con señales que indican que las mujeres intentaron defenderse o escapar de su agresor, en el peor de los casos que sean enterradas en el jardín de sus propias viviendas.
Femicidio no íntimo: Es el asesinato de mujeres, por hombres, con quienes las ejecutadas no tenían una relación íntima, familiar, de convivencia o de amistad, frecuentemente se ha observado que este tipo de femicidio involucra un ataque sexual previo.
En nuestro país es frecuente que aparezcan los cadáveres de mujeres, en lugares baldíos o desérticos; los cuerpos inertes, desnudos o semidesnudos de mujeres con señales de haber sufrido un ataque sexual previo a darles muerte, con señales de extrangulamiento, con disparos de arma de fuego o con heridas producidas por arma blanca, estos escenarios representan las formas más crueles de muerte que se le pueden infringir a las mujeres pues aparecen mutiladas, muchas veces aparece la cabeza en un lugar y el cuerpo en otro lugar.
Los relatos de las víctimas que han sobrevivido a esta clase de ataques, giran sobre el hecho de que los agresores las abordan simulando un robo de sus pertenencias, las obligan a caminar hacia lugares baldíos, donde son atacadas sexualmente, dándolas por muertas, en otras ocasiones les interceptan el paso y las obligan bajo amenazas de muerte (con armas de fuego o armas blancas) a subir a vehículos donde son violadas, luego arrojadas de los mismos, lo cual intensifica la continuación de la violencia.
En el femicidio no íntimo hay un aspecto muy importante a resaltar y es el hecho de la continuación de la violencia que implica una serie de consecuencias letales para las mujeres a corto, mediano y largo plazo. Las mujeres que sobreviven a esta clase de ataques sexuales en un porcentaje elevado de ocasiones, son contagiadas del virus del sida o de otras enfermedades de transmisión sexual (sífilis, gonorrea, chancros o la hepatitis del tipo b), también se presenta el problema de los embarazos no deseados por estas razones en los hospitales nacionales de Guatemala y en la Oficina de Atención a Víctima del Ministerio Público al atender a víctimas que sobreviven a esta clase de ataques sexuales, se les proporciona un tratamiento antirretroviral de carácter preventivo a ser administrado por 28 días, el cual es eficaz al administrarlo dentro de las primeras 72 hora, para evitar contagio con el virus del sida y otras enfermedades de transmisión sexual, así como un tratamiento de abortivos orales de carácter preventivo con el fin de evitar embarazos no deseados.
Lo anterior en los casos de las mujeres que después de ser víctimas de un ataque sexual buscan ayuda en hospitales y/o presentan la denuncia respectiva en la Policía Nacional Civil o el Ministerio Público. Sin embargo, hay un sin número de mujeres que por vergüenza o miedo nunca denuncian el hecho o buscan asistencia médica, las cuales están más propensas al contagio de estas enfermedades o a un embarazo no deseado. Además del daño psicológico sufrido, las secuelas de estrés post-traumático que este tipo de femicidios dejan en las víctimas.
Toda esta violencia se caracteriza por la continuación de la violencia al ataque, que es fundamental para el mantenimiento y continuidad del orden patriarcal.
Cuando los cuerpos de las mujeres son abandonados en lotes baldíos, alcantarillas o lugares desérticos, el mensaje es claro y directo, vuelvan a la línea de comportamiento establecido o esto les va a suceder. Con la violencia se trata mantener un orden patriarcal imperante en la humanidad desde tiempos ancestrales, el cual al verse con la más mínima amenaza tiene como consecuencia ataques o la muerte hacia las mujeres. Es lamentable que para el mantenimiento del orden patriarcal las mujeres tengan que ser atacadas de forma física, sexual, verbal, psicológica o que se les tenga que dar muerte.
Otro factor preocupante como consecuencia de la muerte de las mujeres es la situación de los hijos quienes quedan huérfanos de madre y con el padre en prisión, desprotegidos por completo, solamente tienen el consuelo de quedarse con sus abuelas maternas, tíos, o tías.
Femicidio por conexión: es el asesinato de mujeres que se cruzaron en la línea de fuego, de un hombre que trataba de matar a otra mujer.
Este tipo de femicidio cuando una mujer ya sea adulta o en su niñez trata de evitar que otra mujer muera a manos de su atacante pueden ser parientes de las víctimas (hijas, madres, hermanas, tías), amigas o una tercera persona que intervino en el momento en que sucedía el delito. Estas personas desafortunadamente son víctimas de los golpes, disparos o de un acuchillamiento por parte de o los agresores, por el sólo hecho de haber intervenido para defender a la víctima del ataque.
Observamos este tipo de femicidio con más frecuencia dentro de la violencia intrafamiliar, donde muchas veces, las víctimas mortales son pequeñas niñas que intentaron evitar la agresión que sufrían sus madres a manos de su esposo, conviviente o novio.
Femicidio masivo: un solo crimen en el cual mueren varias mujeres, como resultado de acciones misóginas, de prácticas sociales derivadas del patriarcado o de las relaciones desiguales de poder.
Este tipo de femicidio se presenta con mucha frecuencia en Guatemala, pues es muy común que se encuentren los cuerpos de dos ó más mujeres, con señales de haber sido violentadas sexualmente, antes de haberles dado muerte.
Femicidio en serie: es el asesinato misógino de mujeres, en diferentes lugares, fechas y horas, ocasionado por uno o varios hombres, en donde se utiliza el mismo móvil, en cada ejecución.
Las circunstancias en que puede presentarse este tipo de femicidio son muy variadas, hace poco tiempo se presentaron los casos donde distintas mujeres jóvenes aparecieron en diferentes moteles de la capital decapitadas, era siempre el mismo móvil mujeres jóvenes que ejercían la prostitución quienes aparecían decapitadas en moteles de la ciudad capital.
Por lo que se aprecia la doble tortura y el mensaje que este tipo de muertes transmiten a la sociedad especialmente a las mujeres y a las niñas quienes se sienten inseguras y temerosas porque saben que no pueden salir a ciertas horas, ni visitar determinados lugares, pues de visitarlos podrán aparecer sin vida, violadas o torturadas.
Violencia contra la mujer
Ana Kipen y Mónica Caterberg, explican en su libro Maltrato como permiso milenario, la violencia contra las mujeres, que la violencia era una divinidad en la antigua Grecia que significa provocar daño, haciendo importante comprender los orígenes del término como su significado: “violencia era una divinidad alegórica pagana que desde su niñez vivió en el olimpo. Sus hermanas eran la fuerza (Cratos), la victoria (Nike) y zelos. En la ciudad de Corinto hubo un templo dedicado a la violencia. Se la representa como una mujer armada de una coraza y que con una maza mata a un niño. Como la divinidad griega la violencia siempre esta hermanada con la fuerza, el intento de victoria y los celos. Violentar, violar y forzar se corresponde con el sustantivo de violencia. Siempre supone la intención de provocar un daño”.1
La violencia contra la mujer es la manifestación de dominio y opresión que heredamos de las sociedades patriarcales desde hace milenios de años, consiste en acciones u omisiones que limitan las posibilidades de desarrollo de las mujeres y el ejercicio de sus derechos en el ámbito público como en el privado. Ana Kipen y Monica Caterberg, relatan que desde los tiempos de la antigua Roma, la mujer casada era considerada propiedad del marido observándose la relación desigual de poder en la que se encontraban las mujeres, el dominio masculino sobre la sumisión femenina: “la historia muestra que la cultura romana definía a la mujer casada como una posesión necesaria e inseparable del marido, por lo que implícitamente este tenía autoridad para castigar a su mujer”.2

Los hombres ejercen la violencia física, sobre las mujeres a través de bofetadas ocasionales, punta pies, manotazos, quebraduras, mordeduras o heridas, situaciones que han dado paso a tirar a la mujer al suelo para luego propinarle punta pies, en un noventa por ciento de los casos, los ataque empiezan de esa forma pero no se detienen ahí, sino que continúan a lo largo del tiempo, son cada vez más frecuentes teniendo consecuencias más graves, las lesiones provocadas son tan serias que se van convirtiendo entonces, en algo habitual con el resultado de fracturas, quemaduras, abortos causados por ataques violentos, lesiones internas, intentos de estrangulamiento, episodios de arrastrarla por el pelo y arrancárselo, perdida de la visión, rotura del bazo, heridas causadas por apuñalamiento, cráneos fracturados, violación o la resultante muerte de mujeres politraumatizadas.
Lo anterior representa una serie de señales que junto a la escalada de violencia, funcionan como indicadores para identificar a los hombres con mayor probabilidad de acabar matando a su pareja: amenazas de muerte, traer a la casa una navaja o una pistola, a continuación de haberle dicho que la matara, encerrarla en la casa, causarle lesiones múltiples en cada ataque y matar animales domésticos.
El derecho romano ejercía una posesión absoluta sobre las personas sujetas a su potestad. La palabra familia en latín significa conjunto de esclavos que pertenecían a un mismo jefe. Este derecho se aplicaba a las mujeres y a los niños, el jefe de la familia tenía poder de vida o de muerte sobre las mujeres y los niños.
Las mujeres que son víctimas de violencia por parte de su pareja, viven en constante terror. Lucrecia Pérsico describe las sensaciones que una mujer experimenta psicológica y emocionalmente cuando convive con un hombre agresivo y maltratador: "para acercarnos, lo más posible al terror en que vive una víctima de malos tratos, imaginemos como sería el día a día si, por alguna razón, nos obligan a tener en casa un tigre suelto y dispuesto a atacar en cualquier momento. Además del miedo lógico que vayamos a sentir, que ya es bastante, nos veremos obligados a cambiar radicalmente nuestros hábitos, con el fin de no provocar la irritación de la fiera y poder preservar así la vida. La convivencia con un maltratador no es diferente a esto, sino aterradoramente similar. Los momentos de respiro son pocos y nunca se sabe cuando todo volverá a empezar.”3
Las mujeres e hijos de padres violentos viven con miedo y angustia permanente la comunicación entre ellos se vuelve cada vez más difícil y lo que debería ser un espacio de solidaridad, apoyo mutuo y crecimiento personal se convierte en un hogar donde la convivencia es hostil, donde la comunicación no existe y las políticas represivas se endurecen, creando un ambiente de inseguridad total de los hijos y de la victima de esta violencia haciéndola callar por miedo y vergüenza.
Ana Kipen y Mónica Caterberg, describen la violencia psicológica como las expresiones de desvalorización constante hacia la mujer, explicando el socavamiento emocional que sufren las mujeres haciendo una clasificación de los tipos de violencia de que son objetos las mujeres y que se describirán a continuación:
Violencia emocional o psicológica: Esta violencia provoca la humillación y la desvalorización constante, instrumentada por la manipulación y control de cada uno de los actos de la mujer. Provoca en ella confusión, inseguridad y baja autoestima que acaba derivado en enfermedades psicosomáticas, ataques de pánico o intentos de suicidio.4
Las constantes desvalorizaciones, causan crueldad mental, soportar ataques graves y constantes tiene consecuencias psicológicas. El sufrimiento emocional crónico no es una reacción normal sino anormal, ante este tipo de situaciones.
Muchos agresores que ejercen abuso psicológico sobre la mujer utilizan constantes insultos, humillaciones, amenazas, críticas, formas de control emocional; utilizados como medios eficaces para hacer daño, controlar y deteriorar la personalidad de su víctima, haciéndola más vulnerable, sumisa y receptiva al maltrato. La baja autoestima en la mujer, provoca depresión y ansiedad, haciendo que se forme un lazo de dependencia emocional con su agresor muy difícil de romper.
Las víctimas de este tipo de maltrato se va adaptando y desarrollando el síndrome de la mujer maltratada también llamado síndrome de Estocolmo, dentro del cual la mujer crea un vínculo afectivo todavía más fuerte con su agresor, situación que les impide darse cuenta que se encuentran en un círculo de violencia repetitivo y progresivo de abuso, muchas mujeres se adaptan con mayor facilidad a este síndrome ya que desde niñas han sido maltratadas por su padre, no han sido defendidas por nadie, han percibido una indefensión por parte de la madre y desde niña ha observado el ejemplo de su madre como una mujer sumisa obediente quien ha soportado el maltrato, violencia física, emocional y sexual por parte del padre, esto crea en la niña el patrón de comportamiento que deberá mantener para el resto de la vida y de qué manera deberá ser la conducta y su rol en la sociedad patriarcal ya establecida.
Esta ideología patriarcal está inmersa en la sociedad y es toda una ideología de la opresión y de maltrato hacia las mujeres para mantener el dominio de los hombres sobre las mujeres, el maltrato psicológico es el inicio de una escalada de violencia que puede llegar inclusive a la muerte de la mujer.
Las constantes manifestaciones de maltrato verbal que los maltratadores ejercen sobre las mujeres son expresiones que le provocan baja autoestima, desvalorización, desaprobación; expresiones como: no sirves para nada, al fin mujer tenias que ser, las mujeres no opinan, les ponen sobrenombres que las hacen sentir ridículas o no las toman en cuenta para decisiones importantes; también hay hombres que acusan de infidelidad o abandono de sus responsabilidades por el trabajo.
Las constantes desvalorizaciones causan crueldad mental, soportar ataques graves y constantes tiene consecuencias psicológicas. El sufrimiento emocional crónico no es una reacción anormal, sino normal, ante este tipo de situaciones. También existen hombres que ejercen el poder sobre su pareja a través de amenazas de quitarles a sus hijos y es por esa razón que las mujeres soportan este tipo de violencia.
Todo tipo de insultos, agresiones verbales, desprecios o humillaciones, está catalogado como violencia emocional o psicológica. Toda esta escalada de violencia psicológica tiene efectos negativos en las víctimas, quienes llegar a creer que se merecen ser maltratadas por qué no valen nada, no son suficientemente inteligentes o no sirven para nada, etc. La ideología patriarcal ha ubicado a las mujeres en la sociedad como seres inferiores, sumisas y dependiente. Es un sistema de control basado en el miedo.
El maltrato psicológico es una manera de afianzar el maltrato físico infringido a las mujeres, quienes están siempre a la espera de un gesto, de una amenaza o miradas intimidantes que las hacen esperar el próximo ataque físico. Les gritan, las golpean o conducen de manera negligente e irresponsable cuando ellas los acompañan en el automóvil, para crear o afianzar en ellas el miedo hacia su agresor y acabar con la fuerza interna de la mujer.
Violencia física: El abuso físico comienza con ataques psicológicos y cuando la víctima tiene su autoestima baja. Todo empieza con golpes leves, empujones y pellizcos y cada vez que se repite es más violento y directo, cachetadas, tirones de pelo, puñetazos, quemaduras y fracturas de huesos. Pueden llegar a utilizar armas blancas o de fuego, o cualquier objeto que sirva para golpear.5
Lo mortal en este tipo de violencia es que es cíclica y progresiva, empieza con una bofetada ocasional, punta pies, puñetazos en la cara, quebraduras de nariz, huesos o costillas, quemaduras, cortaduras, heridas profundas y para finalizar el consecuente femicidio.
Continúa siendo una situación lamentable que para que una mujer sea brutalmente golpeada o asesinada, tenga como único requisito ingresar a la institución más sagrada bendecida por Dios y aprobada por la sociedad como la familia, pues dentro del matrimonio, o convivencia de unión libre, es donde una mujer esta más expuesta a ser golpeada, asesinada o violada.
El hogar que debería ser el espacio de seguridad y tolerancia se convierte en el espacio donde una mujer recibe las palizas más brutales que se le pueda infligir a un ser humano convirtiéndose en el posible escenario de un femicidio.
Lo anterior representa una serie de señales que junto con la escalada de violencia, funcionan como indicadores para identificar a los hombres con mayor probabilidad de acabar matando a su pareja: amenazas de muerte, traer a casa un arma de fuego o bien un arma blanca, a continuación de haberle dicho que la matará, aislarla en casa, causarle lesiones múltiples en cada ataque y matar a los animales domésticos.
Este tipo de violencia ha configurado un síndrome que se puede definir como la agresión física de la mujer por parte de un hombre vinculado sentimentalmente a ella, en el presente o en el pasado.
La violencia sexual: que se manifiesta a través de diversas formas de coerción física o de intimidación psicológica se obliga a la mujer a realizar actos o comportamientos no deseados y/o participar en conductas sexuales contra su
voluntad6.
Este tipo de violencia se refiere no solamente al hecho de participar en una relación sexual abusiva o contraria a la voluntad, sino a adoptar comportamientos masoquistas, sádicas, la coerción de sostener relaciones sexuales con terceras personas (hombre o mujeres) o bien a ser obligada a observar cuando sus parejas sostienen relaciones con otras personas.
La violencia económica: Todas las acciones u omisiones que repercuten en el uso, goce, disponibilidad, o accesibilidad de una mujer a los bienes materiales que le pertenecen por derecho, por vínculo matrimonial, o unión de hecho, por capacidad o por herencia; causándole deterioro, daño, transformación, sustracción, destrucción, retención, o perdida de objetos o bienes materiales propios del grupo familiar, así como la retención de instrumentos de trabajo, documentos personales, bienes, valores, derechos, o recursos económicos.7
En este tipo de violencia las mujeres son despojadas de sus documentos de identificación personal, como la cédula ó el pasaporte, para evitar que las mismas puedan abandonar al abusador o agresor, o bien puedan solicitar trabajo o ayuda. Les restringen el uso o disfrute de ciertos bienes. Además de vender sus propiedades, apoderarse del sueldo de la mujer o bien de los bienes dejados en herencia o legado, en muchas ocasiones son obligadas a solicitar a sus parientes más cercanos ayudas económicas para la familia y estas son utilizadas por el agresor para la satisfacción de sus vicios (juego, drogas, alcohol).
Ana Kipen y Monica Caterberg, explican la forma como se organiza la economía dentro del hogar. Es interesante observar como los hombres tienen el dominio económico y toman las decisiones importantes de la economía familiar, posicionando a la mujer en un lugar de control, sumisión y obediencia lo que empeora cuando la mujer depende por completo de los ingresos del marido: “La cultura establece la economía familiar, de forma que la mujer organiza los gastos cotidianos, pero es el hombre el que toma las grandes decisiones económicas. Esto se ve trágicamente subrayado en los casos de violencia donde la mujer queda totalmente a merced económica de su marido. El hombre administra la economía familiar según sus intereses y llega a disponer de los bienes de su mujer.”8
Muchos hombres hacen que las mujeres les pidan dinero hasta para el más mínimo gasto, controlan a toda costa el dinero, existen hombres que compran alimentos únicamente para sus hijos y a la esposa la dejan sin alimentos como otra forma de violencia.
Todas estas formas de violencia que son descritas por las autoras citadas, se relaciona directamente con el desequilibrio en las relaciones desiguales de poder, que se desarrollan los hombres sobre las mujeres, las cuales son inculcadas desde la niñez de ambos, en donde la mujer crea un lazo traumático y de dependencia con el agresor, a través de conductas de docilidad que la mantiene sumisa y a merced del abusador el cual refuerza constantemente el temor de su víctima, la cual se ve imposibitada psicológica y económicamente a romper el círculo de violencia.
Bases biológicas y círculo de la violencia
Múltiples estudios realizados demuestran que existen factores biológicos que podrían incidir en la conducta violenta de los hombres. Es necesario observar los estados fisiológicos del organismo masculino para determinar si estos estados fisiológicos les provocan ser violentos y por lo mismo necesitamos saber a qué se refiere dicho estado.
Las autoras del libro Maltrato un permiso milenario, la violencia contra la mujer lo explican como: “Un estado cambiante no fijo, que cambia continuamente en respuesta a circunstancias dadas. Podemos pensar que el aumento o disminución de estados fisiológicos podría estar inducido o causado por situaciones del medio o del estrés. Explicar la etiología de la violencia sólo por características biológicas reduce su esencia y desdibuja los efectos del proceso interactivo entre individuos y entre estos y sus ambientes sociales. La razón de la violencia en contra de la mujer y los femicidios hay que entenderla en el cruce de factores negativos provocados para mantener el sistema patriarcal.”9

La violencia contra la mujer es cíclica, repetitiva y más grave aún progresiva. Ana Kipen y Monica Caterberg, identifican en el círculo de la violencia tres fases las cuales son10:
La acumulación de tensión: Se caracteriza por acciones mínimas que van aumentando en fuerza y maltrato. Se atacan sus capacidades y ello produce un deterioro emocional es anterior a la física, aunque con el tiempo las dos agresiones se entremezclan. El deterioro puede ser tan intenso que la víctima termina aceptando el menoscabo de su autoestima. Este maltrato se registra en el inconsciente, se comporta de forma pasiva y la agresión cada vez es mayor.
Episodio agudo. Golpes o equivalentes: Hay una descarga incontrolada de la tensión que se acumuló en la fase anterior. Puede ir desde un pellizco a un homicidio. Se inicia por una situación exterior o por un estado emocional del agresor. La mujer queda paralizada en una situación de indefensión aprendida, oculta las lesiones por vergüenza, se siente culpable y se aísla. Muchas veces la mujer anticipa el hecho violento y entra en depresión, sufre ansiedad, angustia, miedo, insomnio y muchas veces enferma para evitar la agresión, durante un tiempo. En esta fase donde algunas mujeres piden ayuda, o denuncian el maltrato.
Fase de luna de miel: idealización. En realidad la podríamos llamar manipulación afectiva, ya que depende del agresor cuando finaliza esta fase. Es seguramente el momento de más confusión de la mujer. Es cuando ella entra en un estado de refuerzo de la relación, ya que no sabe si el maltratador cambia su comportamiento o se arrepiente. Ella quiere creer que es así y va a justificar y a minimizar la situación, si puso una denuncia se arrepiente de haberlo hecho. Poco a poco las situaciones de tensión se repiten y se reanuda el ciclo. La escalada de violencia es cada vez más grave y los ciclos cada vez más breves. La interrupción de este ciclo de violencia siempre se da con la intervención de ajenos. El caso de la intensidad creciente se visualiza en una escalada de agresiones, desde el menosprecio a la denigración absoluta. En algunos casos puede llegar a la denigración o a la muerte.
Las autoras visualizan la fase de reconciliación de la pareja (la cual es propiciada por el hombre), debido a que la mujer tiene sentimientos de confusión emocional, ya que por un lado su agresor la golpea y la minimiza y por el otro se amable, cariñoso y compresivo con ella, en el mayor número de casos la mujer perdona a su agresor manteniéndose dentro del círculo de la violencia, situación que se repite una y otra vez la cual puede resultar fatal pues la mujer lo idealiza, justifica y minimiza la situación violenta en que se encuentra.
Las fases descritas anteriormente comprenden el circulo en que las mujeres se encuentran atrapadas e imposibilitadas emocional y económica a salir, ya que siempre cree en el arrepentimiento del maltratador y el vínculo que crea con el agresor se hace todavía más fuerte, lo que incrementa el riesgo mortal para la víctima, con episodios violentos que puede ser de tal magnitud que el hombre maltratador le provoque una herida con arma de fuego o arma blanca, estas mujeres pueden salir de este ciclo de violencia únicamente con la intervención de terceros ya sea familiares, centros de ayuda a víctimas de violencia y las autoridades (Policía o Ministerio Público).
Clases de maltratadores
Las mujeres víctimas de maltrato, reciben distintas clases de agresiones verbales y físicas dependiendo del tipo de agresor que sea de su conviviente, esposo, novio, etc. El cual varía dependiendo de la personalidad, educación, crianza y traumas del mismo. Es importante que las mujeres maltratadas identifiquen el nivel de riesgo en que se encuentran ya que deben tomar decisiones para salir del círculo de violencia.
Lucrecia Pérsico, realiza una lista de características de los hombres maltratadores y violentos que a continuación se analizaran con el fin de identificar a cada tipo de
agresor y poder establecer el riego existente en la convivencia con estos agresores.11
Maltratadores tipo cobra: A los hombres maltratadores tipo cobra, lo que les mueve a agredir es la suposición que la autoridad ha sido o pretende ser desafiada. Hace referencia a la serpiente cobra porque relacionan con letalidad y agresividad.
Características del agresor tipo cobra:
- Suelen ser agresivos con todo el mundo
- No muestran dependencia emocional de sus parejas, no obstante, exigen que éstas hagan siempre lo que ellos quieren.
- A medida que se enfurecen se calman interiormente
- Son propensos a usar cuchillos y revólveres.
- Tiene muy pocas probabilidades de recuperación
- Es probable que hayan cometido crímenes
- Es probable que abusen del alcohol y las drogas.
Maltratadores tipo pitbull: Estos hombres no suelen ser pendencieros por lo general no son agresivos con extraños, sino solo con las personas con las que les une un estrecho vínculo afectivo. Este tipo de agresor suele ser una persona amable, educada, considerada y parecer colaborar a la vista de terceros sin embargo, en la intimidad del hogar suele ser violento y poco tolerante.
Características del agresor tipo pitbull:
- Solo son violentos con las personas que aman
- Son propensos a las expresiones de rabia, a acechar a la víctima y hacer los ataques ante público si se da el caso.
- Son celosos y temen ser abandonados, no quieren que sus compañeras sean independientes.
- Cuando discuten, se acaloran fácilmente, su cuerpo reacciona violentamente. Tienen posibilidades de recuperación.
- Rara vez han sido acusados de algún crimen.
El perfil de la víctima
La errónea creencia de que las personas maltratadas son masoquistas y que les gusta sufrir, es falsa, porque la realidad es otra, las mujeres víctimas de violencia tienen razones económicas, psicológicas, morales y religiosos, que les hacen imposible alejarse de su maltratador. Ya sea por sus hijos, porque dependen del agresor económicamente, o simplemente por el vínculo sentimental que las une a él.

A continuación se enumeran las causas más frecuentes por las cuales las mujeres soportan la violencia ejercida en su contra y las obliga a permanecer en el circulo de violencia en el cual están sumidas y del cual no pueden salir solas, pues necesitan la intervención de un tercero para finalmente poder romper ese ciclo de violencia
Dependen económicamente de su agresor: Es uno de los factores más importantes, pues muchas de las mujeres que sufren violencia no tienen un trabajo, no han estudiado y se dedican con exclusividad al hogar y a sus hijos. Soportar la violencia porque no tienen quien las sostenga económicamente, llegando a los extremos que las mujeres que logran denunciar que son víctimas de violencia por parte de sus esposos, llegan a retirar las denuncias argumentado que si el agresor va detenido no habrá quien las sostenga económicamente con sus hijos, pues ellas nunca han trabajado y tampoco tienen una profesión, son mujeres que dependen económicamente por completo de su agresor pues a pesar que la mujer haya tenido la intención de trabajar el hombre maltratador se lo ha prohibido.
Sufren amenazas constantemente: Las víctimas han venido soportando durante años violencia psicológica, física y económica, que cuando deciden denunciarlos y finalizar la relación y abandonarlos, lo que los hombres las amenazan y les dicen que si los abandonan ellos las mataran, se suicidaran, las amenazan con quitarle a sus hijos o hacerles daño, inclusive a sus propios hijos.
Los hombres les hacen saber a las mujeres que ellos tienen el poder: Por ende el control sobre ellas, a través de las amenazas que son formas de coerción e intimidación para que las mujeres realicen conductas que no desean, que atentan contra ellas mismas y sus hijos.
Sus ideales y creencias religiosos: Muchas mujeres piensan que el matrimonio religioso es indisoluble y que si se han casado por la iglesia no pueden deshacer su matrimonio, ya que han jurado ante el altar y seria incurrir en pecado.
Las mujeres maltratadas sufren vergüenza: A muchas mujeres les da vergüenza presentar una denuncia por violencia, ya que es una situación muy vergonzosa para ellas y además que la familia se entere de repente del maltrato que el esposo les propina. Además las separaciones se convierten en una noticia en la que todos opinan, lo cual representa el fracaso de la pareja.
No abandonan a su agresor por orgullo: Desde la infancia se le enseña a la niña que para ser una mujer realizada debe casarse. Esa es su máxima aspiración desde la infancia y cuando llega a la edad adulta está convencida de que el matrimonio será para toda la vida hasta que la muerte los separe, por lo tanto, niegan que la separación sea una necesidad urgente para evitar que las maten. Son mujeres que soportan los golpes antes de aceptar que la separación y la denuncia es el camino a una vida sin violencia.
Estas mujeres soportan todo el ciclo de la violencia, por orgullo pues considera que no tienen salida, ya que el lugar de una mujer está en la casa y cuidando a sus hijos, callando la violencia de que es víctima, pues la sociedad la señalaría ya que una separación o divorcio se considera como un fracaso.
Evitan a toda costa que las demás personas se enteren que son víctimas de golpes o de palizas, porque ellas tienen la idea de que deben aguantar y callar pues esa es la misión de las mujeres, sufren en silencio y tienen mucho riesgo de ser ejecutadas.
Falsas creencias acerca del maltrato hacia la mujer: Es una mujer que le gusta que le peguen, es una mujer haragana, es una mujer ignorante, ella provoca a su compañero, el divorcio es pecado, ella se lo merece, ella ha aprendido a aceptarlo, no es para tanto de lo contrario no volvería de nuevo, ella lo aguanta porque forma parte de sus costumbres.
No abandonan a su agresor por sus hijos: Las madres hacen todos los sacrificios posibles por sus hijos. Ocultan el maltrato del que son víctimas para que sus hijos tengan una imagen impecable de su padre.
Otras disculpan las actitudes violentas de su conviviente, justificándolas por el cansancio y el exceso de trabajo, por lo que al momento de que la mujer se plantea denunciar al esposo o separarse, piensan que los que más sufrirán a consecuencia de la ruptura conyugal serán sus hijos, pues sufrirán emocionalmente y psicológicamente el distanciamiento de su padre. La dependencia económica juega un papel muy importante para que la mujer no denuncie, pues piensan que si denuncian no tendrán quien mantenga a sus hijos.
Confianza en que el conviviente cambiará de actitud: Otra de las razones fundamentales por las cuales las mujeres aguantan maltrato de parte de su pareja, es la confianza o la esperanza en que el cambiara de actitud.
Cuando el agresor pide perdón y se arrepiente confunde a la mujer, quien piensa que realmente el agresor a cambiado y que está verdaderamente arrepentido, por lo que lo perdona y cae en un circulo de violencia la cual además de ser repetitiva, es progresiva, lo que es más confuso para la mujer es que después de que le ha proferido una serie de agresiones verbales y físicas, el maltratador demuestra afecto y esa es una de las fases del círculo de la violencia donde la mujer se confunde y considera que esa fue la última agresión sufrida, la mujer saca fuerza de donde puede y cada día se adapta a las circunstancias de violencia en que vive, guardando la esperanza que cambiará de actitud, siendo todo lo contrario, el ciclo de violencia empezará una y otra vez más, los ataques serán constantes, repetitivos y lo que es peor cada vez con mayor intensidad. Las pausas entre los incidentes violentos, engendran en la mujer la expectativa que no se repetirán y el agresor promete que no volverá a ocurrir que es la última vez que las maltratan que a partir de ese momento será todo distinto.
Las mujeres inmersas en estas relaciones destructivas, empiezan a pensar en denunciar hasta que las han golpeado de una manera brutal, cuando las han herido, sufrido quebraduras o les han provocado una hemorragia interna. Sin dejar de mencionar el caso de las mujeres que toman la fatal decisión de quitarse la vida, como forma de escapar de la situación de violencia en que viven.“Las víctimas no tienen una vida propia y hasta temen ser abandonadas. No podrán rebelarse mientras estén sujetas a sus vivencias infantiles y a su aprendizaje. La educación recibida les niega su voluntad, obligándolas a someterse, temerse a si mismas en su capacidad de rebelarse, anulando su creatividad y sensibilidad. “12
Síndrome de Estocolmo
Para Lucrecia Pérsico, escritora del libro Soy mujer maltratada: “Este síndrome consiste en una identificación de la víctima con el agresor, es una reacción contradictoria y paradójica, en la cual la mujer víctima de violencia, desarrolla un vínculo afectivo muy fuerte con su agresor, justificándolos, defendiéndolos, retirando las denuncias presentadas, presentando desistimientos y realizan toda clase de acciones para declarar a favor de sus agresores y evitar a toda costa que se gire una orden de aprehensión y sean detenidos o condenados. La víctima se identifica inconscientemente con su agresor, ya sea asumiendo la responsabilidad de la agresión de que es objeto, ya sea imitando física o moralmente la persona del agresor o adoptando ciertos símbolos de poder que lo caracterizan cree que es razonable su actitud y justifica su conducta.”13

Han llegado a desarrollar un sentimiento de culpa, que no pueden soportar después de haber presentado la denuncia. Las mujeres víctimas piensan que ellas son las culpables de que las hayan maltratado y a la menor manifestación de cariño del agresor se sienten agradecidas y creen que el episodio violento no se repetirá jamás que esa fue la última vez que las han violentado psicológica y físicamente.
Las mujeres que han sido diagnosticadas con el síndrome de Estocolmo presentan mecanismos de adaptación que le permiten permanecer en este círculo a pesar de la intervención de terceras personas.
“Este tipo de victimas presenta entre otros síntomas: 1. fidelidad; 2. no querer darse cuenta de la violencia creciente; 3. piensa que el agresor es un enfermo al que hay que ayudar; 4. siente que no tiene salida; 5. cree que ella es la culpable; 6. cree que perderá a sus hijos; 7. miedo a no poder mantener a los niños; 8. dependencia que cree inmodificable; 9. negación de los insultos y menosprecio; 10. adaptación al vínculo; 11.minimizar la situación de violencia”14
Todos estos mecanismos llevan a la mujer a soportar las más crueles formas de violencia, porque algunas mujeres tiene actitudes autodestructivas y una idea muy negativa de si mismas, la cual ha sido inculcada en la niñez en la familia, pues es en la etapa de la infancia donde se le enseñan a la niña patrones de conducta y comportamiento que desarrollará cuando sea adulta, por lo que constantemente se niega a sí misma la situación de la cual está siendo víctima, justifica a su agresor y cree que es la culpable de que le propinen tanta violencia.
Las víctimas del Síndrome de Estocolmo y de violencia física, sicológica, económica y sexual, necesitan además de los tratamientos médicos que se les brindan, terapias individuales y familiares y cuando el caso lo permita terapias de pareja, en donde participe y se le informe sobre las formas de cómo mejorar su autoestima, para empoderarlas y hacerlas autosuficientes, tanto sicológica como económicamente.
El poder descansa en la mano que mece la cuna, reza un viejo adagio conocido en nuestra cultura y se explica de la siguiente manera, si las mujeres son sanas sicológica y físicamente, son intelectualmente capaces de hacerse cargo de su vida en la toma de decisiones y además está preparada académicamente para desarrollarse en un ambiente laboral competitivo, estás a su vez educaran a las futuras generaciones de hombre y mujeres, en una cultura de no violencia y de igualdad de géneros.
Fuente:
Análisis Jurídico y Doctrinario del delito de femicidio como resultado de las relaciones desiguales de poder. Universidad de San Carlos de Guatemala - 2010.
Referencias:
- Kipen, Ana, Caterberg, Mónica, Maltrato un permiso milenario, la violencia contra la mujer, Pág. 93.
- Ibíd. Pág. 137.
- Pérsico, Lucrecia. Soy una mujer maltratada, Pág. 228.
- Ibíd. Pág. 15.
- Ibíd. Pág. 151.
- Ibíd. Pág. 151
- Ibíd.
- Ibíd. Pág. 152.
- Ibíd. Pág. 100.
- Ibíd. Pág. 152.
- Pérsico, Lucrecia. Ob. Cit. Pág. 269.
- Ibíd. Pág. 10.
- Pérsico, Lucrecia. Ob. Cit. pág. 283.
- Ibíd. Pág. 114.
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