El Escribiente aún habla
Los autores viven en su obra. Y hoy que se cumplen 80 años del nacimiento del poeta, cronista y dramaturgo, Manuel José Arce, a modo de homenaje, reproducimos una de las columnas que publicó en Diario El Gráfico...
Por: María Mercedes Arce
Los autores viven en su obra. Y hoy que se cumplen 80 años del nacimiento del poeta, cronista y dramaturgo, Manuel José Arce, a modo de homenaje, reproducimos una de las columnas que publicó en Diario El Gráfico.

El escribiente, como se le recuerda por la columna que por años mantuvo en El Gráfico (Diario de un escribiente), y por medio de la cual alcanzó a miles de lectores en la década de 1970, dejó un amplio y variado legado de obras literarias que incluyen 13 títulos de poesía, entre los que destaca Episodios del vagón de carga (anti-pop-emas), libro con el que ganó los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango; 14 piezas de teatro, incluyendo Delito, condena y ejecución de una gallina, que ha sido traducida a 7 idiomas y estrenada en 3 continentes; 4 libros de prosa entre los que se cuenta Crónicas del Café de los Fantasmas; una novela, Crónica fidedigna de una ciudad y otros asuntos; columnas literarias como El diario de un escribiente y Memorias de un enterrador; y obra inédita que aún está por ser clasificada y publicarse.
Arce, hijo de poetas (Manuel José Arce y Valladares y Margarita Leal Rubio), nació el 13 de mayo de 1935 y falleció, a los 50 años, en Albi, Francia, el 22 de septiembre de 1985.
CUANDO
Cuando aprendamos que nuestra más limpia alegría es un crimen si está sustentada en el dolor de nuestros semejantes.
Cuando descubramos que nuestra prosperidad es injusta si tiene por base la miseria de los demás.
Cuando aceptemos que nuestro triunfo es un fracaso si se ha conseguido con la derrota de muchos otros seres humanos.
Cuando hallemos que nuestra generosidad es máscara amable que cubre el egoísmo con el que hemos despojado a muchos para agrandar a pocos.
Cuando aceptemos que, para cada minuto de grandes y suntuosas satisfacciones nuestras, muchos pasan años y vidas de miseria e insatisfacción.
Cuando nos demos cuenta de que los pobres no son pobres por castigo de Dios, ni porque ese haya sido su destino, ni porque no sean capaces de otra cosa, ni porque así tiene que ser, ni por ninguna de las justificatorias excusas y mentiras tradicionales, sino por la opulencia, la voracidad y falta de escrúpulo de los que defendemos egoístamente este estado de cosas para nuestra propia conveniencia.
Cuando no tratemos de lograr solamente la felicidad de nuestros hijos sino la de todos los niños.
Cuando dejemos de pensar en el futuro como en la prolongación de esta guerra absurda entre mi YO y el resto de la humanidad, y hallemos que es mejor ese mañana -que siempre es hoy- como una tarea común que debe hermanar y unir con justicia y alegría a todos los hombres.
Cuando nos percatemos de que son más importantes las similitudes que las diferencias y que es más sabroso el pan que se comparte que el que se come a solas y de escondidas.
Cuando reconozcamos que si necesitamos encaramarnos sobre los demás no es porque seamos más grandes que ellos sino porque, por el contrario, nos sentimos o nos sabemos mucho más pequeños e insignificantes.
Cuando veamos que nuestra prepotencia no es sino la más fiel medida de nuestro miedo y de nuestra debilidad.
Cuando midamos nuestro valer en relación con lo útiles que seamos para la humanidad, en vez de medirlo por lo que utilicemos a la humanidad para exclusivo disfrute personal.
Cuando tengamos la valentía de reconocer que, dentro de esta manera de relacionarnos unos con otros en la que vivimos, somos lo que somos por lo que nuestros padres o nosotros mismos hemos o no hemos arrebatado a nuestros semejantes por la fuerza, por la astucia, con falta de escrúpulos y de sentido humano.
Publicado por: Saúl García
Fuente: dca.gob.gt
Los autores viven en su obra. Y hoy que se cumplen 80 años del nacimiento del poeta, cronista y dramaturgo, Manuel José Arce, a modo de homenaje, reproducimos una de las columnas que publicó en Diario El Gráfico.

El escribiente, como se le recuerda por la columna que por años mantuvo en El Gráfico (Diario de un escribiente), y por medio de la cual alcanzó a miles de lectores en la década de 1970, dejó un amplio y variado legado de obras literarias que incluyen 13 títulos de poesía, entre los que destaca Episodios del vagón de carga (anti-pop-emas), libro con el que ganó los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango; 14 piezas de teatro, incluyendo Delito, condena y ejecución de una gallina, que ha sido traducida a 7 idiomas y estrenada en 3 continentes; 4 libros de prosa entre los que se cuenta Crónicas del Café de los Fantasmas; una novela, Crónica fidedigna de una ciudad y otros asuntos; columnas literarias como El diario de un escribiente y Memorias de un enterrador; y obra inédita que aún está por ser clasificada y publicarse.
Arce, hijo de poetas (Manuel José Arce y Valladares y Margarita Leal Rubio), nació el 13 de mayo de 1935 y falleció, a los 50 años, en Albi, Francia, el 22 de septiembre de 1985.
CUANDO
Cuando aprendamos que nuestra más limpia alegría es un crimen si está sustentada en el dolor de nuestros semejantes.
Cuando descubramos que nuestra prosperidad es injusta si tiene por base la miseria de los demás.
Cuando aceptemos que nuestro triunfo es un fracaso si se ha conseguido con la derrota de muchos otros seres humanos.
Cuando hallemos que nuestra generosidad es máscara amable que cubre el egoísmo con el que hemos despojado a muchos para agrandar a pocos.
Cuando aceptemos que, para cada minuto de grandes y suntuosas satisfacciones nuestras, muchos pasan años y vidas de miseria e insatisfacción.
Cuando nos demos cuenta de que los pobres no son pobres por castigo de Dios, ni porque ese haya sido su destino, ni porque no sean capaces de otra cosa, ni porque así tiene que ser, ni por ninguna de las justificatorias excusas y mentiras tradicionales, sino por la opulencia, la voracidad y falta de escrúpulo de los que defendemos egoístamente este estado de cosas para nuestra propia conveniencia.
Cuando no tratemos de lograr solamente la felicidad de nuestros hijos sino la de todos los niños.
Cuando dejemos de pensar en el futuro como en la prolongación de esta guerra absurda entre mi YO y el resto de la humanidad, y hallemos que es mejor ese mañana -que siempre es hoy- como una tarea común que debe hermanar y unir con justicia y alegría a todos los hombres.
Cuando nos percatemos de que son más importantes las similitudes que las diferencias y que es más sabroso el pan que se comparte que el que se come a solas y de escondidas.
Cuando reconozcamos que si necesitamos encaramarnos sobre los demás no es porque seamos más grandes que ellos sino porque, por el contrario, nos sentimos o nos sabemos mucho más pequeños e insignificantes.
Cuando veamos que nuestra prepotencia no es sino la más fiel medida de nuestro miedo y de nuestra debilidad.
Cuando midamos nuestro valer en relación con lo útiles que seamos para la humanidad, en vez de medirlo por lo que utilicemos a la humanidad para exclusivo disfrute personal.
Cuando tengamos la valentía de reconocer que, dentro de esta manera de relacionarnos unos con otros en la que vivimos, somos lo que somos por lo que nuestros padres o nosotros mismos hemos o no hemos arrebatado a nuestros semejantes por la fuerza, por la astucia, con falta de escrúpulos y de sentido humano.
Publicado por: Saúl García
Fuente: dca.gob.gt
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