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Historia del Teatro en Guatemala
15 Mar, 2007 - 13:37:00
Entre 1900 y 1999 la actividad teatral en Guatemala se modificó mucho, y es interesante conocer tales cambios, no solamente desde una perspectiva anecdotaria sino para enriquecer la comprensión de Guatemala en general.

             

 

 

Historia del Teatro en Guatemala

Entre 1900 y 1999 la actividad teatral en Guatemala se modificó mucho, y es interesante conocer tales cambios, no solamente desde una perspectiva anecdotaria sino para enriquecer la comprensión de Guatemala en general.

Es conveniente pasar revista a los diferentes logros que los seres humanos hemos hecho a lo largo de los últimos cien años. En este caso se trata de ofrecer una visión de los trazos más sobresalientes del quehacer escénico en Guatemala (principalmente en la ciudad de Guatemala) a lo largo del siglo veinte.

El panorama que se presenta tiene una ordenación básicamente cronológica, si bien es cierto que también tiene párrafos dedicados a revisar la actividad de algunos grupos y de algunas personas en particular.

Entre 1900 y 1999 la actividad teatral en Guatemala se modificó mucho, y es interesante conocer tales cambios, no solamente desde una perspectiva anecdotaria sino para enriquecer la comprensión de Guatemala en general.

Centro Cultural Miguel Angel Asturias


Comienzo estudiantil del movimiento teatral

El teatro en 1945 -al igual que el país- comenzó una nueva etapa. El presidente Juan José Arévalo durante su gobierno tomó decisiones de apoyo a las artes en general. De manera singular, el movimiento teatral se vio beneficiado con la selección presiden cial, en marzo de 1945, de la educadora catalana María Solá de Sellarés (exilada de España) como directora del Instituto Normal para Señoritas Belén. Bajo su dirección germinó, en dicho plantel educativo, el interés por el teatro en el grupo humano que habría de ser con el paso del tiempo parte central del movimiento teatral de Guatemala.

En efecto, en Belén se formo la mayoría de las personas que fueron artistas de primera línea en las décadas posteriores; y si bien es cierto que en 1945 en los elencos de los montajes partici paron solamente mujeres (es decir que los roles masculinos los interpretaban las alumnas), ya en 1946 y 1947 muchachos que estudiaban en la universidad de San Carlos fueron integrados al grupo de teatro. Precisamente fue de esta integración de estudian tes varones que nació el Teatro de Arte Universitario, debido al entusiasmo de Luis Rivera, Rufino Amézquita, René Molina y muy especialmente de los hermanos Mencos Martínez (Carlos, Roberto y Margarita).

Es importante mencionar los nombres de las estudiantes que se iniciaron como actrices en los montajes belemíticos auspiciados por María de Sellarés, ya que todas ellas han contribuido al movimiento teatral del país, cada una en un ramo diferente: Norma Padilla [1930-1984], como actriz y como jefa del departamento de teatro de la Dirección General de Cultura y Bellas Artes por casi 20 años; Matilde Montoya, como actriz y como académica estudiosa del teatro indígena colonial, especialmente del Baile de la Conquista; Ligia Bernal como actriz, como escritora y como jefa del departamento de educación estética del ministerio de Educación Publica; Carmen Antillón, como promotora del teatro de marionetas y de títeres; Consuelo Miranda, como actriz, maestra de actuación y directora.

Los montajes que fundamentalmente hizo el grupo de María de Sellarés fueron casi siempre obras de teatro de los siglos XVI y XVII, a saber: Las preciosas ridículas, de Moliere; El comendador de Ocaña, de Lope de Vega; u Ollantay, en la versión de Ricardo Rojas. Además de piezas del teatro clásico se escenificaron Quiché Achí e Ixquic, obras del escritor guatemalteco Carlos Girón Cerna, con lo que se comenzó a fomentar el teatro de raigambre mítica nacional, lo que se hizo en parte para dar a conocer los mitos y las leyendas nacionales.

María Solá de Sellarés fue removida como directora de ese instituto pedagógico al principio de 1948, y con su destitución termino el grupo de teatro de Belén. Sin embargo, el interés que había despertado en la gente joven no se termino; quienes habían hecho teatro bajo su dirección continuaron haciéndolo, ahora por su cuenta. Hasta cierto punto la Universidad de San Carlos fue alero para las inquietudes de estos jóvenes estudiantes, y el 2 de junio de 1948 fue creado el Teatro de Arte Universitario, TAU. Nació en el sentido de que se le dio espaldarazo oficial en una sesión del Consejo Superior Universitario, pero no se le asigno presupuesto. Hasta 1953 el TAU simplemente fue un nombre bajo el cual alguna que otra vez se presento algún montaje (algunos de ellos meras lecturas interpretativas).

Además del trabajo de María de Sellarés, el movimiento teatral también se vio beneficiado por la coyuntura de que uno de los intelectuales jóvenes que había participado en el movimiento del 20 de octubre, el abogado Manuel Galich López, quien en años futuros seria un dramaturgo muy destacado, ocupo un sitio prominente en la política hasta 1952, cuando salió como embajador a Uruguay. Para el movimiento teatral cuenta especialmente el período en que fue ministro de educación publica (1947-49), dado que su rol fue básicamente de apoyo económico a los grupos que comenzaban a perfilarse, y no ejerció ninguna influencia intelectual en el moldeo del quehacer teatral.

Manuel Galich, siempre fue 'gente de teatro', pues desde adolescente estuvo vinculado al quehacer escénico, en parte porque su familia era muy aficionada al teatro, hasta donde en aquellos años lo había en Guatemala; incluso una de sus tías maternas, Marilena López, fue actriz en las décadas de 1920 y 1930. Durante los años en que estuvo dedicado enteramente a la política, Manuel Galich escribió poco; en el período 1944-54 únicamente creo Ida y Vuelta (escrita en 1948 y estrenada por el Teatro de Arte de Guatemala en 1950) y La mugre (escrita hacia 1952 y estrenada por el mismo grupo en marzo de 1953). Estas dos obras son bastante diferentes entre si, pues la primera de ellas es una teatralización del viaje y regreso del poeta Jose Batres Montúfar a la parte sur de Nicaragua, y de sus infortunios amorosos (años 1837-38); La mugre, en cambio, es una pieza política, bastante focalizada en escenificar la manipulación de los sindicatos por parte de los empresarios.

En 1949 llego a Guatemala el Teatro Universitario de Cuba, bajo la dirección de Ludwig Schajowicz, competente director austriaco que había llegado a Cuba en 1940. El TUC presentó El malentendido, de Albert Camus, y la calidad artística y técnica de este montaje impresiono a mucha gente de teatro, y hasta determino que alguien eligiese el escenario como vía de realización personal (tal el caso de Rubén Morales Monroy, quien es hasta hoy un destacado director teatral). En 1950 el TUC volvió a Guatemala en ocasión de los VI Juegos Deportivos Centroamericanos, a inaugurar el teatro al aire libre de la Ciudad Universitaria con Medea, de Eurípides, y obras de Valle Inclán y Alejandro Casona. Además de su influencia en lo estrictamente artístico, la presencia del grupo cubano suscito un plan de estructuración del TAU como una entidad que simultáneamente fuese escuela y compañía de teatro, si bien dicha organización comenzó hasta en 1953, durante el tercer año del rectorado del ingeniero Miguel Asturias Quiñones. Esta gira inicio una etapa de intercambio epistolar entre los teatristas jóvenes de Guatemala y Cuba.

El Teatro de Arte Universitario, TAU, quedo durante muchos años (1952-1980) centralizado en la persona de Carlos Mencos Martínez [1924-83], quien en 1952 obtuvo su licenciatura en letras y fue becado para ir a París por varios meses para estudiar el funcionamiento de teatros universitarios. A su regreso, monto con el TAU la obra Dona Beatriz, la Sinventura, del escritor guatemal teco Carlos Solórzano; esta puesta en escena (en 1953) quiso tener ya una cierta seriedad profesional o, al menos, seriedad académica. No tuvo mucho éxito de publico, pero dentro de la comunidad universitaria fue bien acogida, y el TAU se aseguro a partir de dicho montaje el respaldo institucional y financiero que realmente necesitaba para poder hacer teatro. Efectivamente, fue en mayo de ese año (1953) que el TAU comenzó a tener asignaciones en el presupuesto de la Universidad de San Carlos.

En 1958 el TAU monto Los persas de Esquilo, en el auditorium del Conservatorio Nacional, con bastante aceptación por parte del publico. Puede decirse que esta puesta en escena fue la primer obra griega que en Guatemala tenía un montaje con visos de calidad profesional, pues aunque Carlos Mencos siempre fue aficionado al teatro clásico, sus anteriores montajes (como Electra, de Sófocles, en abril de 1954) habían sido versiones muy estudiantiles, sin pretensión de profesionalismo.

En 1959 Carlos Mencos dirigió Estampas del Popol-Vuh que salió en gira por Europa e Israel. Fue una puesta en escena que fue bien recibida en los escenarios europeos. Esta gira puede decirse que fue el pináculo del TAU, pues en los años por venir sus éxitos se espaciaron cada vez mas a consecuencia de varios factores, relacionados tanto con las preferencias artísticas de Carlos Mencos, asuntos familiares y, también, con factores de política universitaria. Comenzando por los asuntos meramente personales (sin duda alguna, los menos importantes), simplemente debe anotarse que en 1960 falleció uno de los tres hermanos Mencos Martínez, Roberto. Y Margarita se retiro enteramente de la actividad escénica; fue así que Carlos quedo solo al frente del TAU. En cuanto a los factores artísticos, debe señalarse que Carlos Mencos manejaba bien los grandes espectáculos y era el tipo de teatro que realmente le gustaba; además de las obras mencionadas arriba, resonantes éxitos de este artista fueron El pleito matrimonial del alma y el cuerpo, de Pedro Calderón de la Barca, obra de la que dirigió dos montajes, uno en 1955 y otro en 1970 y 71; El príncipe del Escorial, de Kurt Besci, en 1971; y otra versión del Popol-Vuh en 1973.

Carlos Mencos fue siempre muy competente para dirigir las puestas en escena de teatro clásico en varios sentidos: cuidaba mucho el fraseo del verso, escogía muy bien al diseñador del vestuario y, sobre todo, conducía muy plásticamente las escenas de grupos. Ahora bien, debe anotarse que este tipo de montajes suelen ser económicamente muy costosos, y las autoridades universitarias nunca optaron por apoyar estos gastos. Básicamente la política de la universidad de San Carlos siempre ha sido de mantener muy bajo el expendio para montajes teatrales. De hecho los grandes éxitos del TAU y de Carlos Mencos tuvieron siempre financiamiento extra del gobierno, gracias a que la mayoría de ellos fueron parte del festivales de cultura a nivel nacional. Y es que además de hallarse en conflicto con las autoridades universitarias en cuanto a criterios de gasto, Carlos Mencos mantuvo una posición muy aislada dentro de la política de la universidad; y fue este un factor que jugo en su contra en cuanto a obtener fondos para mantener al TAU en primera línea. Cuando Mencos se jubilo en 1980 el Teatro de Arte Universitario se hallaba en una situación muy disminuida frente al resto de grupos que se dedicaban al quehacer escénico.

Tampoco como escuela tuvo el TAU un lugar predominante; sus mejores años fueron los últimos de la década de los cincuenta (cuando se formo gente como Enrique Dávila, Zoila Portillo, Adolfo Hernández) y principios de la década de los sesenta, cuando estudiaron Carlos Obregón, Luis Tuchán, Roberto Peña.

 
El teatro en la década de los cincuentas

En 1950 Guatemala fue sede de los VI Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe, una mini-olimpíada regional que aparejo varios eventos culturales, como una de las giras del Teatro Universitario de Cuba, ya mencionada páginas atrás. Pero además, hubo apoyo gubernamental para montajes teatrales, especialmente de autores guatemaltecos. Fue así que nació el grupo llamado Teatro de Arte de Guatemala, TAG, bajo la dirección de Carlos Girón Cerna. Este grupo monto piezas de autores guatemaltecos, especialmente de Manuel Galich, Miguel Marsicovétere y del propio Girón Cerna.

La vida del grupo fue breve (1950-53), en parte porque el apoyo presupuestario estatal que el grupo gozo en 1950 no llego a otro año, y en parte porque sus montajes estuvieron muy focalizados en obras de autores nacionales que no atraían publico debido a que casi todas eran obras cuyas tramas y diálogos estaban muy distantes de los intereses del publico (incluso la madurez de Galich como escritor político no habría de llegar sino hasta los años sesenta). La llegada de Jacobo Arbenz a la presidencia de la república en marzo de 1951 no conllevo ningún cambio substancial para la relación entre el estado y el teatro. Debe, eso si, citarse que en 1952 se creo una oficina que manejaría la política estatal en relación a las artes: la Dirección General de Cultura y Bellas Artes. Su primer director fue el Dr. Oscar Vargas Romero.

Este funcionario delineó una política de misiones culturales al interior del país, y como parte de dicha concepción se crearon las misiones ambulantes de teatro que fueron encomendadas a dos jóvenes elementos del movimiento teatral que estaba naciendo en aquellos años: Ligia Bernal y Hugo Carrillo. El repertorio de este grupo fue integrado básicamente con comedias ligeras del Siglo de Oro español, pasos y entremeses de Miguel de Cervantes, Lope de Rueda y Lope de Vega.

El derrocamiento violento de Jacobo Arbenz en junio de 1954 y la total reestructuración derechista del estado tuvo amplia y diferente repercusión en el movimiento teatral. Algunos artistas de la escena se marcharon del país, como los guatemaltecos Hugo Carrillo y Samara de Córdova, quienes se fueron buscando aires nuevos mas bien que por motivos políticos.

También se marcho el exilado español Cipriano Rivas Cherif, quien se desenvolvía como asesor en la Dirección de Bellas Artes, y en tanto que reputado director de escena era bastante escuchado por la gente joven de teatro. Este exilado español tuvo cierta voz en el movimiento teatral guatemalteco hacia 1953 y 1954 ya que en Madrid había dirigido a Margarita Xirgú en mas de un montaje, y muy especialmen te porque había saltado al reconocimiento de primera línea por haber dirigido La corona, obra poco importante pero escrita por Manuel Azaña, destacado político de la izquierda española.

Otro de los cambios que aparejo la reestructuración en la dirección del país a partir de julio de 1954 fue que la oficina estatal de apoyo a las artes (la Dirección General de Bellas Artes) que, como se dijo atrás, era una dependencia del Ministerio de Educación, fue reubicada dentro de la Secretaria de Divulgación y Turismo. Su política en relación al teatro, que venia focalizada en giras a las provincias, fue modificada; ahora se dirigió a organizar grandes eventos.

Fue dentro de los lineamentos de esta nueva concepción del rol del estado como patrocinador de las artes que en 1956 se organizo un importante acontecimiento cultural: el Festival de Antigua Guatemala. Para este suceso se dio una estrecha colaboración entre la Dirección de Bellas Artes y el Teatro de Arte Universitario, entidad que escenifico en 1956 Las mocedades del Cid, de Guillén de Castro y Bellvís, y en 1957 (en ocasión del II Festival) tuvo una destacada participación en el montaje del espectáculo de música, teatro y danza Juana en la hoguera, con textos de Paul Claudel y música de Arthur Honegger. Ambos montajes fueron muy pulcramente realizados y constituyeron éxitos de publico.

Estas puestas en escena colocaron al TAU en el centro y en la vanguardia del movimiento teatral guatemalteco, sitio preeminen te en el que debería de haber permanecido, pero en el que estuvo por poco tiempo, debido a los motivos que se citaron páginas atrás.

Finalmente, se debe mencionar que para la enseñanza teatral en Guatemala un período que debe ser resaltado es el lapso que va de mediados de 1957 a diciembre de 1960, en que fue director de la Escuela Nacional de Teatro el director chileno Domingo Tessier. Esta escuela fue fundada el 3 de junio de 1957 y comenzó su actividad inmediatamente. Su dirección fue encomendada a Tessier a sugerencia de Carlos Mencos, quien estaba al tanto de la capacidad y entusiasmo de este artista. La labor de Tessier al frente de la escuela fue muy positiva; era un artista muy creativo y un maestro muy motivador. Entre sus discípulos han descollado Rubén Morales Monroy, Haroldo Vallejo, Haydee Andreu, Héctor Piccón y René Figueroa.

Teatro Municipal of Quetzaltenango

El teatro en los departamentos

En los últimos 20 años ha habido substancial desarrollo del teatro en las provincias o departamentos de Guatemala, muy especialmente a partir de 1975 cuando comenzó un estimulo importan te de parte del sector gubernamental encargado de los asuntos culturales. En efecto, ese año Norma Padilla, jefa del Departamento de Teatro de la Dirección de Bellas Artes, tuvo la idea de volcar los muy magros recursos financieros de que disponía hacia incenti var y desarrollar la actividad teatral en el interior del país. Dado que estos recursos eran muy escasos, Norma Padilla logro convencer a algunos empresarios, especialmente a la Tabacalera Nacional para que copatrocinasen este evento.

Puesto que esta política cultural era algo nuevo, que no tenía antecedentes, este primer acontecimiento provincial se llevo a cabo en la capital, en parte porque la mayoría de departamentos no tienen edificios y facilidades idóneas. Se le puso el nombre de Muestra Departamental de Teatro.

La idea inicial fue llevar a cabo una especie de festival provincial en el que participasen grupos del interior. Los grupos que estuvieran dispuestos a participar tendrían ayuda en dos sentidos:
1) Se les cubriría el gasto de transporte desde su sitio al lugar en donde fuera el festival.
2) Se les pagaría el hospedaje; y,
3) Se les proporcionaría asesoría artística, en el sentido de que una vez comenzados los ensayos y el grupo estuviese inscrito, se enviaría cada fin de semana a artistas con experiencia en una o más ramas del teatro (dirección, lumino tecnia, maquillaje, etcétera) a las cabeceras departamentales para que proporcionasen ayuda técnica.

En 1975 se desarrollo en la ciudad de Guatemala la I Muestra Departamental de Teatro. Se llevo a cabo en el auditorio del Conservatorio Nacional; hubo buena concurrencia de grupos y llamó la atención entre el público, especialmente entre los coterráneos de los grupos que se presentaban. Sus logros meramente artísticos fueron más o menos modestos, pero tuvo resultados muy positivos en dos perspectivas: 1a.) en el sentido de que le hizo evidente a Norma Padilla que se podía seguir por ese camino, y ello aumento su confianza y su entusiasmo; y 2a.) En el sentido de que el deseo de participar se apodero de los grupos departamentales, mucho más extensa y hondamente de lo que se había pensado.

En 1976 se organizó la segunda Muestra, también esta vez en la capital. A pesar de los daños causados por el terremoto del 4 de febrero la concurrencia de grupos fue alta. Se llevó a cabo en varios escenarios, especialmente en el auditorio de la Escuela Tipo Federación, debido a que el Conservatorio había sido dañado por el terremoto. Una diferencia interesante en relación a la Muestra anterior, es que este año se hizo un concurso para escoger, por medio del voto de un jurado, el mejor montaje entre todas las obras presentadas. La pieza escogida fue El cushero, escenificada por el grupo de la Casa de la Cultura de Totonicapán, con dirección de Marco Julio Vásquez.

Entre 1975 y 1987 las Muestras se sucedieron más o menos con igual éxito, con excepción de 1980, año en que no se organizo debido a la situación de guerra interna que atravesaba el país. En 1981 la Muestra se oriento a teatro infantil, y en 1982 comenzó a retomar las características que había tenido durante los primeros cinco años (1975-79). Sin embargo, en 1988 y como consecuencia de nuevas políticas en el sector estatal, las Muestras pasaron a ser una parte pequeña de una especie de festivales regionales en los que se ha combinado cultura y deportes, para que la actividad concuerde con el concepto de Ministerio de Cultura de y Deportes.

Ha habido ocasiones en que se han organizado dos Muestras, la "oficial", es decir la que cuenta con patrocinio gubernamental y otra de teatristas independientes que han conseguido mantener la vinculación con las empresas privadas que años atrás había conseguido Norma Padilla.

Las Muestras hicieron varios aportes artísticos al movimiento teatral dada la inmensa variedad de posibilidades de montaje que cada año han ofrecido. Otro rasgo muy positivo es que han estimula do el escribir obras de teatro, ya que muchísimas de las obras que se presentan han sido escritas por alguno o algunos (varias han sido hechas colectivamente) de los miembros de los grupos locales.

El que las Muestras hayan estimulado escribir teatro se debe a varios motivos, pero cabe mencionar dos de ellos:

1) La oportuni dad que tienen las personas de provincia de expresar y plantear problemas y situaciones dramáticas o cómicas que les interesen;

2) El escoger una creación propia, ya sea escrita individual o colectivamente, hace que sus necesidades de montaje estén totalmen te de acuerdo a sus posibilidades; es decir, nunca son obras que en sus puestas en escena exijan recursos que los grupos no tienen. Además de los dos motivos señalados arriba, cabe apuntar que para quien escribe o quiere escribir obras de teatro es más gratificante ver el montaje de lo que ha escrito que obtener algún premio monetario en algún certamen literario.

 

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