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Historia > Epoca Moderna  

Terremoto de 1976
27 Ago, 2004 - 15:03:00
Breve reseña sobre las dificultades que afrontaron comunidades tras amanecer el 4 de febrero con el país derrumbado.

             

 

 

Terremoto de 1976

Breve reseña sobre las dificultades que afrontaron comunidades tras amanecer el 4 de febrero con el país derrumbado.

Datos Oficiales Sobre el Terremoto de 1976 en la República de Guatemala

EVENTO 
Terremoto de Guatemala
MUERTOS 
23000
HERIDOS 
76000
DAMNIFICADOS
3750000
COBERTURA
Todo el país
PERDIDAS Y DAÑOS
Mas de un millón de viviendas puentes, carreteras, edificaciones publicas y de servicios vitales.
IMPACTO ECONOMICO
$1,000,000

 

En la Ciudad Capital
En la madrugada del 4 de febrero de 1976, Guatemala despertó sobresaltada por un fuerte sismo. Eran las 3:03:33 horas. La fase de destrucción duró solamente 49 segundos, y la intensidad fue de 7.6° en la escala de Richter, aproximadamente la energía equivalente a la explosión de 2 mil toneladas de dinamita.

La falla del Motagua, que atravieza el 80% del territorio guatemalteco fue la que provocó el terremoto. El epicentro se localizó a 150 kilómetros al noroeste de la ciudad, cerca de Gualán, Zacapa y el hipocentro, a 5 kilómetros de profundidad aproximadamente.

El día parecía no llegar nunca, mientras que en la oscuridad, la gente permanecía sentada en las banquetas, con frío, con miedo. Algunas personas que se habían salvado, perecieron cuando ocurrió el segundo sismo fuerte, a las 3:30, mientras habían regresado a sus casas para intentar sacar algunos objetos de valor, o a otras personas que habían quedado atrapadas.

Para ese momento, ya el pueblo de Guatemala se había dado a la tarea de rescatar a los miles de heridos que habían quedado soterrados. El trabajo fue arduo las ambulancias no se daban a vasto y los hospitales habían rebasado su capacidad. Civiles, bomberos y miembros del Ejército se organizaron en brigadas de rescate, y con palas, piochas y azadones, se dedicaron a descombrar y buscar sobrevivientes entre las ruinas y los montones de piedras y adobe que habían quedado sobre las calles.

En el Interior de la República.
En San Andrés En Guatemala, en una región montañosa, indígena y pobre, San Andrés es una pequeña población de mayoría ladina (mestiza), de unos 700 habitantes, centro de un municipio cuya población es de alrededor de 10 mil personas de las cuales el 80% son indios, y que se extiende en un área de 240 Km2. Este municipio, así como todo el departamento del Quiché, es una reserva de mano de obra temporal o eventual para las grandes plantaciones de la costa del Pacífico.Los miembros de la "Investigación cooperativa en el programa 294" del C.N.R.S. (Centre National de la Recherche Scientifique, Francia), llamada "San Andrés Sajcabaja, una comunidad Maya Quiché antes y después de la conquista española", realizaban allí sus trabajos desde 1972. En enero de 1976 llegamos a San Andrés en calidad de Arqueóloga y Físico, respectivamente, interesados en la "investigación sobre la investigación". El terremoto del 4 de febrero acarreó quizás equivocadamente, algunos cambios en nuestros planes de trabajo.

Nos convertimos en observadores, no siempre neutrales ni inactivos, de lo que ocurría a nuestro alrededor.En San Andrés: un muerto, dos heridos, 60% de las casas por reconstruir. En la mañana del 4, la vida siguió su curso se vaciaron las casas y se acondicionaron cabañas de hojas, de cañas de maíz y lona. Las imágenes de los santos, los objetos de madera o de plata, las campanas caídas de los campanarios de la gran iglesia colonial fueron cuidadosamente protegidos y la limpieza del pueblo comenzó el 8 tuvo lugar el mercado, como todos los Domingos, frente a la iglesia destruida. Había menos verduras (la carretera del Quiché Sola estaba interrumpida), pero más gente más gente también en la misa y el culto: los indios habían venido en mayor número de los caseríos del municipio para ver cómo San Andrés había soportado el sismo.

A 40 Km de San Andrés, Joyabaj, de alrededor de 1,800 habitantes, estaba completamente destruido y, de la población total del municipio, unas 32 mil personas, 600 habían muerto. Allí fuimos en la mañana del 5, pensando ser más útiles que en San Andrés. Los muertos habían sido enterrados en fosas comunes desde el 4, y los heridos graves evacuados.

El 5, los aviones que iban y venían cada media hora, no transportaban ya más que ha miembros de las familias de Joyabaj que venían de Ciudad de Guatemala en busca de noticias y, muy de vez en cuando, a un herido bajado en una camilla de una casa aislada en la sierra,Al parecer, bastaba participar con un poco de entusiasmo en los esfuerzos de unos y entrar con otros en los escombros para recuperar el maíz y los fríjoles, los utencilios aún utilizables: ollas, platos de fierro enlozado, cubiertos, piedras para moler, y la ropa. Se había conectado de nuevo el agua y había leña.

No faltaba la mano de obra: centenares de hombres con palas llegaban con la esperanza de ser contratados por una jornada de trabajo. Como símbolo de la vida que continúa, el 7 tuvo lugar el mercado.En medio de todos los escombros, lo que más nos entristeció fue ver las filas de espera organizadas por CARE, Caritas, el Cuerpo de Paz y otros para distribuir un poco de harina norteamericana, vigiladas por el ejercito llegado del Quiché a fin de que nadie pasara delante del otro soldados armados patrullaban para impedir robos.

La Situación del País en su conjunto
En toda Guatemala el tiempo era bueno y seco en ese período del año, y duraría así tres meses. Quedaban todavía tres semanas un poco frías, causantes cada año de gripes y tos, sobre todo en los debilitados por la desnutrición el terremoto quizás agravó esas afecciones pulmonares, ya que había que dormir afuera.

La cosecha estaba ya hecha y no había y no había que temer la hambruna además, el hambre endémica es una catástrofe humana sin relación con la catástrofe natural. Pese a los rumores que se propagaron sobre riesgos de epidemias debido a la contaminación del agua, no hubo ninguna de hecho, en la mayoría de los pueblos el agua nunca fue "potable".La economía del país no fue afectada.

Por lo general, los edificios de ladrillo y concreto armadoresistieron bien a las sacudidas, y las fábricas textiles, farmaceúticas y otras filiales de las compañías norteamericanas o europeas reanudaron sus actividades después de una semanade limpieza. El suministro de electricidad fue restablecido muy rápidamente, así como el del agua las reservas de gasolina de la Texaco estaban disponibles. La International Nickel Exmibal, en El Estor, no sufrió ningun daño. Los productores de azúcar, café y algodón de la costa del pacífico no tenían más que empezar a cosechar.

Lo único fue la Red vial: hubo carreteras interrumpidas, en particular la del Atlántico, por lo que las mercaderías con destino a Puerto Barrios tuvieron que transitar por El Salvador sin embargo, el alza de los precios de los productos de exportación compensó a los exportadores.

La industria del turismo corría el riesgo de ver mermada su actividad, pero no fue así.Había que reconstruir las 250 mil casas de adobe destruidas pero, de acuerdo a las estadísticas oficiales, existía ya mucho antes del terremoto un déficit de 612,500 a 800 mil viviendas.No hay duda en cuanto a la magnitud de la tragedia humana del 4 de Febrero de 1976: 23 mil muertos y 76 mil heridos. Por ser extrangeros no podemos dar cuenta de la implicancias, e incluso traumas y reacciones de orden metafísico, a pesar de haberlos sentido fuertemente después del cuestionamiento mismo de la solidez de la tierra, percibido primero de manera instintiva, traducido luego en un contexto de diversas creencias.

La Fraternidad InternacionalNo hay duda tampoco, para nosotros, de que en el plano internacional esta tragedia fue un asunto bien explotado. Desde el anuncio del desastre llegaron a Guatemala los ofrecimientos de ayuda. UNDRO, oficina coordinadora de las Naciones Unidas en caso de catástrofes, envió un representante especial.

Le siguieron misiones para la evaluación de los daños y de las necesidades, de sus diversos organismos especializados: UNESCO, UNICEF, OMS, FAO, CEPAL. Luego, el Banco Mundial, el Banco Internacional para la reconstrucción y el desarrollo, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo prepararon sus informes y asignaron créditos. Las agencias americanas de desarrollo, AID, ROCAP (Regional Office of U.S. Aid for Central America and Panama), U.S. Military Assistance Program (Map) desplegaron su personal y llegaron los representantes de las agencias privadas
intternacionales, Cáritas y el Consejo Ecuménico de la Iglesias. Cada país, a través de su embajada, envió ayuda: Alemania, Francia, hasta Paquistán y Malta, sin olvidar España. La ayuda de Gran Bretaña fue rechazada, debido a los problemas diplomáticos entre este país y Guatemala entorno a Bélice. Hasta un misterioso avión soviético logró traer ayuda.

Los países hermanos de América Latina estaban presentes, los primeros con Estados Unidos, Venezuela, México, Argentina, Chile, Perú, todos menos Cuba.Después de proporcionar socorros, se constataron algunos errores atribuidos a la falta de organización en la emergencia.

Pero estos errores se repiten, idénticos, en cada catástrofe ocurrida en America Latina y en los países llamados "subdesarrollados": por lo tanto, deben ser considerados como consecuencias de una política sistematica. En efecto , la ayuda en caso de catástrofe se convierte muy rápidamente en ayuda habitual, que extrañamente se parece, y se confunde, con la explotación de los países del "tercer mundo".

El condicionamiento y el controlLos Stocks de excedentes
Los primeros socorros enviados después del terremoto consistieron sobre todo en sacos de harina norteamericana y leche canadiense. Este envío no era necesario y podía general graves trastornos intestinales en las personas que no estaban acostumbradas a este tipo de alimentos hace algunos años, las autoridades de Biafra señalaron numerosos casos de reacciones graves luego de los envios de leche.

La embajada del canada en Guatemala indicó que había contratado a un nutricionista para supervisar la distribución, que comprendía a 8 mil familias durante siete semanas. Dos periódicos canadienses señalaron que la mayor parte de los alimentos enviados a Guatemala no se adaptaba a las necesidades de los indígenas y que especialistas de las Universidad de Ontario y Montreal alertaban sobre los peligros de la leche para las poblaciones que no acostumbraban tomarla, poniendo en duda la oportunidad de esos envíos masivos: 230 mil libras, según el programa de ayuda de la embajada Canadiense. Otros periódicos explicaron detalladamente los problemas de la sobrepro-ducción y almacenamiento de la leche en polvo y consideraron las posibilidades de nuevos mercados para canadá.Los comités y Filas de Espera.

En San Andrés, a raíz de una orden del gobierno transmitida por radio, el "pastor-farmaceútico", el primer regidor y tres maestros de escuela comformaron un "Comité de emergencia local" encargado de evaluar los daños materiales y, de acuerdo a esta evaluación, pedir ayuda y distribuirla. En un primer momento llegaron 8 mil libras de harina "Furnished by the people of the United States of America" y 2 mil libras de leche en polvo canadiense. Se organizó una primer jornada de distribución, y luego una segunda.

El doctor se negó rotundamente a administrar leche a un niño desnutrido y con una infección, que nunca había tomado este alimento: temía que la leche le provocara diarrea y una deshidratación fatal.Luego de la distribución de víveres, hubo distribuciones de ropa usada occidental y de frazadas, traídas por el exmédico de la universidad de San Carlos, la distribución de las frazadas del ejército enviadas por la embajada de Francia, la distribución de ropa traída por el promotor social y por los menonitas, hay que reconocerlo, no organizaron filas de espera y los pocos sacos de la primera ayuda que trajeron contenían probablemente la única cosa verdaderamente útil: clavos.
 
Se realizó muy discretamente, y con razón, la distribución de diez calaminas para cada una de las familias metodistas. La discreción no impidió que el pueblo tuviera celos de las diez familias favorecidas y que abiertamente se desataran peleas.Por una Muerte a la Occidental Un cargamento de medicamentos shy calmantes, antiespasmódicos fuertes, antibióticos,penicilina, de todas las grandes marcas de productos farmaceúticos- fue distribuido durante tres días a toda la población por un equipo de tres médicos, cuatro enfermeras y un coordinador. Este equipo médico de voluntarios protestantes mejicanos había sido solicitado por el "pastor farmaceútico". El cura los recibió, como todo lo que caía del cielo en San Andrés: en tres días tres mil personas fueron examinadas y recibieron su dosis de pídoras e inyecciones.

Eran numerosos los casos de parasitosis y tuberculosis se necesitaría una alimentación suficiente,agua potable, mejores condiciones de trabajo, incluso una medicina preventiva, pero un lote de medicamentos no seleccionados resultaba inútil para la salud de los habitantes de San Andrés.Uno de los médicos intentó detener la distribución : hubo una pequeña revuelta en la fila de espera y tuvo que proseguir. El único herido grave, que no podía desplazarse, no fue visto por los médicos.

Luego de la fiesta de agradecimiento ofrecida por el pueblo de San Andrés y la partida de los médicos, el "pastor-farmaceútico" vendió las "muestras gratuitas" de medicamentos que había podido esconder.La CizañaConforme avanzaban las distribuciones el pueblo se peleaba cada vez más violentamente: el vecino siempre estaba mejor servido, los miembros del comité de emergencia favorecían a su familia o vendían lo que era para regalar.

Después de una interveción del juez de paz el comité se había disuelto. Durante unos diez días, nuestros amigos vinieron a mendigar y se resintieron porque la distribución de cien frazadas "francesas" había sido encargada a la cooperativa indígena.La inmovilización y los sueños de progresoLas discordias interrumpieron los escasos esfuerzos de trabajo en común.

Los helicópteros y los aviones que "caían" en San Andrés perturbaban las actividades de cada cual toda la gente se empujaba por tratar de llegar primero, en caso de que los visitantes tuvieran algo que distribuir también los indios acudian de los caseríos más próximos pero se trataba generalmente de fotógrafos o misioneros, militares norteamericanos, mejicanos, extranjeros que venían para curiosear o en torno a la ayuda.

Las distribuciones efectuadas, las promesas de otras más por venir, así com los reportajes que permanentemente se emitían por radio sobre la ayuda brindada en todo el país dieron la esperanza de una ayuda real para la reconstrucción. Muchos esperaron, se negaron a reconstruir como antes, es decir en adobe y tejas, cuando todavía había tiempo antes de las primeras lluvias. Disuelto el Comité de emergencia, se creó un "Comité de Reconstrucción" presidido por el cura el miembro del cuerpo de paz era visepresidente con el alcalde lo conformaban además, un representante de la alcaldía, uno de las diversas misiones, incluida la misión científica, maestros de escuela de la comunidad y de la cooperativa indígena, el promotor social como secretario y el pastor-farmaceútico como tesorero.

Un canadiense, que dijo ser "sociólogo de comunicación", declaró tener 90 mil dólares de la embajada del Canadá o de una iglesia relacionada con este país, para proceder a la reconstrucción del pueblo con casas prefabricadas, instalar el agua potable, una escuela secundaria, una carretera, y reforestar.

Con él se instalaron nuevos misioneros pentecostales, carismáticos, que comenzaron a abogar por la reconciliación de las iglesias en la desgracia.

La escalada en las promesas de ayuda entre las Iglesias, los partidos políticos y los organismos de desarrollo generó un sueño de progreso, pero el salario de los jornaleros, aunque aumentó de 59 céntimos a 70 (un quetzal = un dólar), no pasó de un quetzal por día.

La Pesadilla de la barriadizaciónEn abril, gracias a los esfuerzos del Comité de Reconstrucción, 10 mil calaminas fueron descargadas en San Andrés. Provenían del exterior, de los Estados Unidos, del Salvador, del Japón, enviadas por los fondos de ayuda de las Iglesias suizas y canadienses (Helvetas de Quetzaltenango, Iglesia El Calvario de Guatemala, Comité de Emergencia de las Iglesias Centroamericanas-CEMEC).

El Cura y el Cuerpo de Paz las vendían a dos dólares cada una, precio al por mayor en la capital, siguiendo la consigna del presidente Laugerud García: "La ayuda no debe ser regalada, sino merecida". A algunos necesitados se las vendían a un precio reducido y hasta se les distribuían gratuitamente.Los expertos de la CEMEC llamaban esta acción "Operación laminización" (la lámina es la calamina).

El éxito de esta "operación" fue espectacular, a tal punto que los dibujos hechos por los niños de San Andrés no representaban ya más que casas con techos de calamina. La teja, fabricada localmente y mejor adaptada al clima era reemplazada por lo que, viniendo del exterior, se imponía como el símbolo de la aculturización, del desarrollo, del progreso.

Por toda Guatemala la calamina era distribuida por organizaciones laicas o religiosas o por sociedades privadas. A principios de abril escaseaba en el mercado. En mayo, se presentó ante el Congreso un proyecto de decreto de exoneración de aranceles sobre el material de construcción para compensar se emitió un préstamo en forma de bonos de reconstrucción.

Se puede evaluar en cinco millones el número de calaminas vendidas, por un monto de 10 millones de dólares, o sea un tercio de la importación anual de materiales metálicos. Teniendo en cuenta el clima, se puede pronosticar que estas calaminas de unos 2 décimos de mm. no resistirán más de dos años: se ha abierto un importante mercado.En San Andrés Itzapa y en San Joé Poaquil, el Canadá obsequió casas prefabricadas.

Este país no tardó ni un mes, después del terremoto, en obtener la firma de un convenio comercial pendiente desde hacía años y el 1º de marzo los periódicos informaban que el Canadá vendería a Guatemala las tablas de madera para las casas prefabricadas.

Finalmente, en abril vimos llegar estas casas prefabricadas tan esperadas: colocadas sobre algunos bloques o ladrillos de relleno por dos carpinteros norteamericanos, voluntarios pentecostales, consistían en 40 tablas de madera en bruto y diez calaminas de 4 m. X 0,75 que se vendían a 300 dólares a crédito.

Hubo un momento de decepción, pero los más ricos se inclinaron a aceptar porque las lluvias estaban por llegar. Los barracones iban a convertirse en un signo de riqueza y la casa prefabricda en una casa de prestigio. Los que no podían comprometerse a pagar 300 dólares se apresuraron a pedir información sobre los préstamos bancarios: había que tener títulos de propiedad, evaluaciónreciente del valor de las tierras, o un salario, y haber cumplido con los impuestos.

Los pobres no pensaron en los bancos reconstruyeron de acuerdo a sus medios, con cartón y madera y en el mejor de los casos en adobe, como antes, casas que caeran con el siguiente terremoto. Ni siquiera vieron el manual ilustrado hecho por los arquitectos de las Naciones Unidas después del terremoto del Perú, que el cura guardaba en el cajón de su escritorio: "Comó reconstruir en adobe".

Los Agentes de la ReorientaciónLa embajada de Estados Unidos encargó al antropólogo americano Camarck, un especialista de las tierras altas de Guatemala, una encuesta sobre la mejor manera de distribuir la ayuda a la
reconstrucción. En su informe, éste recomendó dejar que actuen "las autoridades tradicionales del pueblo: el cura, el alcalde, el promotor social, los maestros de escuela, el pastor".

No se mencionó a las autoridades indias, a los cofrades, a los curanderos, como tampóco a las autoridades progresistas ni a los dirigentes de las cooperativas se olvidaron de los representantes del 80% de los municipios.A partir de 1954, en el marco nacional de lucha contra el comunismo, la Iglesia y la Acción Católica intensificaron la campaña de recristianización. Hubo un período de violenta confrontación con las cofradías, las tradiciones, los valores indígenas, todo lo que era considerado "retrasado".

En 1960 la parroquia de San Andrés fue restablecida y encomendada a los misionesros españoles de la congregación del Sangrado Corazón. En 1976, el trabajo de conversión parecía menos importante que el del desarrollo, y la AID financiaba en parte la cooperativa parroquial de ahorro y crédito.

La Acción Católica formaba a los dirigentes de la cooperativa, de la liga campesina y de la comunidad indígena. El cura organizaba el progreso, asistido por el Cuerpo de Paz, con los "elementos más dinámicos" del pueblo, alentaba una mentalidad modernista, progresista, abierta a todo lo extranjero.

El promotor social, indigena formado por la Acción Católica, actuaba de acuerdo con el cura.El alcalde, indigena también formado por la Acción Católica, había dejado, poco antes de las elecciones, la "Democracia Cristiana" por el "Movimiento de Liberación Nacional", que le ofrecía la alcaldía a cambio de los votos de sus fieles partidarios.

Los ladinos, que tuvieron que aceptar este alcalde indigena, tenían tendencia a despreciarlo y a no respetarlo. El Comité de Emergencia se había constituido sin él lo presidía el primer regidor, un ladino. Habría que hablar quiché y conocerlo mejor para juzgar su rol de alcalde.

El pastor, oriundo de Joyabaj, se casó con la hija de uno de los más ricos propietarios de San Andrés, una maestra de escuela. Fue formado por los metodistas americanos y nombrado en San Andrés, donde recibía un sueldo además, abrió una "bodega-botica".

Era uno de los comerciantes poco escrupulosos que sabían administrar y acumular capital. Los metodistas una minoría esencialmente ladina, llevaban una vida puritana, trabajaban y aprovechaban sus tierras, sabían planificar, incitaban a sus hijos a seguir sus estudios gracias a las becas norteamericanas que conseguían para el colegio protestante del Quiché.

En 1976, por primera vez, San Andrés tuvo un estudiante de agronomía, un metodista. A través de concursos de citas bíblicas, predicando en público por turno, hombres y mujeres desarrollaban un espíritu y de respeto a la persona.
Ellos tuvieron entre los primeros que comprendían que ya no era posible ser abiertamente racista o paternalista y, por lo tanto, trataban a los indios de manera más "humana". Representaban en San Andrés el estado más avanzado de la asimilación de la ideología dominante. Su gran movilidad geográfica y social los destinaba a entrar en el sector de servcios cuando ya no pudieran vivir de sus tierras.

Luego de Cuatro Meses de PermanenciaA fines de abril, "Hermano de los hombres" llegó a San Andrés para estudiar las posibilidades"inteligentes" de desarrollar la región con mil dólares mensuales. A principios de mayo la radio anunció varias veces, en español y en Quiché, que los franceses tenían un millón de dólares para San Andrés, pero que, debido a las riñas entre los habitantes, no los distribuían: una falsa noticia que emanaba de los militares.

La tristeza invadió los pueblos, con la llegada del invierno, las lluvias y la falta de sol hicieron realmente triste la vida de las personas en el interior de la república.


La embajada del canada en Guatemala indicó que había contratado a un nutricionista para supervisar la distribución, que comprendía a 8 mil familias durante siete semanas. Dos periódicos canadienses señalaron que la mayor parte de los alimentos enviados a Guatemala no se adaptaba a las necesidades de los indígenas y que especialistas de las Universidad de Ontario y Montreal alertaban sobre los peligros de la leche para las poblaciones que no acostumbraban tomarla, poniendo en duda la oportunidad de esos envíos masivos: 230 mil libras, según el programa de ayuda de la embajada Canadiense. Otros periódicos explicaron detalladamente los problemas de la sobrepro-ducción y almacenamiento de la leche en polvo y consideraron las posibilidades de nuevos mercados para canadá.Los comités y Filas de Espera.

En San Andrés, a raíz de una orden del gobierno transmitida por radio, el "pastor-farmaceútico", el primer regidor y tres maestros de escuela comformaron un "Comité de emergencia local" encargado de evaluar los daños materiales y, de acuerdo a esta evaluación, pedir ayuda y distribuirla. En un primer momento llegaron 8 mil libras de harina "Furnished by the people of the United States of America" y 2 mil libras de leche en polvo canadiense. Se organizó una primer jornada de distribución, y luego una segunda.

El doctor se negó rotundamente a administrar leche a un niño desnutrido y con una infección, que nunca había tomado este alimento: temía que la leche le provocara diarrea y una deshidratación fatal.Luego de la distribución de víveres, hubo distribuciones de ropa usada occidental y de frazadas, traídas por el exmédico de la universidad de San Carlos, la distribución de las frazadas del ejército enviadas por la embajada de Francia, la distribución de ropa traída por el promotor social y por los menonitas, hay que reconocerlo, no organizaron filas de espera y los pocos sacos de la primera ayuda que trajeron contenían probablemente la única cosa verdaderamente útil: clavos.
 
Se realizó muy discretamente, y con razón, la distribución de diez calaminas para cada una de las familias metodistas. La discreción no impidió que el pueblo tuviera celos de las diez familias favorecidas y que abiertamente se desataran peleas.Por una Muerte a la Occidental Un cargamento de medicamentos shy calmantes, antiespasmódicos fuertes, antibióticos,penicilina, de todas las grandes marcas de productos farmaceúticos- fue distribuido durante tres días a toda la población por un equipo de tres médicos, cuatro enfermeras y un coordinador. Este equipo médico de voluntarios protestantes mejicanos había sido solicitado por el "pastor farmaceútico". El cura los recibió, como todo lo que caía del cielo en San Andrés: en tres días tres mil personas fueron examinadas y recibieron su dosis de pídoras e inyecciones.

Eran numerosos los casos de parasitosis y tuberculosis se necesitaría una alimentación suficiente,agua potable, mejores condiciones de trabajo, incluso una medicina preventiva, pero un lote de medicamentos no seleccionados resultaba inútil para la salud de los habitantes de San Andrés.Uno de los médicos intentó detener la distribución : hubo una pequeña revuelta en la fila de espera y tuvo que proseguir. El único herido grave, que no podía desplazarse, no fue visto por los médicos.

Luego de la fiesta de agradecimiento ofrecida por el pueblo de San Andrés y la partida de los médicos, el "pastor-farmaceútico" vendió las "muestras gratuitas" de medicamentos que había podido esconder.La CizañaConforme avanzaban las distribuciones el pueblo se peleaba cada vez más violentamente: el vecino siempre estaba mejor servido, los miembros del comité de emergencia favorecían a su familia o vendían lo que era para regalar.

Después de una interveción del juez de paz el comité se había disuelto. Durante unos diez días, nuestros amigos vinieron a mendigar y se resintieron porque la distribución de cien frazadas "francesas" había sido encargada a la cooperativa indígena.La inmovilización y los sueños de progresoLas discordias interrumpieron los escasos esfuerzos de trabajo en común.

Los helicópteros y los aviones que "caían" en San Andrés perturbaban las actividades de cada cual toda la gente se empujaba por tratar de llegar primero, en caso de que los visitantes tuvieran algo que distribuir también los indios acudian de los caseríos más próximos pero se trataba generalmente de fotógrafos o misioneros, militares norteamericanos, mejicanos, extranjeros que venían para curiosear o en torno a la ayuda.

Las distribuciones efectuadas, las promesas de otras más por venir, así com los reportajes que permanentemente se emitían por radio sobre la ayuda brindada en todo el país dieron la esperanza de una ayuda real para la reconstrucción. Muchos esperaron, se negaron a reconstruir como antes, es decir en adobe y tejas, cuando todavía había tiempo antes de las primeras lluvias. Disuelto el Comité de emergencia, se creó un "Comité de Reconstrucción" presidido por el cura el miembro del cuerpo de paz era visepresidente con el alcalde lo conformaban además, un representante de la alcaldía, uno de las diversas misiones, incluida la misión científica, maestros de escuela de la comunidad y de la cooperativa indígena, el promotor social como secretario y el pastor-farmaceútico como tesorero.

Un canadiense, que dijo ser "sociólogo de comunicación", declaró tener 90 mil dólares de la embajada del Canadá o de una iglesia relacionada con este país, para proceder a la reconstrucción del pueblo con casas prefabricadas, instalar el agua potable, una escuela secundaria, una carretera, y reforestar.

Con él se instalaron nuevos misioneros pentecostales, carismáticos, que comenzaron a abogar por la reconciliación de las iglesias en la desgracia.

La escalada en las promesas de ayuda entre las Iglesias, los partidos políticos y los organismos de desarrollo generó un sueño de progreso, pero el salario de los jornaleros, aunque aumentó de 59 céntimos a 70 (un quetzal = un dólar), no pasó de un quetzal por día.

La Pesadilla de la barriadizaciónEn abril, gracias a los esfuerzos del Comité de Reconstrucción, 10 mil calaminas fueron descargadas en San Andrés. Provenían del exterior, de los Estados Unidos, del Salvador, del Japón, enviadas por los fondos de ayuda de las Iglesias suizas y canadienses (Helvetas de Quetzaltenango, Iglesia El Calvario de Guatemala, Comité de Emergencia de las Iglesias Centroamericanas-CEMEC).

El Cura y el Cuerpo de Paz las vendían a dos dólares cada una, precio al por mayor en la capital, siguiendo la consigna del presidente Laugerud García: "La ayuda no debe ser regalada, sino merecida". A algunos necesitados se las vendían a un precio reducido y hasta se les distribuían gratuitamente.Los expertos de la CEMEC llamaban esta acción "Operación laminización" (la lámina es la calamina).

El éxito de esta "operación" fue espectacular, a tal punto que los dibujos hechos por los niños de San Andrés no representaban ya más que casas con techos de calamina. La teja, fabricada localmente y mejor adaptada al clima era reemplazada por lo que, viniendo del exterior, se imponía como el símbolo de la aculturización, del desarrollo, del progreso.

Por toda Guatemala la calamina era distribuida por organizaciones laicas o religiosas o por sociedades privadas. A principios de abril escaseaba en el mercado. En mayo, se presentó ante el Congreso un proyecto de decreto de exoneración de aranceles sobre el material de construcción para compensar se emitió un préstamo en forma de bonos de reconstrucción.

Se puede evaluar en cinco millones el número de calaminas vendidas, por un monto de 10 millones de dólares, o sea un tercio de la importación anual de materiales metálicos. Teniendo en cuenta el clima, se puede pronosticar que estas calaminas de unos 2 décimos de mm. no resistirán más de dos años: se ha abierto un importante mercado.En San Andrés Itzapa y en San Joé Poaquil, el Canadá obsequió casas prefabricadas.

Este país no tardó ni un mes, después del terremoto, en obtener la firma de un convenio comercial pendiente desde hacía años y el 1º de marzo los periódicos informaban que el Canadá vendería a Guatemala las tablas de madera para las casas prefabricadas.

Finalmente, en abril vimos llegar estas casas prefabricadas tan esperadas: colocadas sobre algunos bloques o ladrillos de relleno por dos carpinteros norteamericanos, voluntarios pentecostales, consistían en 40 tablas de madera en bruto y diez calaminas de 4 m. X 0,75 que se vendían a 300 dólares a crédito.

Hubo un momento de decepción, pero los más ricos se inclinaron a aceptar porque las lluvias estaban por llegar. Los barracones iban a convertirse en un signo de riqueza y la casa prefabricda en una casa de prestigio. Los que no podían comprometerse a pagar 300 dólares se apresuraron a pedir información sobre los préstamos bancarios: había que tener títulos de propiedad, evaluaciónreciente del valor de las tierras, o un salario, y haber cumplido con los impuestos.

Los pobres no pensaron en los bancos reconstruyeron de acuerdo a sus medios, con cartón y madera y en el mejor de los casos en adobe, como antes, casas que caeran con el siguiente terremoto. Ni siquiera vieron el manual ilustrado hecho por los arquitectos de las Naciones Unidas después del terremoto del Perú, que el cura guardaba en el cajón de su escritorio: "Comó reconstruir en adobe".

Los Agentes de la ReorientaciónLa embajada de Estados Unidos encargó al antropólogo americano Camarck, un especialista de las tierras altas de Guatemala, una encuesta sobre la mejor manera de distribuir la ayuda a la
reconstrucción. En su informe, éste recomendó dejar que actuen "las autoridades tradicionales del pueblo: el cura, el alcalde, el promotor social, los maestros de escuela, el pastor".

No se mencionó a las autoridades indias, a los cofrades, a los curanderos, como tampóco a las autoridades progresistas ni a los dirigentes de las cooperativas se olvidaron de los representantes del 80% de los municipios.A partir de 1954, en el marco nacional de lucha contra el comunismo, la Iglesia y la Acción Católica intensificaron la campaña de recristianización. Hubo un período de violenta confrontación con las cofradías, las tradiciones, los valores indígenas, todo lo que era considerado "retrasado".

En 1960 la parroquia de San Andrés fue restablecida y encomendada a los misionesros españoles de la congregación del Sangrado Corazón. En 1976, el trabajo de conversión parecía menos importante que el del desarrollo, y la AID financiaba en parte la cooperativa parroquial de ahorro y crédito.

La Acción Católica formaba a los dirigentes de la cooperativa, de la liga campesina y de la comunidad indígena. El cura organizaba el progreso, asistido por el Cuerpo de Paz, con los "elementos más dinámicos" del pueblo, alentaba una mentalidad modernista, progresista, abierta a todo lo extranjero.

El promotor social, indigena formado por la Acción Católica, actuaba de acuerdo con el cura.El alcalde, indigena también formado por la Acción Católica, había dejado, poco antes de las elecciones, la "Democracia Cristiana" por el "Movimiento de Liberación Nacional", que le ofrecía la alcaldía a cambio de los votos de sus fieles partidarios.

Los ladinos, que tuvieron que aceptar este alcalde indigena, tenían tendencia a despreciarlo y a no respetarlo. El Comité de Emergencia se había constituido sin él lo presidía el primer regidor, un ladino. Habría que hablar quiché y conocerlo mejor para juzgar su rol de alcalde.

El pastor, oriundo de Joyabaj, se casó con la hija de uno de los más ricos propietarios de San Andrés, una maestra de escuela. Fue formado por los metodistas americanos y nombrado en San Andrés, donde recibía un sueldo además, abrió una "bodega-botica".

Era uno de los comerciantes poco escrupulosos que sabían administrar y acumular capital. Los metodistas una minoría esencialmente ladina, llevaban una vida puritana, trabajaban y aprovechaban sus tierras, sabían planificar, incitaban a sus hijos a seguir sus estudios gracias a las becas norteamericanas que conseguían para el colegio protestante del Quiché.

En 1976, por primera vez, San Andrés tuvo un estudiante de agronomía, un metodista. A través de concursos de citas bíblicas, predicando en público por turno, hombres y mujeres desarrollaban un espíritu y de respeto a la persona.
Ellos tuvieron entre los primeros que comprendían que ya no era posible ser abiertamente racista o paternalista y, por lo tanto, trataban a los indios de manera más "humana". Representaban en San Andrés el estado más avanzado de la asimilación de la ideología dominante. Su gran movilidad geográfica y social los destinaba a entrar en el sector de servcios cuando ya no pudieran vivir de sus tierras.

Luego de Cuatro Meses de PermanenciaA fines de abril, "Hermano de los hombres" llegó a San Andrés para estudiar las posibilidades"inteligentes" de desarrollar la región con mil dólares mensuales. A principios de mayo la radio anunció varias veces, en español y en Quiché, que los franceses tenían un millón de dólares para San Andrés, pero que, debido a las riñas entre los habitantes, no los distribuían: una falsa noticia que emanaba de los militares.

La tristeza invadió los pueblos, con la llegada del invierno, las lluvias y la falta de sol hicieron realmente triste la vida de las personas en el interior de la república.


 

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