Galería el Túnel presenta la exposición PER NEXUS del artista contemporáneo MAX LEIVA
PER NEXUS se presenta en Galería El Túnel ubicada en la 16 calle 1-01 zona 10, Plaza Obelisco y permanecerá abierta al público del 7 al 28 de noviembre, en los horarios de la galería de lunes a viernes de 9:30 a 19:00 horas y sábados de 9:30 a 13:00 horas, la entrada es libre. PER NEXUS presenta el más reciente trabajo del artista tras su última exposición en 2012 y cuenta con 18 obras que se representan como la opción ideal para coleccionistas y amantes del arte contemporáneo. “¡Qué relato! Indudablemente la biografía de este artista debería de atraer a los escenógrafos más exigentes. De las prótesis dentales en el laboratorio de su padre ortodoncista, a la escultura monumental, pasando por el ciclismo profesional, la ilustración de la camiseta de su promoción en el servicio militar (Suiza), hasta hacer pan en la panadería de su madre… : no cabe duda que este recorrido iniciático y novelesco fueron determinantes en la formación de Max Leiva, tanto por la magnitud de la experiencia existencial, como por los caminos que eligió que lo conducirían a lo que es su esencia hoy en día: creación artística y en sí, escultura”. Expresó Noël Coret, Estudioso del Arte y quien fuera Presidente del Salón de Otoño (París – Gran Palacio de Bellas Artes).

PER NEXUS de MAX LEIVA
Fui cautivado por el espíritu comunal de figuras acurrucadas, apoyándose unas a otras en el esfuerzo por levantar un bloque que, en otras circunstancias, le rompería la espalda a cualquiera. Era mi primer encuentro con la obra de Max Leiva, seguido por el descubrimiento de su trabajo que enaltece la familiaridad. Cada miembro del grupo se alza en torno al bloque, con sus torsos ligeramente lanzados hacia adelante, con el pesado objeto posando en forma casual en sus hombros. Nadie está encorvado, nadie se sobresalta como un trabajador izando un yunque.
El bloque descansa en sus hombros, indiferentemente. Hay un fuerte
sentido de comunidad en la obra de Leiva ya que las tareas se
comparten; tanto así que, en una segunda pieza, otros personajes – los
mismos personajes, aunque realmente no importa – alzan el mismo bloque,
ahora con algunas figuras al revés, las cuales están balanceándose sobre
las espaldas de sus compañeros, levantando el bloque con los pies.
Trabajan sin esforzarse. Esta labor es fácil puesto que todas estas
personas incorporan el mismo ethos(carácter distintivo), sin
pathos(padecimiento).

En otros escenarios, un hombre está de pie, mientras sostiene a otro en su espalda, en el aire; más figuras aéreas se apilan en forma de torre, sus rostros curiosos y sinceros, como si observaran un evento singularmente importante, sobre una agrupación de gente – aunque quizá no sea así; quizá sólo miren el final tumultuoso de un partido local de fútbol. Otra pieza presenta a dos personas fusionadas en una por el abdomen, una erguida y la otra boca-abajo, entrelazando los dedos, haciendo un esfuerzo físicamente imposible por mantenerse de pie. Hay tanto hombres como mujeres – puede ser difícil distinguirlos.
Podrían ser personas nativas o
inmigrantes asimilados, con sus rostros ensombrecidos y esculpidos, con
apenas suficientes facciones para que se perciba que los participantes
comparten una lucha que se siente entre cada uno, pero claramente no
tanto si cada uno tuviera que luchar solo. Las piezas de Leiva exponen
esta realidad sutil.
A veces
indescriptibles e imperturbables, sus personajes se ayudan entre sí, ya
que en el mundo de Leiva, el individuo es menos importante que el
colectivo, con el sentido de la responsabilidad en conjunto, plasmada de
la forma más sencilla posible, como si todos reconocieran su lugar
desde su nacimiento.

Debemos reconocer que, de forma
conmovedora, esto no es una obra de teatro, sino la vida real. Percibo
esto en la obra de Leiva cuando nos muestra una serie de figuras, sus
espaldas contra un muro negro, con caras de un oscuro portentoso,
anticipando el resultado de una aventura hacia el norte. Sin embargo,
ésta no es la parte más inquietante de la escena. Hay un hombre, sus
brazos regimentados, paralizados de cada lado, su cabeza gira y examina
un grupo a su derecha.
Lo perturbador de
esta pieza es que estas personas están separadas entre sí y
desconectadas. Un compañero a su derecha aprieta sus manos entre las
piernas, como un niño avergonzado. De modo impresionante, los demás
personajes observan una figura central, sola – su rostro está borrado y
oscuro. Como monolito erguido, esta persona sostiene dos libros en cada
mano, con el lomo de los textos a la vista.
Interpreto aquí un elemento escolástico, enfocado en el individuo.
Todos los personajes aquí están balanceándose sobre una vara, o un sendero, que los lleva desde lo colectivo hacia lo insular. Leiva ha construido Pernexus, aunque ésta es una exposición que balancea tanto el nexuscomo el nadir.
Publicado por: Saúl García
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