Países lejanos de William Spindler (I parte)

¿La muerte parece más muerte cuando se lee que sucede en África, un continente enigmático, desconocido, cruel y muchas veces semejante a Latinoamérica? La novela de William Spindler, Países lejanos (Magna Terra, 2011, Colección Narrativa, pp. 335), sucede en varios países del continente...

Fecha de publicación: 17 May, 2011 - 08:24:01
Última actualización: 17 May, 2011 - 09:06:00



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Países lejanos de William Spindler (I parte)

¿La muerte parece más muerte cuando se lee que sucede en África, un continente enigmático, desconocido, cruel y muchas veces semejante a Latinoamérica? La novela de William Spindler, Países lejanos (Magna Terra, 2011, Colección Narrativa, pp. 335), sucede en varios países del continente...


Por: Rodolfo Arévalo

¿La muerte parece más muerte cuando se lee que sucede en África, un continente enigmático, desconocido, cruel y muchas veces semejante a Latinoamérica? La novela de William Spindler, Países lejanos (Magna Terra, 2011, Colección Narrativa, pp. 335), sucede en varios países del continente negro, donde, “lo queramos o no, el color nos marca.

Es ineludible. Se es blanco o se es negro; no hay otra posibilidad. Lo demás es metafísica” (pag. 27). Una novela que se construye un universo donde cada tema se resalta de diferente manera y se tendrá que ver desde la perspectiva de la obra.

El autor también encuentra, en la descripción del África que él ve, una manera de entenderse como latinoamericano y comprender la diferencia. Desde la perspectiva que escoge, el latinoamericano simplemente no es africano y va comprendiendo que tampoco es europeo.

Su diferencia lo marca dentro de una atmósfera que resulta tan fantástica como la América primigenia, pero que al mismo tiempo le permite entender el horror y las encrucijadas que los seres humanos inventan para tejer sociedades de una especie diferente.

Que contradicen terriblemente el término de cultura, o quizá lo develan. La muerte es parte de las mil maneras en que nos hemos relacionado con nosotros mismos, y su límite solamente nos acerca a una totalidad desconocida y común.

Spindler nos va dando paso a paso las muestras de un continente descomunal y aprovecha esto para darnos a conocer y figurarnos cómo, desde un entramado de conspiraciones, los administradores de la pobreza van reduciendo las posibilidades de una mejor manera de vivir.

Mozambique aparece como Macondo, o el sur de Faulkner, un lugar para encontrar las respuestas que buscamos, una realidad que se descompone para suplir la falta y darnos derechos a esculpir en el tiempo las respuestas.

El lenguaje de Spindler es llano, directo, correcto y como un lento fluir de los grandes ríos que se pintan en la novela, navegable, aún ahí donde la credibilidad muestra un escollo.

La historia de cada lugar que va apareciendo se conjuga también con la historia de los personajes, también parecidos entre sí, pero diferentes. Poco a poco, entre los datos de cada lugar, su historia, la complicación de los caracteres nos ofrece también la visión de una política hecha por mercenarios y ambiciosos mercaderes.

Auspiciados por ricos países que tienen intereses que validan su injerencia en oro. Spindler provoca así una comparación con la historia latinoamericana que nos recuerda las complicadas incursiones de bucaneros, criminales y simples aventureros que van cambiando los destinos de esos países lejanos, en este caso Nicaragua, Honduras, algunas islas del Caribe, en donde todavía la fuerza bruta del cuerpo y la voluntad domina el tiempo. El olvido hace el resto.

El mismo narrador es un periodista que llega al África persiguiendo a un mercenario, cuya historia sería interesante para lectores que están cómodos en sillas, hechas de materias primas que quizá con las acciones de aquel matón tuvieron al alcance y abaratadas por el comportamiento de un mercado hecho a la medida.

Este tipo de urdimbre que en las primeras páginas pasa inadvertida pronto se convierte en el verdadero tono de la novela: África, al igual que los otros tristes trópicos, se desvanece misteriosa e inconsciente de los hacedores de infiernos que viven más allá de sus mares.

Las famosas minas personales que acompañan los relatos, los tiburones de agua dulce, los volcanes se acompañan de la crueldad en los programas que sostienen políticos sanguinarios, a veces parecidos a los que han triturado la historia en nuestras naciones.

Hay un asesino que se dice hermano de Cristo y hace matar a sus enemigos en grandes asambleas de alabanza, y otros que nacieron del espanto a la muerte y luego se convierten en asesinos despiadados.

Es casi imposible no hacer esta lectura teniendo tan cerca de nosotros intentos de golpes de Estado, golpes de Estado perpetrados, la crueldad de los narcotraficantes, muchos de ellos entrenados exmilitares.

Pastores de iglesias que tienen fuertes lazos con limpias sociales y con dineros malhabidos y tratas de blancas, grandes industriales y sus nexos con el contrabando y con grupos paramilitares, y una larga comparación donde también salen a luz las famosas conspiraciones intercontinentales.

El belga Johan de Voos, objetivo del periodista Ernesto, puede ser para nosotros un Stefan Delle Chaie con toda la red que se arma alrededor de estos personajes. Pueden ser nuestros programas relacionados con la teoría de la tensión, o con doctrinas que salvan al mundo con terrorismo para brindar seguridad.

Lo cierto es que África y América se tocan, y mucho, y el autor nos lo tratará de contar en el enredo de un militar latinoamericano que trabajaba para la ONU y es asesinado. Todo esto nos hace comprender enormemente el contar desde otro esto que nosotros vivimos.

Ficha del autor
William Spindler (Ciudad de Guatemala, 1963) es un escritor y periodista cuyas obras incluyen ficción, poesía y periodismo. Es autor de Países lejanos, novela editada por Magna Terra Editores en 2011, y un libro de cuentos, Expediciones, publicado en Bogotá en 2004.

En 1988 se graduó en la Universidad de South Bank, en Londres, donde obtuvo una licenciatura en Lenguas Modernas y Estudios Internacionales. Después de sacar su maestría en la Universidad de Southampton con una tesis sobre el realismo mágico.

Spindler se trasladó a la Universidad de Essex para explorar el tema de su tesis con un experto mundial en las fuentes literarias indígenas y artísticas, con énfasis en América Latina. En 1996 obtuvo un doctorado por el Departamento de Historia del Arte y Teoría de la Universidad de Essex.

Spindler sugiere que hay tres tipos de realismo mágico, que no son en absoluto incompatibles: el realismo europeo “metafísico mágico”, con su sensación de extrañamiento y lo extraño.

Ejemplificado con la literatura kafkiana; el “ontológico”, realismo mágico que se caracteriza por “la materia-de-naturalidad”; y “antropológico”, donde una visión del mundo indígena se encuentra al otro lado de la visión del mundo racional occidental.

En la disertación de su doctorado, Spindler discute ampliamente las cuestiones culturales que el realismo mágico obra en la narrativa

Publicado por: Axel Natareno

Fuente: dca.gob.gt



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