Juannio 72

Ante la complejidad de la situación que confrontamos hoy, conviene aclarar ante todo que no puede culpársele a nadie de la merma de ingresos sufrida por el Certamen de Juannio de este año.

Fecha de publicación: 07 Nov, 2008 - 18:17:24
Última actualización: 13 Jun, 2014 - 23:00:38



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Juannio 72

Ante la complejidad de la situación que confrontamos hoy, conviene aclarar ante todo que no puede culpársele a nadie de la merma de ingresos sufrida por el Certamen de Juannio de este año.


JUANNIO 72

Por Edith Recourat

Ante la complejidad de la situación que confrontamos hoy, conviene aclarar ante todo que no puede culpársele a nadie de la merma de ingresos sufrida por el Certamen de Juannio de este año.

Tanto por parte de la Embajada de los Estados Unidos como de los organizadores, se manifestó mucho entusiasmo y no se escatimaron esfuerzos para lograr el máximo éxito de esta obra benéfica que ha pasado a ser ya una institución de mucha resonancia.

El señor William G. Bowdler, embajador de los Estados Unidos, se preocupó personalmente por obtener una muy valiosa contribución de artistas norteamericanos de fama mundial.  Los “posters”, afiches autografiados de Claes Oldenburg, de Trova, de Helen Frankenthaler, de Lichstenstein y otros, acompañados por la correspondencia intercambiada entre el embajador y los respectivos autores, han introducido una visión fresca y sofisticada – así como insustituibles referencias visuales – del enfoque y del tratamiento que aquellos artistas dan a ciertos temas de actualidad mundial como la lucha contra la polución atmosférica o los eventos culturales de su país.  Nos dimos cuenta que conocíamos sus nombres y que habíamos visto reproducciones de sus obras en revistas y periódicos desde hace tiempo pero que la ventaja del conocimiento permanece abstracta mientras no se tiene contacto directo con la obra.  La reproducción in-forma pero también de-forma la realidad, trátese de tragedias humanas o de creaciones artísticas.

La crisis actual proviene sencillamente del desarrollo del mismo Juannio.  Analizando las causas visibles, digamos para empezar que ha llegado el momento en que esta manifestación de altruismo, basada sobre la colaboración espontánea de artistas y de organizadores, ha rebasado sus propios fines debido a la trascendencia alcanzada al cabo de ocho años de éxitos.  Compromete ahora la responsabilidad y la ética personal de cada artista.  Siendo hoy el Certamen – o mejor dicho, el “evento de participación” más importante del año -  Juannio se ha rebasado a si mismo.  Salió de su protegida infancia, entró al período crítico de la adolescencia, es decir de la confrontación con el mundo exterior, y deja desconcertados a sus progenitores como suele suceder en esta etapa de crecimiento.

En segundo lugar, la selección del jurado “extranjero” resultó poco acertada pese a su aparente progreso.

Desde la sede de la Unión Panamericana, José Gómez Sicre ha militado casi treinta años en las filas de la promoción del arte plástico latinoamericano, constituyendo, entre otras cosas, la invaluable colección de una famosa compañía petrolera norteamericana.  Bella tarea y gran puesto pero también peligroso “condicionamiento” a una determinada manera de ver dictada por las circunstancias.  Habiéndole oído en Bogotá en 1961 y en la Facultad de Ingenieria aquí  hace algunos años, tengo que notar nuevamente cierta parcialidad en su enfoque panorámico ya que parece ignorar a los artistas que no han expuesto sus obras en la Unión Panamericana.  Por ejemplo, no existe en Guatemala sino la pintura de Elmar Rojas, lo que resulta un tanto ingrato, por buena que sea.  Gracias a la aparición de una oportuna diapositiva, recuperó a tiempo a Carlos Mérida pero su charla dio la impresión que había tenido que salir del marco habitual de sus comentarios para abarcar un tema de excesiva envergadura.  Más atraído por el aspecto que por los planteamientos del arte, arriesgó definiciones y consejos que se hunden bajo el peso de la evidencia que el mismo presentaba.  Ve en el folklore un medio de definir una dimensión poética pero no precisa cuál es la esencia o el contenido de aquellas manifestaciones transmitidas por la rica tradición popular. Lanzó a Cuevas, protegió a Manzur, americanizó al húngaro de Szyslo, y se lo agradecemos, pero aborda con circunspección las estacas blancas y anaranjadas de Rafael Soto y las superficies, vibratorias de Cruz Diez, lanzándose de inmediato a hacer el proceso de la originalidad.  Citando a Machado: “los novedosos apedrean a los originales”, se lanza al peligro de las citas, que no prueban nada fuera del contexto circunstancial e histórico que las determinó.  Al fin, con todo y sus grandes aciertos – pues no se trata de negar a Gómez Sicre el papel importante y a veces decisivo que desempeñó en el destino de obras y artistas latinoamericanos - ha desempeñado tal vez más el papel de “empresario” artístico – como dice una amiga mía - que de analista profundo,  hallándose hoy en una postura algo datada.  Calificar de “novelería” un intenso proceso de búsqueda, sin el cual el arte se momificaría y el artista se desprestigiaría, y aplicar términos peyorativos (novelería, payasada) al acierto imprevisto que no se entiende por falta de perspectiva correcta, torna difícil apreciar el arte americano contemporáneo y todavía más difícil juzgar su proceso evolutivo que es, fundamentalmente, una búsqueda de identidad a escala continental.

Esta búsqueda, procede por descripción, simbolismo, intuición.  No es un juego aún cuando describe el juego.  No es una abstracción aún cuando utiliza un lenguaje no figurativo.  Y mucho menos es novelería aún cuando resulta experimental.  Que lo digan Cézanne y Rodín, Piccaso y Gauguin.  Y que recuerden que los artistas latinoamericanos no tienen a su disposición una fundación Guggenheim que pueda darse el lujo de lanzar a un Jackson Pollock.

Volviendo al Juannio, ha de tomarse en cuenta por una parte el sinnúmero de problemas que deben resolver sus organizadores para no herir susceptibilidades, satisfacer el mayor número posible de participantes, tomar en cuenta los intereses de artistas y compradores, al fin para juntar las piezas del rompecabeza.  Siendo su fin el de recaudar fondos para una empresa humanitaria, no le es fácil basarse exclusivamente sobre los cánones normales de las actividades artísticas. Pero como, por otra parte, no puede pasar por alto el último fin de estas actividades para las cuales viven y se deben hacer respetar los artistas, no pueden pedirles, a más de obsequiar sus obras que sacrifiquen sus convicciones.  No cabe pasteurización ni homogenización aquí.

Para evitar problemas, los artistas tendrían que enviar obras buenas pero intrascendentes de manera que se puedan “turnar” equitativamente los premios.  Cualquiera entiende que sería la muerte del arte y el fin de Juannio como certamen serio.  El artista que participa en actividades y exposiciones, no puede trabajar mecánicamente y sacrificar sus posibilidades creativas a la práctica deprimente de la no-competencia acomodaticia.  Se traicionaría a sí mismo y se repetiría el impase actual: tratando de salvar escollos no previstos, el jurado adoptó medidas poco recomendables.

El primer premio fue atribuido a “las obras” de Elmar Rojas de manera que se puso a la venta dos días consecutivos el “Primer Premio de Pintura”, sin más especificaciones.  Se nombraron tres recipiendarios para una simple Mención y se catalogó como “experimental” la obra pictórica de Luis Díaz, obligándole moralmente a rechazar el premio y a retirar su obra de la venta.  A más de constituir un error de clasificación, resultaba sacrificado el envío de Jamie Bishof que merecía un primer puesto, y así sucesivamente.

Para terminar este comentario, notemos que otro motivo de confusión se debió a la cantidad de asistentes no “motivados”.  Quiero decir indiferentes a los dos fines de la subasta: la obra social y la de la promoción artística.  Se vio un “lleno” sensacional de espectadores que bebieron y comieron a expensas de Juannio sin levantar un dedo para contribuir a su bienestar.  Tal vez resultaría conveniente cobrar la entrada el año próximo para evitar malentendidos.  Tras horas de agobiadores esfuerzos, la única persona a quien vi cobrar un wisky reparador fue al doctor López Arzúa quien, además, necesitará también mesa, martillo y campana para la próxima subasta...  Porque estoy segura que la crisis actual tendrá resultados positivos y que tanto animadores como artistas hallarán soluciones convenientes.  El Certamen del Juannio es el más importante del año y ha sabido suscitar entusiasmos y despertar interés en un gran sector del público.  Le tenemos confianza y cariño y nuestro ferviente deseo es que encauce todas las buenas voluntades hacia un éxito todavía mayor tanto para los artistas, los organizadores, el público y los pequeños que dependen de él para su alivio.

El Imparcial, 1 de Julio 1972.



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